
La estrategia que ha tomado Claudia Sheinbaum en su campaña presidencial es a administrar su ventaja que tiene sobre Xóchitl Gálvez, según las encuestas. Esta consiste en no polemizar, no engancharse, no contestar, dejar que el rival se desgaste y adherirse a la popularidad del Presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que marcan las mismas encuestas, para presentarse ante el electorado como una garantía de copia fiel de eso que tanto parece gustarles.
Así lo asegura el periodista Carlos Loret de Mola en su columna Historias de Reportero, titulada Claudia y los riesgo de su estrategia. En ella, asegura que toda estrategia es una apuesta, y la apuesta que ha hecho Sheinbaum con su esta campaña conlleva un doble riesgo.
El primero, que asegura es obvio, es que si las encuestas no están midiendo bien las preferencias electorales, como ha sucedido en no pocos procesos de México y otros países, habrá perdido la oportunidad de mostrar una personalidad propia, una idea personal de cómo se imagina al país, como lo conduciría, un proyecto propio. “No habrá apostado por conseguir nuevos votantes por acercarse a los lejanos, por reconquistar a los desencantados. Se habrá atrincherado en lo que le dijeron que era suyo, y en una de esas resulta que era un espejismo”.
La segunda apuesta, que califica como no tan obvia como la primera, es que esas mismas encuestadoras tradicionales que le dan aproximadamente 20 puntos porcentuales de ventaja sobre Xóchitl Gálvez, y que reflejan una buena popularidad de AMLO, del 66% de aprobación en promedio, marcan que los ciudadanos reprueban al actual gobierno en varios rubros, como combate a la violencia, combate a la corrupción y el acceso a la salud.

Es ahí donde Sheinbaum no ha escuchado a las encuestas, señala el columnista, pues su mensaje al electorado es que seguirá la misma estrategia de seguridad, que ya se terminó la corrupción y que estamos a cuatro meses de tener un sistema de salud como el de Dinamarca, tal como lo ha declarado AMLO.
Loret cuestiona que, si la estrategia era basarse en las encuestas, lo lógico hubiera sido administrar la ventaja, dejarse arropar por un presidente popular, resaltar los beneficios de los programas sociales y los resultados de la economía, ambos temas bien evaluados en las encuestas, pero marcar los claros matices en lo que tiene que ver con la seguridad, corrupción y salud. Esas eran las áreas de oportunidad que tenía Sheinbaum para diferenciarse del Presidente, como suelen hacer los candidatos oficiales, asumir una personalidad propia y plantear los matices.
Sin embargo, asegura Loret, en el “cuarto de guerra” de Sheinbaum no mandan las encuestas, manda el Presidente, y esa ha sido la máxima prioridad, aunque los números digan otra cosa.
“Estamos a 11 días de que sepamos si esta contradicción es costosa en las urnas, si fue la estrategia correcta o si México se suma a la lista de los países donde fallaron las encuestas”, concluye.
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