
En 1975, un joven Steven Spielberg estrenó una de las películas de monstruos más relevantes del cine, probablemente, sin advertir el impacto que tendría tanto en la industria como en el público. Luego de Tiburón (Jaws), los escualos invadieron las pantallas con sus poderosas mandíbulas, dando a lugar a múltiples películas, e incluso, fundando un subgénero.
Pero mientras en el plano de la ficción estos animales fascinaban al público, por fuera de ella habían desbloqueado un nuevo miedo en la sociedad. Como expresa el documental de Jugando con tiburones (Playing with Sharks: The Valerie Taylor Story) -disponible en Disney Plus- gran cantidad de pescadores se lanzaron a la caza sin remordimientos, porque creció la idea de que los tiburones “eran asesinos de personas”.
Por esta razón, tanto el difunto Peter Benchley, creador de la novela que inspiró la película de Spielberg, como el propio director reconocieron que el éxito de Tiburón terminó siendo bastante amargo. Cabe mencionar que la novela de Benchley logró vender unos 20 millones de ejemplares en todo el mundo, pero se trata de un relato de ficción que no es necesariamente fiel al comportamiento real de estos animales.
En una entrevista del año 2000, el autor se sinceró sobre el efecto directo de su trabajo en los tiburones y se lamentó por, indirectamente, contribuir al descenso de su población. “Lo que no se sabía cuándo escribí Tiburón, es que no existe el escualo rebelde que desarrolla el gusto por la carne humana”.
En la misma entrevista, Benchley –que luego de su obra más famosa dedicó su vida al estudio y cuidado de los océanos-, también reconoció que lo que da más miedo de un tiburón es “lo fácil que es matarlos”. Un año antes de su fallecimiento en 2006, retomó la conversación admitiendo lo siguiente: “Sabiendo lo que ahora sé, hoy no podría escribir ese libro”.
Steven Spielberg, también lamentó que su película haya contribuido a la mala fama de los tiburones. En su paso por un programa de la BBC en 2022, el cineasta reconoció: “Una de las cosas que aún temo, no es que me coma un tiburón, sino que los tiburones estén de alguna manera enfadados conmigo por el frenesí de los pescadores que se produjo después de 1975. Lamento de verdad y hasta el día de hoy la reducción de la población de tiburones a causa del libro y la película”.

“Los tiburones no atacan a los seres humanos y, desde luego, no son rencorosos”, añadió el cineasta. “No existe ningún tiburón devorador de hombres con gusto por la carne humana. De hecho, los tiburones rara vez dan más de un mordisco a las personas, porque somos magros y poco apetecibles para ellos”.
Tiburón es hasta la fecha una de las películas más célebres de Steven Spielberg y una de las primeras producciones cinematográficas en superar la barrera de los 100 millones de dólares. En los años posteriores a su estreno, no solo surgieron secuelas en manos de otros directores, sino también fue el puntapié para el fenómeno denominado Sharksploitation (un subgénero que involucra, precisamente ataques de tiburones en todas sus variables y que se mantiene vigente hasta la fecha).
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