Desde hace algunos años, con el auge de la inteligencia artificial, el número de personas que recurren a esta herramienta para buscar consejos personales o simplemente sentirse escuchados incremento de forma exponencial, abriendo el debate entre especialistas sobre si los usuarios ocupan la IA como un remplazo de un profesional de la salud mental.
Alejandro Rodríguez Fuentes, psicoanalista y académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio a conocer sobre el papel actual de estas tecnologías.
IA y emociones: entre el acompañamiento y sus límites
Actualmente las herramientas tecnológicas forman parte de la vida cotidiana. Los chatbots, por ejemplo, registran cerca de 700 millones de usuarios semanales, y una proporción importante los utiliza como apoyo emocional. Entre adultos, 37% ha recurrido a ellos con este fin, mientras que 38% afirma usarlos semanalmente para hablar de temas personales.
En jóvenes, la tendencia es aún más marcada. El 13% de adolescentes entre 12 y 17 años utiliza inteligencia artificial para recibir consejos sobre salud mental, cifra que aumenta a 22% entre quienes tienen de 18 a 21 años. Además, más del 70% de los adolescentes usa estas herramientas y más de la mitad busca en ellas apoyo emocional.
Sin embargo, este fenómeno plantea interrogantes. Rodríguez Fuentes subrayó que la IA no trata a un sujeto en el sentido clínico. A diferencia de un proceso terapéutico, estos sistemas operan bajo una lógica de satisfacción del usuario, ofreciendo respuestas inmediatas y adaptadas a sus necesidades sin confrontación.
¿Cuáles son las ventajas y desventajas de usar IA para el bienestar emocional?
De acuerdo con el especialista, las personas encuentran en estas herramientas alivio emocional, acompañamiento y una disminución de la sensación de soledad. Incluso pueden ser útiles en tareas de psicoeducación, al explicar conceptos como ansiedad o estrés y ayudar a organizar pensamientos, en una lógica similar a ciertas estrategias de la terapia cognitivo-conductual.
No obstante, también existen riesgos. El uso prolongado puede generar dependencia, aislamiento o retrasar la búsqueda de ayuda profesional. En casos graves, como la depresión severa, la IA no puede sustituir la atención clínica ni intervenir en situaciones de emergencia.
El académico advirtió que estas herramientas pueden reforzar ideas que alimentan el malestar o incluso validar creencias erróneas. Además, algunas personas pueden confundir este tipo de interacción con un proceso terapéutico real.
Finalmente, destacó que la inteligencia artificial no puede reemplazar la alteridad humana ni elementos fundamentales del tratamiento clínico, como la transferencia o la responsabilidad ética del terapeuta. Aunque puede ofrecer alivio, no es capaz de generar una transformación profunda.