
El desarrollo japonés nos brinda algunas de las mejores historias del gaming, pero sus mundos son más complejos de lo que aparentan. En cualquier gran saga con varios juegos en su haber podemos ver cómo se construyen, se organizan y se interconectan.
Algunos con mundos en sí mismos, como casi todos los Final Fantasy, y otros con una conexión un poco más compleja, como la saga JRPG Xenoblade, insignia de Nintendo y Monolith Soft. Si algo sabemos de Japón, es que le encanta sostener historias, personajes y narrativas.

La complejidad con la que se tejen los hilos narrativos entre entregas en estas propuestas japonesas rebozan de calidad, pero se esconden en juegos más de nicho. Tal es el caso de Trails, la saga de Nihon Falcom, que con doce juegos en su haber y cuatro arcos con grupos distintos, construye el mundo de Zemuria bajo diferentes puntos de vista, países, personajes e, incluso, plataformas.
Xenoblade por su lado, en tres juegos y algunas expansiones, más filosóficamente construyó distintos mundos o universos, a causa de un hecho en particular que desencadena todo. Varios juegos después, y con muchos guiños en el medio, se animó a combinarlos y regalarnos un increíble cierre en Xenoblade Chronicles 3 y su DLC.

Estamos frente a la narrativa de la nostalgia, del reconocimiento y el premio de haber jugado cientos y cientos de horas varias historias. Unas que presentaron personajes, lugares y villanos y, en su reaparición, le causan al jugador una sensación de recompensa enorme. No es fácil hacer esto. Además, los cuatro países que visitamos en Zemuria durante la saga Trails tienen sus propias complejidades políticas, militares y sociales. En sus primeros tres juegos recorremos uno y dejamos rastros de organizaciones internacionales que luego aparecerán en el próximo arco.

Protagonistas en un lugar, miembros de soporte en otro, las historias no se sueltan entre sí y, en cada instancia, construyen la imagen de Zemuria, la ciudad estado de Crossbell, el país con supremacía militar de Erebonia o cualquiera que forme parte de este conflicto geopolítico.
Son muchas propuestas para jugar, pero así como Xenoblade te invita a pensar y revisitar entre guiños sus mundos, Trails lo hace como si fuesen temporadas de una serie en un mismo planeta.
Cualquiera de estas formas no es fácil de confeccionar y, entre una enorme cantidad de personajes y problemas, hay que mantener al jugador conectado y ser inteligentes a la hora de recordar las piezas fundamentales de narrativa que no pueden faltar. La vuelta de un personaje, una línea de diálogo en una conversación casual o incluso un diario con novedades internacionales son algunas de estas herramientas.

También hay que entender que el jugador puede no jugar todo, entonces: ¿cuánto del arco anterior es necesario para jugar el siguiente? Xenoblade lo resuelve muy bien, ya que entre referencias y con explicaciones detalladas hace alusión a todos sus juegos anteriores. Siempre lo hace al final, y siempre te va a intentar explicar todo.
¿Por qué vale la pena jugar lo anterior? Es una muy buena pregunta, si total me explican todo. La recompensa momento a momento en cada problema y cada cutscene al reconocer situaciones, poderes o nombres, no tiene precio. Sí, el resultado final es el mismo, pero ¿no les resulta sumamente interesante adelantarse a lo que Monolith nos quiere contar?
En Trails, vamos a tener momentos donde no se puede jugar más nada sin conocer todo lo anterior. Al mejor estilo Marvel, su “universo cinematográfico” tendrá el momento “Avengers”, donde todos los protagonistas unirán fuerzas, más de una vez y en varios juegos, para terminar con amenazas que sembraron sus primeros hilos hace casi diez años.
Ni hablar de otro aspecto muy importante en estas propuestas orientales: la banda sonora. Imagínate que durante ochenta horas escuchaste el mismo tema de combate, muy particular de ese arco que estás jugando. Algunos juegos después, con otro grupo de protagonistas, en otro momento completamente distinto, empiezas a escucharla. En ese momento, como sacado de un anime shonen, aparece tu antiguo grupo de protagonistas para unir fuerzas y derrotar a la nueva amenaza en un crossover nostálgico, con un remix de ambos temas de combate. ¿Valió la pena?
Nadie nos apura, nadie nos obliga a jugar todo tampoco, pero el diseño narrativo de la recompensa por ser un fiel seguidor, o un nuevo integrante que quiere encarar todo, realmente no tiene precio. Al menos así lo siente personalmente.
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