
Pese a que desde 1915 los restos de Porfirio Díaz, expresidente de México, reposan en el cementerio de Montparnasse, en París, no existe hasta ahora un acuerdo amplio ni real voluntad política para repatriarlos.
Más allá de los factores legales o diplomáticos, las razones que explican la larga espera de los restos de Porfirio Díaz se encuentran en la manera en que la sociedad mexicana asume la figura de uno de los personajes más controvertidos de su historia contemporánea.
El nombre de Porfirio Díaz divide opiniones en el imaginario nacional. Su mandato, que se extendió por más de treinta años, marcó una época en la que México presenció transformaciones profundas: infraestructura, crecimiento económico y modernización estatal.

Sin embargo, a este legado se asocian al nombre de Porfirio Díaz también episodios de represión política, censura, concentración de la riqueza y violaciones a los derechos sociales. La polarización sobre su legado persiste como uno de los principales obstáculos para cualquier intento de traer sus restos a territorio mexicano.
Esta disputa histórica se refleja incluso en la forma en que diversos sectores sociales perciben la posible repatriación. Mientras un grupo considera que el retorno de los restos de Porfirio Díaz significaría un acto de reconciliación nacional o, al menos, de reconocimiento de su papel en la historia, otros advierten que podría interpretarse como una reivindicación de las políticas autoritarias y la desigualdad vinculadas a su régimen.
Distintas administraciones han preferido evitar la controversia. La prudencia política y el cálculo respecto al costo social de la posible medida han frenado la formalización de cualquier iniciativa. Además, dentro de la propia familia de Porfirio Díaz tampoco existe consenso.

Este clima de división se vio reflejado en la opinión expresada recientemente por Diego Prieto Hernández, director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), durante la conferencia matutina presidencial del 30 de mayo pasado.
Ante la pregunta sobre la repatriación de los restos de Porfirio Díaz , el funcionario reiteró que el asunto carece de relevancia en la agenda nacional y no representa un clamor social: “No es algo que importe pues al Estado mexicano, no es algo que el pueblo esté deseando; algunos sectores pueden pensar que es un mexicano y que podría estar en este país, pero yo considero que ahí están bien. Don Porfirio decidió irse a Francia, murió ahí, pues que permanezca en paz ahí descanse en paz”.
Prieto Hernández agregó que el debate no debe centrarse sólo en los restos, sino en el significado del porfirismo y su legado, marcados por autoritarismo, dictadura y represión. “Creo que los primeros restos que no deben volver son los que hablan del autoritarismo, la dictadura, la represión, esos nunca”, puntualizó.
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