El aumento de temperaturas, la sequedad ambiental y la radiación ultravioleta generan un riesgo específico para la salud ocular durante los meses de calor, afectando a millones de personas en México y elevando la incidencia de enfermedades como ojo seco, conjuntivitis y hasta cataratas, según explica Aarón Bautista Delgado, jefe de la carrera de Optometría de la FES Iztacala, en entrevista con UNAM Global.
La exposición prolongada a condiciones climáticas adversas puede afectar la superficie del ojo y, en casos graves, generar daños que comprometen la visión de manera temporal o permanente.
Entre las afecciones más comunes durante el calor destaca el ojo seco, que se agrava por la evaporación acelerada de las lágrimas. El artículo de UNAM Global detalla que cuando la temperatura ambiental sube, la evaporación lagrimal aumenta, dejando los ojos menos protegidos y facilitando la irritación.
El calor acelera la evaporación lagrimal y daña la córnea
Bautista Delgado advierte que la evaporación constante de la lágrima puede dañar el epitelio de la córnea, superficie clave para enfocar la luz. La desepitelización —proceso de deterioro de las células superficiales de la córnea— provoca sensibilidad a la luz, lagrimeo, dolor y enrojecimiento ocular. Si bien esta capa se regenera, la exposición constante al calor dificulta su recuperación, por lo que las molestias tienden a reaparecer.
La situación se complica cuando las glándulas de Meibomio, encargadas de producir la capa oleosa de la lágrima, se ven afectadas por el calor y el sudor. La obstrucción de estas glándulas puede desencadenar meibomitis, caracterizada por inflamación en el párpado y alteración en la calidad de la lágrima. Las obstrucciones prolongadas pueden generar infecciones o la aparición de orzuelos, que son protuberancias dolorosas en los párpados.
El ambiente seco y el sudor aumentan el riesgo de infecciones oculares
Durante la temporada de calor, el ambiente suele contener más polvo y polen, partículas que, junto con la insuficiente lubricación ocular, facilitan enfermedades como la conjuntivitis y la queratitis. Bautista Delgado detalla que la función protectora de la lágrima se compromete en estas condiciones, lo que permite que estas partículas se acumulen en la superficie del ojo.
El sudor, aunque no suele ser la causa principal, puede alterar el pH y la flora natural de la superficie ocular. Esto favorece la irritación leve y, en algunos casos, infecciones que requieren atención médica especializada.
La radiación solar es un factor de riesgo para cataratas
La radiación ultravioleta es otro de los riesgos asociados a la temporada de calor. Bautista Delgado afirmó que el interior del ojo cuenta con un filtro natural —el cristalino— que absorbe parte de esta radiación.
Sin embargo, la exposición constante e intensa puede sobrepasar la capacidad protectora del cristalino y facilitar el desarrollo de catarata, una opacidad que vuelve borrosa la visión y representa una de las principales causas de pérdida visual a nivel mundial.
El riesgo se incrementa en actividades al aire libre prolongadas, con mayor incidencia en agricultores y trabajadores de campo. La catarata puede aparecer a edades más tempranas en personas expuestas constantemente al sol.
Las medidas preventivas son sencillas pero indispensables, Bautista Delgado recomienda usar lentes de sol con protección UV certificada, optar por gorra o sombrero cuando se esté bajo el sol y mantener una estricta higiene ocular. Quienes experimentan síntomas de ojo seco, conjuntivitis o alergias deben utilizar lubricantes oculares prescritos por profesionales.