Cada vez que se extrae petróleo, el gas que surge como subproducto representa un desafío para los operadores: evacuarlo tiene un costo y desperdiciarlo, un impacto ambiental. Un nuevo enfoque dentro de la industria energética propone convertir ese recurso en el insumo central de centros de datos.
Ariel Perelman, CEO y cofundador de BigSur Energy, explicó en Infobae Talks Energía cómo la compañía convierte este residual de pozos petroleros en energía para centros de datos. La startup de origen argentino opera hoy en Texas y prepara su desembarco local con una inversión inicial de entre 25 y 30 millones de dólares.
El problema del gas residual en los yacimientos petroleros
La extracción de crudo produce un subproducto que, en muchos casos, representa una carga para las compañías operadoras: cuando el mercado no puede absorber todo el volumen disponible, deben ventear, quemar o pagar para inyectarlo al gasoducto troncal.
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A esos yacimientos llega BigSur Energy, firma un contrato de compra y despliega de forma modular sus propios centros de datos en el lugar. Una vez captado, ese gas se convierte en energía eléctrica para alimentar la infraestructura de cómputo. Para el operador petrolero, lo que antes era un costo o un desperdicio se transforma en un ingreso. “No es un ahorro, es una ganancia pura“, sintetizó Perelman.
De la minería de bitcoin al arbitraje energético
La idea surgió de un problema concreto: el alto costo operativo que enfrentan las compañías dedicadas a la provisión de capacidad de cómputo para la blockchain de Bitcoin. Perelman, con trayectoria en infraestructura tecnológica, identificó que la solución estaba en ir directamente a la fuente de energía más barata disponible.
Al buscar asesoramiento en el sector de oil & gas, encontró a su socio y cofundador, Bernardo Hugo Cabral Nona, abogado con experiencia en esta industria. Cabral Nona amplió la visión: más allá de resolver el problema de costos para ese segmento, el modelo tenía valor para toda la cadena productiva. “Acá hay una solución. Más allá de la blockchain y buscar resolver este problema para ese rubro, esto para la industria energética es espectacular”, recordó Perelman que le dijo su socio.
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Así nació lo que la compañía define como arbitraje energético: comprar el recurso a precio mínimo en el origen, transformarlo en electricidad y utilizarla para procesos de alto consumo computacional.
Texas como primer mercado y laboratorio
La startup apuntó inicialmente a la Argentina, pero las condiciones regulatorias de aquel momento —entre ellas, restricciones a la importación de equipos usados— llevaron a los fundadores a orientarse hacia los Estados Unidos. La elección de Texas resultó más que acertada.
En la Permian Basin, la principal cuenca petrolera de ese estado, hay 12.000 compañías registradas y abundancia del hidrocarburo. “Nos fue relativamente fácil poder insertarnos en los Estados Unidos y crecer”, reconoció Perelman.
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La región de Waha, al oeste de Texas, presenta además una dinámica particular: el 95% del año, los productores deben pagar para evacuar su producción, porque la oferta supera con creces la capacidad de absorción del sistema. Ese escenario es exactamente donde la empresa encuentra su oportunidad.
La inteligencia artificial como motor de la demanda energética
El auge de la IA potenció la relevancia del modelo. El crecimiento exponencial de su consumo requiere cada vez más energía, y la infraestructura eléctrica de las grandes ciudades no está preparada para absorber esa demanda adicional sin afectar a los usuarios residenciales.
“Los centros de datos se tuvieron que ir de las ciudades, porque si no la energía compite contra, por ejemplo, ‘doña Rosa’, y ella no puede pagar la misma tarifa eléctrica que puede pagar un centro de datos”, graficó Perelman. Esa migración abrió un espacio para modelos como el de BigSur Energy, que genera su propia energía en el lugar donde está el recurso.
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El plan para desembarcar en Vaca Muerta
El próximo paso apunta a la Argentina. La empresa trabaja en un proyecto de aproximadamente 20 megavatios en el país —el doble de su capacidad actual en los Estados Unidos— con una inversión estimada de entre 25 y 30 millones de dólares para la prueba piloto.
El foco está puesto en Vaca Muerta y en otras cuencas del país. El entrevistado enumeró las condiciones que hacen atractivo al mercado local: disponibilidad del recurso, infraestructura de conectividad —incluida la red federal de fibra óptica— y potencial para convertirse en un polo regional de centros de datos para procesos de minería de bitcoin, inteligencia artificial y computación de alto rendimiento.
“Argentina tiene todas las condiciones para ser un hub de centros de datos para cualquier proceso que requiera capacidad de cómputo", afirmó Perelman. La meta es crecer en paralelo en ambos mercados y aprovechar el momento en que el país reúne, según su visión, las condiciones para recibir este tipo de inversión.
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