Mariano Cohn declaró en el juicio por la muerte de su hermano: “Rompan el pacto de silencio y cuenten qué pasó”

El cineasta testificó en la segunda audiencia que se realiza en los Tribunales de San Isidro, y apuntó contra los médicos del Hospital Municipal involucrados en la causa: “Quiero pedir un signo de humanidad”, reclamó. También declaró su padre en un relato de alto impacto emocional

Guardar

Nuevo

Mariano Cohn (Franco Fafasuli)
Mariano Cohn (Franco Fafasuli)

“Quiero pedir un signo de humanidad en los médicos que hicieron esto a mi hermano”, declaró el cineasta Mariano Cohn, hermano de Alejandro, cuyo juicio continúa este jueves para intentar desentrañar lo que ocurrió el lunes 27 de julio de 2015, donde el joven de 35 años ingresó por una baja de azúcar al Hospital Central “Dr. Melchor Posse” de San Isidro y terminó, dos días después, con una serie inexplicable de fracturas y una muerte cerebral.

El testimonio de Mariano fue uno de los diez que se llevaron a cabo dentro del debate que conduce el juez Facundo Ocampo, titular del Juzgado en lo Correccional N°4 de San Isidro, donde se encuentran imputados nueve médicos por el delito de homicidio culposo y el de violación de los elementos probatorios, por el que se les endilga haberse robado elementos de la historia clínica de Alejandro.

El director de cine se sentó en el centro del recinto y comenzó a describir con detalles cómo fueron los hechos desde su perspectiva. Contó cómo ese lunes de invierno llegó a la guardia del hospital municipal tras enterarse de que su hermano había tenido un episodio diabético. Ahí esperaron horas sin recibir informes ni reportes del cuadro del paciente, con un policía de seguridad privada como interlocutor.

Al tiempo -relató- les avisan que el joven había sido trasladado a terapia intensiva y dos médicos -una mujer y un hombre, que según él eran Ragazzoli y Vogelin- les comentó que Alejandro “estaba luchando por su vida”. No tenían claro el diagnóstico, todavía los profesionales estaban “viendo” porque “podía ser meningitis”. Ya le habían hecho una traqueotomía porque no lo habían podido entubar.

“Vinieron dos veces más para informarnos que tenían que ponerle un catéter porque mi hermano tenía sangre entre las costillas y los pulmones y no se sabía por qué. Primero fue un catéter y luego fue otro. Finalmente, pude entrar a verlo. Estaba tendido en una cama. Era la madrugada. Estaba inconsciente y con una traqueotomía. Me acerqué a la cama y lo tomé del brazo, le dije que se iba a mejorar y que nosotros íbamos a hacer todo lo posible para que él estuviera bien”, dijo Mariano ante una pregunta del fiscal Diego Molina Pico.

Durante la primera audiencia, la familia Cohn estuvo acompañada por el actor Luis Brandoni y el director Gastón Duprat
Durante la primera audiencia, la familia Cohn estuvo acompañada por el actor Luis Brandoni y el director Gastón Duprat

“Al día siguiente -continuó-, en un primer parte a las seis de la mañana, nos dicen que no podían controlar la presión sanguínea de mi hermano, que estaban viendo los estudios para ver qué era lo que tenía. A las 8 de la mañana hubo un cambio de guardia en la sala de terapias. Al mediodía hubo un informe de Darío Campos -el jefe de la Sala de Terapia Intensiva-, que decía que no le podían acomodar la presión, que había perdido más de dos litros de sangre. Que se estaba estudiando, con estudios y tomografías, que era una catarata de órganos que funcionaban mal y que estaba peleando por su vida”.

En ese momento, un médico amigo de la familia y otro colega se acercaron a pedido de la familia para hacer una interconsulta en el hospital municipal. Accedieron al lugar, revisaron la historia clínica y hablaron con los médicos de turno. Encontraron inconsistencias entre lo que estaba escrito y su estado de salud. Salieron de ver al paciente y reunieron a toda la familia. “Si quieren que Alejandro siga con vida, tienen que trasladarlo”, contó Mariano al respecto de los que les dijeron los doctores Martín de Santibañez y Matías Nicolás.

Tras sucesivos reclamos de la familia, Darío Campos firmó la epicrisis -dictamen que describe la situación del paciente- y se logró el traslado a la madrugada del 29 de julio. Vino una ambulancia de alta complejidad. Mariano decidió acompañar a Alejandro en el trayecto. Antes de subirse a la ambulancia, Campos le tocó el hombro y le dijo: “No sabés todo lo que hicimos por tu hermano, viejo”. El viaje hasta el Hospital Italiano, ubicado en la Capital Federal, duró alrededor de media hora y, según expresó, fue normal.

“A mi hermano lo reciben y lo ingresan. A las 2 de la mañana nos llaman para darnos un informe médico. El médico nos pregunta si sabíamos que Alejandro estaba muy grave y que tenía líquido en el cerebro y una inflamación muy grande, que eso es prácticamente como no estar vivo. Yo le dije que no”, relató el cineasta en una declaración que duró casi 40 minutos.

El subjefe de Terapia Intensiva del hospital, Sergio Gianassi, fue el encargado de transmitirles que el paciente estaba con muerte cerebral, que ya no respondía a los signos vitales y que estaba vivo porque estaba conectado a un respirador. “Ahí nos dice que como médico estaba obligado a hacer una denuncia policial por el estado en que lo recibieron a mi hermano. ‘Tu hermano presenta fracturas y prácticas médicas salvajes e inentendibles. Tiene una contusión en la cabeza, la clavícula rota, la medula ósea partida y tiene dos quebraduras de columna’”, dijo Mariano sobre los comentarios del médico.

Y agregó: “Solo quedaba decidir el momento en que se lo iba a desenchufar y elegir qué hacer con los órganos. Después se procedió a desconectarlo. Nos preguntaron si nos queríamos despedir y fui a la habitación. Me enfrenté a que mi hermano estaba muerto. Había un policía al lado. Ahí me despedí”.

Hay nueve médicos imputados por homicidio culposo y eliminación de pruebas
Hay nueve médicos imputados por homicidio culposo y eliminación de pruebas

Unos minutos después, luego de contar que al hacer público el caso en un evento internacional por un premio a una de sus películas, recibió un llamado del ex intendente de San Isidro, Gustavo Posse para prometerle que estudiaría el expediente y nunca más lo volvió a llamar, el cineasta dijo sus últimas palabras: “Acá al costado están mis padres, que han esperado mucho tiempo, como yo, con mucha paciencia. Muchos de ustedes serán padres y hermanos. Quiero pedir un signo de humanidad en los médicos que hicieron eso a mi hermano. Que declaren. Que digan lo que pasó, que hablen. Así nos ahorramos todo este tiempo y gasto de energía. Que digan que es lo que pasó para poder llegar a la verdad”.

Y señaló: “Es muy importante que vean el daño que se puede producir y el trauma que se puede producir en una familia. Me parecería muy importante que rompan el pacto de silencio, que hablen y que cuenten qué es lo que pasó, y si queda algún rasgo de humanidad, es el momento de demostrarlo”.

Hasta el momento, los nueve médicos intervinientes en los turnos del 27 y 28 de julio han permanecido en silencio. Se trata de Darío Campos, Martín Montagna, María Quiroga, Maximiliano Ragazzoli, Ana Sánchez, María Seijo, Carla Setti, Marcelo Toro Solano y Marina Vanesa Vogelin. Sus defensas aclararon durante la primera jornada que solicitarán la absolución de sus defendidos.

Otro testimonio de alto impacto emocional lo protagonizó Mario Cohn (76), padre de la víctima, quien se acercó a la silla a paso lento para declarar frente al magistrado y dejó su saco. El juez Ocampo le tomó juramento y él dijo: “Yo voy a decir la verdad porque es lo que se merece mi hijo. (...) Tuve un hijo que lamentablemente llegó al hospital de San Isidro con una descompensación diabética y de la diabetes se llegó al resultado de su muerte”.

Yo jamás podría emparentar la diabetes con la muerte, y me preguntaría si alguien de los que está acá puede hacerlo. Yo personalmente no”, afirmó.

El Hospital Central Municipal "Dr. Melchor Posse" (Municipalidad de San Isidro)
El Hospital Central Municipal "Dr. Melchor Posse" (Municipalidad de San Isidro)

Luego contó cómo se enteró de que Alejandro estaba en el hospital: “Estábamos cenando con mi señora, con quien llevo 50 años de casado, y llega un llamado, que atendió ella. Eran las 21 horas. Una joven, de nombre Cecilia, nos avisa lo que le había pasado a Alejandro. En ese momento Cecilia le pasa el teléfono a mi hijo, que le dijo: ‘Mamá, estoy bien, no te hagas problema’”.

Según las actuaciones, Alejandro viajaba esa noche en moto por la Avenida de la Unidad Nacional, en Martínez, camino a jugar un partido de fútbol con sus amigos, como todos los lunes. De pronto empezó a sentir náuseas y frenó en el boulevard para vomitar. Era diabético e insulino dependiente desde hace años. De hecho este era su tercer episodio. La joven Cecilia pasaba en auto junto a sus padres y decidieron frenar para asistirlo. Hablaron con él, quien les contó que, en efecto, era diabético y que había vomitado. Estaba lúcido y podía conversar. Su intención era reponerse para ir al partido. Allí llamaron a una ambulancia, que lo llevó en 10 minutos al hospital municipal.

“Llegamos a la guardia en 15 minutos, en ese entonces vivíamos en Martínez -relató Mario-. Me fui a la guardia enseguida. Ahí me encuentro con Alejandro, que estaba en una camilla, vestido, no tenía ninguna vía, ni suero; puedo afirmarlo porque lo vi y me llamó la atención. Hablé con él: ‘Hijo, ¿cómo estás?’; ‘Bien pa, me alcanzás un almohadoncito?’; ‘¿Cómo te sentís?’; ‘Bien, estoy esperando’”.

Luego dijo: “Yo lo veía un poco pálido. Todavía no lo habían atendido. Me llamó poderosamente la atención. Me preocupé: ´cómo no le están poniendo nada a este muchacho’, pensé. Dentro de la guardia me dirigí a hablar con quien me parecía que estaba a cargo. Le dije, ‘mire le pido por favor, este muchacho es diabético, ¿lo pueden atender?’. El médico me mira y me dice, textual, ‘sí, espere’”.

Siguió la espera dentro de la guardia hasta que un hecho terminó por enojar al padre del paciente. “Lo recuerdo con una terrible tristeza, por suerte mi señora no lo vio, porque Alejandro empezó a emitir unos ronquidos casi comparables con gritos guturales, inentendibles, fuertes, fuertes, fuertes; los ronquidos se me asemejaban a gritos como una cuestión gutural. Ahí sí, desesperado, les dije ‘por favor, atiéndanlo, ¿no ven que este chico es diabético?’”.

Según recordó Mario, a los 10 minutos vino una médica y se llevó a Alejandro en la camilla. Les pidió a él y a Beatriz Arroyo, su esposa, que aguardaran en ese lugar. “Nos quedamos en la puerta esperando, como dos personas muy tristes, no sabíamos qué hacer más que tomarnos de la mano. Esperamos. No nos dieron un parte”.

El juicio se desarrolla en los tribunales de San Isidro, sobre la calle Ituzaingo 340 (Maximiliano Luna)
El juicio se desarrolla en los tribunales de San Isidro, sobre la calle Ituzaingo 340 (Maximiliano Luna)

“Al rato, -continuó- a la media hora, no lo puedo precisar, dos médicas nos dijeron que lo que había pasado es que Alejandro entró en convulsiones y le tuvieron que poner un respirador artificial. Ahí el mundo se me vino abajo… Era como entrar con una uña encarnada y terminar con una transfusión sanguínea”.

Con todo, Alejandro es trasladado al segundo piso del hospital central de San Isidro, ubicado en la Avenida Santa Fe al 400, donde la familia recibió a la madrugada un nuevo parte desde la sala de terapia intensiva: “nos dijeron que tenía convulsiones, respirador artificial, y que le habían tenido que hacer una traqueotomía…Él entró a las 9:15 de la noche, la médica salió a la 1. ¿Una traqueotomía a un diabético en estas horas? La doctora me dijo que tenía sangre en el pulmón y que estaban con ese tema. ‘¿Qué es lo que tiene, doctora?’, le pregunté, ‘Ah, no sé’, me contestó”.

“Ahí empecé a pensar que actuaban como compartimentos estancos, cada uno en lo suyo. Me sentí un número, pero a veces ni siquiera sabiendo qué número era. Si era el 0, el 1, el 2…La médica que nos atendió se tuvo que ir enseguida. Le insistí que nos explicara qué le pasaba. ‘No sé’... Me contó que tenía una hemorragia sanguínea al lado del pulmón. No me cerraba nada. ‘No tiene ningún golpe, todos los órganos están bien’, me habían dicho. “No tiene explicación”, dijo el padre de la víctima.

Minutos después, al aclarar adelante de todos que algunas cosas de lo que sucedió entre el 27 y 29 de julio de 2015 las había olvidado, aseguró que, sin embargo, “tengo grabadas muchas cosas porque son las que no me dejan dormir, porque a mí me partieron al medio. (...) Yo no puedo perdonar. Fueron periplos muy largos”.

Bajo ese marco relató: “A las 5 entramos a verlo: estaba inconsciente. A las 6 de la mañana nos vinieron a dar otro parte médico. Nos dijeron que no podían estabilizarle la presión. Ninguno me dio una certeza sobre el tema. El Dr. Campos nos dijo que esperaramos. Fue escueto y poco amable. Otros médicos trataron de demostrarme amabilidad, yo ahora creo que esa amabilidad tenía a encubrir los hechos”.

Después de detallar la llegada de los médicos amigos que sugirieron llevar al paciente a otro centro de salud, y de lograr su traslado a las dos de la madrugada, Mario Cohn, abogado como su esposa, contó cuando el doctor Gianassi les informó lo que había descubierto tras los estudios. “Nos hizo pasar con una cara de tristeza muy grande, que yo ya sabía (...). Él hizo un silencio y no se necesitó más. Con mucho respeto, profesionalidad y humanidad nos miró y nos dijo: ‘¿Ustedes sabían que Alejandro tiene fracturas? Fracturada la vértebra cervical y lumbar. ¿A ustedes no les dijeron nada antes? ¿Ustedes saben que Alejandro tiene líquido en el cerebro y que tiene muerte cerebral?’....Cada cosa que nos decía era un martirio”, expresó.

Él médico nos abrazó y lloró a la par nuestra”, señaló al finalizar su declaratoria de una hora. Gianassi les contaría después que había hecho una denuncia policial por una cuestión de “ética profesional”, ya que en la epicrisis no estaba anotado que el joven “tenía líquido en el cerebro”.

Los otros testigos que desfilaron por la sala grande de audiencias del edificio de la calle Ituzaingó 340, en pleno centro del municipio, fueron Beatriz -la madre de Alejandro-, Mariana Masotti y Cecilia Sanguinetti, madre e hija que lo asistieron en la vía pública, junto a los médicos que realizaron la interconsulta aquel 28 de julio. También habló Gianassi, quien descubrió en el Hospital Italiano las lesiones y el daño neurológico de la víctima.

La tercera audiencia del juicio se llevará a cabo el próximo lunes 22 de abril y se espera que brinden su versión las enfermeras que atendieron a Alejandro en la guardia.