
A menos de un año de la sucesión presidencial, la discusión sobre la subsistencia del término de primera dama en México ha vuelto a tomar relevancia, debido a que con la llegada de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la Presidencia de la República el cargo fue suprimido, por lo que Beatriz Gutiérrez Müller ya no fue portadora de la distinción protocolaria.
Y es que durante años el cargo significó un punto relevante para la mujer en el escenario político mexicano, debido a que su accionar en la toma de decisiones se dilató, muchas comenzaron a tomar relevancia en la segunda parte del siglo XX en los congresos estales e, incluso, en el federal; sin embargo, fue hasta los inicios de los años 2000 que las mujeres ya no se veía a las mujeres únicamente como primeras damas, sino como políticas y referentes en los cargos de elección popular.
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Pese al avance que se dio en materia de género, las historias de las primeras damas siguen siendo recordadas por algunos ciudadanos, debido a que muchas de las mujeres que ostentaron el cargo llegaron a ser igual o más populares que sus maridos, tal fue el caso de Amalia Solórzano Bravo.
Amalia Solórzano y la historia de Los Pinos

Desde hace cinco años, la residencia oficial de Los Pinos dejó de ser el hogar de la persona que asumía la titularidad del Ejecutivo Federal y pasó a ser un museo, así como un centro recreativo para la ciudadanía, debido a que fue considerado un lugar de lujos y frivolidades por la actual administración federal; sin embargo, su origen dista mucho de las características antes mencionadas.
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Tal como se puede ver en el documental Amalia, del amor nacen Los Pinos —proyecto a cargo de Rocío Jiménez Nolasco y Edgar Iván Rodríguez Quiroz—, así como en los archivos históricos del país, el nacimiento de la residencia se dio durante la administración del presidente Lázaro Cárdenas y fue inaugurada el 30 de noviembre de 1934, luego de que había decidido ya no vivir en el Castillo de Chapultepec y dejar que la población conociera una parte de su historia.
No obstante, el nombre que adoptó la nueva residencia sería un regalo para la primera dama, pues el Tata Cárdenas se declinó por Los Pinos debido a que así se llamaba la finca donde se conoció el matrimonio, mientras él se encontraba de campaña buscando la gubernatura de Michoacán.
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Aunado a lo anterior, sería ese hogar el que también develaría el gusto de la Solórzano Bravo por el cuidado de infantes, incluyendo a su hijo.
¿Cómo se conoció el matrimonio?

Ambos personajes se conocieron en Michoacán, en la finca Los Pinos, pese a la atracción, la familia de ella se negó al romance debido a que consideraban a Cárdenas un militar con experiencia en la vida, así como a Amalia una mujer muy joven; sin embargo, tras la intervención de algunos otros miembros de la familia, la relación fue aceptada y se casaron el 25 de septiembre de 1932.
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Tras el enlace matrimonial, concluyó el gobierno de Cárdenas y, debido a la carrera política en ascenso del general, estuvieron bajando por algunas entidades, tiempo en el que tuvieron dos hijos Palmira y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, pero la desgracia los alcanzó porque su hija falleció al poco tiempo de nacida.
Pese a lo anterior, el Tata logró convertirse en presidente de México, además de que era uno de los políticos más relevantes del entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR), que con el pasar se los años renombraría como Partido de la Revolución Mexicana (PRM).
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Sin embargo, la vida de la pareja en Los Pinos comenzó a ser muy conocida, debido a que constantemente se veía a infantes corriendo por los pastos verdes de la residencia, entre ellos su hijo Cuauhtémoc, incluso algunos menores de edad que el mandatario aceptaba cuidar durante sus giras por el país.
Con el pasar de los años también se supo que Amalia Solórzano aceptó cuidar algunos hijos que el general habría tenido previo a su enlace, lo cual la volvió un ejemplo de humildad y de humanidad ante la sociedad mexicana de la época, imagen que ya era recordada por su vestimenta discreta y, por ejemplo, la ausencia de joyas, aunado a su renuencia a aparecer en eventos públicos.
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Aunque se podría pensar en Solórzano Bravo como una mujer “abnegada”, en realidad nunca lo fue, pues al término del sexenio de su marido, la mujer dio un paso a la política y empezó a aparecer en eventos feministas, sindicalistas e incluso fundó la Asociación de Ayuda al Niño Indígena, tanta fue su relevancia que, aunque ya no era primera dama, siguieron presentándola así en eventos internacionales.
Su aportación durante la expropiación petrolera, al crear una recaudación de fondos en Palacio Nacional para pagar la deuda o su apoyo a los migrantes españoles que se exiliaron en el país debido a la Guerra Civil, crearon toda una esencia de la herencia histórica que dejó Amalia Solórzano.
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