
“Te ves mucho mejor”, le dice una amiga a Grace en una reunión familiar. Pero la forma en la que lo dice sugiere que le interesa más el chisme que su bienestar. Nadie parece entenderla y es cuestionada frente a las expectativas sociales porque, ¿cómo no vas a poder disfrutar de una etapa tan mágica como esta?
La directora Lynne Ramsay, la misma detrás de Tenemos que hablar de Kevin (2011), vuelve a explorar los límites entre lo que significa ser madre, pero esta vez lo hace desde un lugar mucho más íntimo y personal.
Mátate, Amor (Die, My Love) sigue a una mujer que atraviesa el puerperio en una casa remota en el bosque mientras su pareja sale a trabajar todos los días. El hastío no pasa únicamente por la rutina y la sensación de encierro, sino también por la pérdida del deseo, la incomunicación y la sensación constante de estar en un punto de quiebre. Su única compañía es su suegra —interpretada por Sissy Spacek— que vive relativamente cerca, y que tiene una presencia tan cercana como invasiva.

El libro de la autora argentina llegó a las manos de Martin Scorsese y fue él mismo quien convocó a Jennifer Lawrence para el proyecto. Lo cierto es que es imposible despegar los ojos de la actriz en una película en donde logra transmitir el caos interno de una mente que oscila entre la ternura y el odio y que utiliza el cuerpo como territorio de lucha.
Robert Pattinson acompaña con solidez pero el foco del film no está puesto en la pareja (aunque se toquen temas relacionados a esto), sino en cómo la maternidad de una mujer puede rozar lo salvaje cuando se enfrenta en soledad.

Ramsay busca reforzar la idea de aislamiento a través del uso de un encuadre con una relación de aspecto de 1.33:1 (donde se ve casi “cuadrada”) y genera contrastes con la paleta de colores: noches con un tono casi pesadillesco y secuencias en casas de amigos llenas de color sugiriendo que el mundo exterior sigue funcionando al ritmo de siempre. De hecho, las escenas nocturnas se filmaron de día y se hizo un trabajo de retoque de color en post. producción para reforzar la sensación de desconexión y de extrañeza frente a lo cotidiano.
Quizás se podría haber prescindido de alguna que otra caminata contemplativa por el bosque, pero incluso en esos excesos hay algo hipnótico y funcional a la trama. Mátate, Amor no busca agradar ni ser amable. Es una película incómoda, que muestra la maternidad desde un lugar crudo, animal, y al mismo tiempo profundamente humano.

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