Existen héroes, personas regulares que sólo buscan atravesar su vida sin sobresaltos, villanos, y otra categoría… personas que viven justo en el límite de la cornisa, que ven los resultados sin temor a qué hacer para llegar a ese lugar, antihéroes.
Jigsaw no es uno de ellos.
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En 2004 James Wan y Leigh Whannell consiguen llevar a cabo su largometraje de horror luego de realizar un cortometraje que se llamó Saw 0.5 y que les permitió alcanzar la financiación. ¿El título? El juego del miedo (Saw, 2004).

Fotografía de una época
Los géneros, los tonos y las narrativas se amoldan a lo que ocurre en la cultura, en general, en una rueda retroactiva donde nunca terminamos de entender si los productos existen porque el público los pide, o estos los consumen porque no existe otra cosa.
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Lo cierto es que a principios del comienzo del nuevo siglo el cine de terror se encontraba en mitad de un recambio; esto a causa de una ola realizativa que venía del viejo continente. En Francia se estaba viviendo una reconversión del cine de terror, aunque el género siempre estuvo presente mutó a un movimiento artístico y cultural llamado Nuevo Extremismo Francés.
Esto trajo una nueva ola de películas de terror, de la mano de grandes directores como Alexandre Aja, Xavier Gens, Alexandre Bustillo, Julien Maury o Pascal Lugier, con foco en la psicología, gore y escenas violentas. Y como por esos años ocurrió con el horror japonés, lo tomó Estados Unidos y lo configuró en una apropiación en formato franquicia.
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Vamos a jugar un juego
La premisa de la primera película era clara y concisa: dos personajes despiertan atados en una habitación sucia y poco aséptica con un cuerpo sin vida entre ambos, comienzan a unir los puntos y descubren que forman parte de una venganza producto de sus decisiones.
Con flashbacks que iban rellenando los huecos de la historia, el relato terminaba demostrando cuál de los dos personajes tenía más ganas de sobrevivir entregando algo a cambio. Hacia el final, una sorpresa más y fin.
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Podría haber sido una gran película independiente con fandom y nada más… pero claro que no. Se convirtió en una de las películas de terror más taquilleras -y sobre todo rentables- de la historia, colocando a James Wan en el lugar en el que está hoy, y que además permeó en una saga por demás extensa.

El Robin Hood de la hemoglobina
El eje de la franquicia es John Kramer (también conocido como Jigsaw) interpretado por Tobin Bell, un enfermo terminal de cáncer que solía ser arquitecto y bueno en el arte de crear herramientas. Como el mundo fue cruel con él, decide iniciar una cruzada poniendo a personas en situaciones de vida y muerte en la que tengan que entregar algo de su cuerpo para ser salvadas.
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El problema es que Jigsaw realmente cree que está haciendo lo correcto, que es la vara moral que guía la salvación. Más que un antihéroe es un sádico mesiánico que por estar al borde de dejar este plano, urde los planes más extravagantes para que la gente sufra un poco de lo que sufrió él.
Y como sucede en los partidos políticos, al ser todo tan personalista, la franquicia depende exclusivamente de un moribundo que en una parte del camino deja la corporalidad para escapar al averno, dejando a secuaces y cómplices que nunca llegaron a calar en el público.
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Porque John Kramer será una persona peligrosa, pero su carisma es innegable. Y amamos odiar a un buen villano, sino miren a Hannibal Lecter.
Por estos problemas estructurales es que la saga va y viene en el tiempo, utilizando un recurso muy común en los cómics: el retcon. Esta herramienta lo que hace es volver a algún punto conocido de la saga con otros personajes, para mostrarte que lo que viste no era tan así como lo viste.
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Al principio es interesante, con el abuso se vuelve insostenible.

Volver a las bases
Había que traer de nuevo a Tobin Bell. Jigsaw: El juego continúa (Jigsaw, 2017) y Espiral: El juego del miedo continúa (Spiral: From the Book of Saw, 2021) demostraron que la fórmula estaba gastada por un lado, y que intentar retomar la franquicia sin el protagonista no era posible por el otro.
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Saw X: El juego del miedo son dos películas en una. La primera parte es una historia de origen que se termina convirtiendo en una persecución entre el gato y el ratón, y la segunda es la excusa argumental para el festival del gore.
Está ordenada cronológicamente antes de los sucesos de El juego del miedo III (Saw III, 2006) y trae de regreso a algunos personajes conocidos.
Kramer se entera que su cáncer es terminal y comienza a pensar cómo será su despedida. Sin saberlo, queda envuelto en una mentira y una traición que pondrá en movimiento lo que la gente quiere ver: cuerpos mutilados, tripas y sangre.

Muestrario de miembros cercenados
Mientras esa primera parte de la película parece otra franquicia (incluso muestran de la nada una tortura, que termina siendo una imaginación de Kramer y queda muy fuera de tono) hacia la segunda se entrega totalmente al estrafalario conteo de cortes, roturas, mutilaciones, gritos y llantos que nos tiene acostumbrado Jigsaw.
Si al principio parecía existir un trabajo de guión sobre el personaje y su esperanza, se rinde por él hacia la segunda parte con una cantidad excesiva de arbitrariedades narrativas y sorpresas que no son tales.
En el momento que comienzas a rascar la superficie y hacer las preguntas correctas, todo se desarma en un alegato a la explicación pour la galerie grande como la cantidad de litros de sangre y plasma que invirtieron en toda la saga.
Ahora bien, los amantes del gore saldrán extasiados por la cantidad irreductible de momentos sangrientos y sádicos en donde la cámara no huye. ¿Llegan a algún lado? A nada, pero qué divertido es para el nicho.
Si son personas de estómago débil, que no vieron nada del Nuevo Extremismo Francés y quieren tener miedo: esta no es su película. Aquí no hay fantasmas que recorren la casa, zombis que se cuelan por la ventana… aquí el horror está en el miedo primitivo del humano por la tortura.
Un producto que está apuntado enteramente al nicho, por el gore en general y porque retoma cosas de las anteriores películas. Hubiese estado mejor continuar la tesitura de la primera parte y seguir construyendo a Jigsaw en su tridimensionalidad, así capaz se le sumaban algunos años de vida más.
Que la franquicia, a diferencia de Kramer, no puede morir.

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