
El tráiler de Darwin’s Paradox! en febrero nos tomó por sorpresa. No sólo porque sería el primer título del estudio de Romuald Capron, el ex-director de Arkane Lyon, sino porque no es el tipo de juegos que suele publicar Konami. Luego pudimos ver el brillante apartado estético, su sentido del humor y un poquito de la propuesta jugable y quedamos encantados. Apenas unos meses después pudimos jugar completo el título debut de ZDT Studio y, si bien las primeras impresiones se cumplieron, el producto final no termina de acertar en todo lo que propone.
Darwin’s Paradox! comienza con una cinemática espectacular que nos pone a tono con la simple, aunque hilarante, propuesta narrativa. Comandamos al pulpo homónimo que es succionado por un ovni y llevado a una fábrica maquiavélica diseñada para crear un emplaste comestible que se vende barato y es la piedra fundacional de una invasión a gran escala. A partir de ese momento tomaremos control de Darwin que irá recordando las lecciones de vida de su compañero a medida que sean necesarias y según los obstáculos a sortear.

A la hora de jugar el título de ZDT Studio ofrece un puñado de habilidades sencillas que nos permiten resolver los puzzles ambientales que obstaculizan nuestro progreso. A las esperables secciones plataformeras, que requerirán no sólo precisión sino buen timing, se le suman varios segmentos de sigilo y otros de escape a contrarreloj. El nivel de desafío general es sencillo y, si bien el diseño de los niveles no es del todo intuitivo, tampoco peca de obtuso. Los puzzles suelen ser simples pero a veces cuesta darse cuenta de lo que hay que hacer, ya sea porque el objeto con el que debemos interactuar está oscurecido entre el fondo del escenario, fuera de la vista o simplemente porque el camino a seguir no es evidente.
Los niveles son lineales y la forma de resolver cada situación también suele ser única. Pero en lugar de aplicar la intuición o la deducción para avanzar todo parece llevarnos al viejo y olvidable sistema de “prueba y error”. Al comienzo no es un problema porque estamos aprendiendo las habilidades del simpático pulpo, pero hay momentos en la segunda mitad del juego en el que se vuelve agotador tener que probar hasta que las cosas se resuelven. Los controles tampoco ofrecen una respuesta certera y pulida; es entendible que un pulpo fuera del agua no se mueva como una criatura bípeda terrestre, pero en los segmentos que requieren precisión el margen de error es alto.

Para dar un ejemplo, en uno de los primeros momentos del juego hay que bañarse en un químico para volvernos fluorescentes y que las ratas no nos ataquen. Para eso hay que treparse por el techo de una caverna, con las ventosas del pulpo que se adhieren automáticamente a cualquier superficie, llegar a la pileta de químico y saltar dos veces seguidas para evitar un charco de agua. El primer salto, que nos lleva al techo debería ser simple, pero a veces Darwin no se cuelga y nos matan las ratas. El mismo salto, en el próximo intento, es muy probable que funcione y lleguemos a aferrarnos al techo. Entonces avanzamos hasta la pileta de líquido tóxico y hacemos los dos saltos. El primero es simple: un pozo gigante, el segundo son dos saltos pequeños y ahí estaremos a la merced del control. A veces llegamos bien al barril, otras el pulpo salta demasiado o muy poco y terminamos en el agua y habrá que repetir el proceso.
Los controles no son confiables, las colisiones tampoco nos dan demasiada seguridad y cuando más se complica la situación pareciera que peor nos tratan. Por suerte el juego está repleto de puntos de control por lo que, en el peor de los casos, habrá que esperar unos segundos para que vuelva a cargarlos. Sin embargo, las secciones de persecución pondrán a prueba nuestra paciencia porque al tema de los controles habrá que sumarle la progresión a “prueba y error”, en especial sobre el final del juego. Las secciones de sigilo son un bálsamo en comparación ya que, si nos movemos lentamente y a conciencia, no nos darán demasiado problema y nos dejarán apreciar el apartado visual.

Lo anterior no significa que Darwin’s Paradox! sea un mal juego, simplemente es el lastre que lo previene de ser una experiencia sumamente satisfactoria. ZDT Studio consiguió crear un universo que se siente vivo, con personajes graciosos y un diseño artístico exquisito. Uno llega a congeniar con el protagonista y, cuando los planetas se alinean, vamos a vivir momentos realmente memorables. Los niveles en los que hay más luz, en especial cuando se aprecian los efectos de iluminación bajo el agua, ofrecen un espectáculo único y nos dejan con ganas de más. Los escenarios más lúgubres pierden espectacularidad pero no dejan de estar realizados con lujo de detalle, a veces al punto de resultar abrumadores como la sección de los contenedores flotantes en la fábrica.
Cuando lleguemos a ver la pantalla con los créditos tendremos una mezcla de nostalgia y resabios de frustración. Nostalgia porque el camino recorrido estuvo lleno de momentos graciosos, en especial si nos detuvimos a juntar los coleccionables que profundizan el trasfondo narrativo. Frustración debido a la cantidad de muertes innecesarias en los últimos niveles del juego, muchas de las cuales se podrían haber evitado con una mínima indicación sobre la dirección a seguir o quizás una explicación más clara sobre ciertas habilidades. El juego tiene un mensaje de guía pero suele ser demasiado obvia, reiterativa y por lo general poco útil.
Darwin’s Paradox! es un plataformero con puzzles que nos sumerge en una historia simple pero graciosa, en un universo único y visualmente espectacular que me gustaría seguir conociendo. Sin embargo, la combinación de controles poco precisos y la progresión a fuerza de prueba y error arruina una buena parte del disfrute en general. Es un título que disfruté jugar y, a la vez, padecí por partes iguales. Me quedo con la sensación de que, con un par de ajustes, podría haber sido un gran juego.

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