“Me tocó la cola con toda la mano”: la fuerte denuncia en el juicio por abuso sexual contra una monja de las Hermanas Trinitarias

Los dichos surgieron de una declaración en Cámara Gesell de una adolescente, reproducida en pleno debate oral este martes. La religiosa fue denunciada por “tocamientos reiterados” por cinco chicas que residían en un hogar de niños de la congregación religiosa. En el cierre del proceso penal, la imputada declaró: “No toqué ni a la primera menor que me denunció ni a nadie”

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María Tellez Fajardo, Sor Marina, la primera a la izquierda, acusada de abusar sexualmente a cinco menores en el Hogar de niños de las Hermanas Trinitarias en Boulogne
María Tellez Fajardo, Sor Marina, la primera a la izquierda, acusada de abusar sexualmente a cinco menores en el Hogar de niños de las Hermanas Trinitarias en Boulogne

“Yo estaba lavando los platos cuando Sor Marina se me acercó por detrás y por debajo de la pollera me tocó la cola con toda la mano por la parte que quedaba descubierta de la bombacha”, se oyó este martes durante el juicio que se le sigue en los tribunales de San Isidro a la monja María Fellez Fajardo, de la comunidad religiosa de las Hermanas Trinitarias, acusada de abusar sexualmente a cinco menores en un Hogar de niños a cargo de dicha congregación.

La voz era la de una adolescente que declaró durante la instrucción penal a través de la cámara Gesell, cuyos fragmentos más impactantes hizo reproducir el fiscal de juicio Sergio Anibal Szyldergemejn en una de las audiencias del debate. La víctima, en esa pieza probatoria, contó que la monja solía realizarle tocamientos por encima de la ropa que ella daba por naturales, al menos unas cinco o seis veces y ante ausencia de testigos, y que ella tendría -sin precisar en fechas- aproximadamente 14 años de edad.

Además, según se desprendió de esa entrevista ante la Licenciada Sonia Oettel, del Centro de Atención a las Víctimas, la menor dejó de percibir esa conducta como normal cuando sintió el manoseo en sus glúteos por debajo de sus prendas. “Era invierno, pero ese día hacía calor. Se me dio por usar una pollera negra cortita. Estaba lavando los platos cuando Sor Marina se me acercó por detrás y por debajo de la pollera me tocó la cola con toda la mano por la parte que quedaba descubierta de la bombacha”, le relató.

En total fueron cinco adolescentes de entre 12 y 17 años las que realizaron denuncias por abuso sexual contra la “hermana Marina”, una laica consagrada de 66 años y oriunda de San Pedro, Colombia, que comenzó a vivir en el Hogar de las Hermanas Trinitarias de Boulogne, en la calle Carlos Tejedor 348, desde mayo de 2017. Antes había vivido en otra sede de la congregación, en San Miguel, y previo a eso en España.

Todas las menores habían llegado al Hogar como consecuencia de distintas medidas de abrigo dictadas por diferentes Juzgados de Familia de Pilar, San Martín y Tigre. Estas son disposiciones excepcionales que se toman ante casos de vulneración de derechos infantiles como maltratos familiares, padres con problemas de consumo o “abandónicos”. En la sede de Boulogne residían, bajo esta situación, un total de 13 adolescentes. Luego de la primera denuncia se descontinuó la recepción de chicas bajo encargo de la Justicia. A raíz de aquella, por otra parte, llegó a intervenir el obispado de San Isidro, en manos de Oscar Ojea.

El Hogar donde habrían ocurrido los hechos de abuso contra las adolescentes de entre 12 y 17 años, en la calle Carlos Tejedor 348, Boulogne
El Hogar donde habrían ocurrido los hechos de abuso contra las adolescentes de entre 12 y 17 años, en la calle Carlos Tejedor 348, Boulogne

El juicio oral, conducido por el Tribunal Oral en lo Criminal 1 de San Isidro, integrado por los jueces Sebastián Urquijo, Alberto Ortolani y Gonzalo Aquino, comenzó el lunes pasado y trajo a Sor Marina detenida e imputada bajo el delito de “abuso sexual reiterado gravemente ultrajante y agravado por haber sido cometido por una personal del culto religioso, por ser una persona encargada de la guarda y aprovechando la situación de convivencia preexistente, su relación de autoridad y que la víctima no haya podido consentir libremente dicho accionar”.

En tanto, la primera de las cinco denuncias contra la monja se presentó el 21 de abril de 2021 y fue impulsada por María Soledad Molina, una abogada de los derechos del niño de San Isidro. Con el tiempo llegaron las cuatro restantes. Todas denunciaron ser menores de edad al momento de los hechos. Actualmente, solo dos son mayores de 18 años, una de las cuales no pudo estar en el juicio puesto que su paradero es desconocido.

Durante las audiencias del lunes y martes en el tercer piso del edificio de Ituzaingo 340 testificaron 17 personas, que respondieron preguntas del fiscal Szyldergemejn, la querellante Karina Marti -en representación de la Defensoría del Niño-, y el abogado defensor Alejandro López Romano. La disputa por la convicción de los jueces se desplegó prueba a prueba: pasaron psicólogas intervinientes en el caso, profesionales de los Servicios Locales de Promoción y Protección de los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes de Tigre y Pilar, monjas de la congregación y peritos de parte. También se reprodujeron testimonios en cámara Gesell y declaró una de las denunciantes, hoy con mayoría de edad, que volvió a ratificar lo que manifestó en la instrucción ante el fiscal Marcelo Fuenzalida respecto a los tocamientos que recibió por encima de la ropa en la cola mientras limpiaba o tendía la cama de la residencia.

En ambas jornadas se escuchó hablar de tocamientos, nalgadas, palmadas, chirlos, roces y manoseos. También de toques por encima de las prendas sobre la vagina, los glúteos y las partes íntimas en general. Siempre en un lugar: la cocina del Hogar. Y siempre bajo un contexto especial: en soledad.

Por otro lado, las fechas de los sucesos investigados son aproximativas, es decir, para la fiscalía y la querella los abusos sexuales habrían ocurrido entre los años 2017 y 2021, cuando Sor Silvia, la directora del Hogar de las Trinitarias, dispuso el traslado de Sor Marina a la otra casa religiosa en la avenida Balbín al 700, San Miguel.

Los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de San Isidro, Gonzalo Aquino, Alberto Ortolani y Sebastián Urquijo, encargados del juicio contra Sor Marina (Adrián Escandar)
Los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal 1 de San Isidro, Gonzalo Aquino, Alberto Ortolani y Sebastián Urquijo, encargados del juicio contra Sor Marina (Adrián Escandar)

Así las cosas, la última declaración antes del cierre de la etapa probatoria quedó en manos de la imputada, que se encargó de negar rotundamente las imputaciones en su contra. “No toqué ni a la primera menor que me denunció ni a nadie. Nunca jamás pasaron esos hechos. Por lo menos no los hice yo. Ni palmadas, ni nalgadas. Nunca, nunca, nunca pasó”, expresó sentada de frente al tribunal, vestida con una pollera larga azul, una camisa blanca con rayas rosas y medias y zapatos negros.

Luego, entre sollozos, concluyó: “No es justo lo que me está pasando. Nunca jamás cometí esos hechos. Ninguno. Quizás soy dura en mi forma de hablar, o impaciente. Tal vez no tuve en cuenta su sensibilidad, o debí tener otra pedagogía. No sé en qué las lastimé. Quisiera que me digan porqué se ofendieron conmigo para que me hicieran este mal, este daño”.

Sor Marina quedó detenida el 9 de junio de 2021 por orden de la jueza de Garantías Andrea Rodríguez Mentasti. Estuvo cinco días en la DDI de San Isidro y después vivió durante seis meses en el pabellón femenino de la Alcaidía de La Plata N° 3. Llegó al proceso oral bajo prisión domiciliaria en la sede de las Hermanas Trinitarias en Boulogne. Utiliza tobillera electrónica y no puede alejarse más de 25 metros de ese lugar.

Este miércoles a las 11:30 se llevarán a cabo los alegatos de cierre. Luego los magistrados pasarán a deliberar. Allí deberán analizar íntegramente los elementos producidos durante estos días y esclarecer lo siguiente: ¿Fueron casos concretos de abuso sexual como plantea la acusación? O, como sugiere la defensa, las denuncias fueron producto de un “efecto contagio” entre las menores buscando salirse de la institución en la que vivían. Está en pugna la veracidad y la verosimilitud de los relatos. La Justicia despejará las dudas en breve.