Gremiales alertan sobre pérdida de un millón de quintales de frijol en Honduras

El abastecimiento de frijol en Honduras depende de importaciones pese a la recuperación local

La producción de frijol en Honduras ha caído significativamente, generando un déficit cercano al millón de quintales (FOTO: SDE Honduras)

La producción de frijol en Honduras cerró el 2025 con cifras positivas en términos generales, pero con profundas contradicciones en el abastecimiento interno. Mientras datos oficiales apuntan a un incremento sostenido en la cosecha nacional, representantes del sector campesino aseguran que el país continúa enfrentando un déficit estructural que obliga a depender de importaciones para garantizar el consumo.

Darwin Cálix dirigente del Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras (COCOCH), afirma que durante el actual periodo gubernamental se ha dejado de producir cerca de un millón de quintales, lo que ha impactado directamente en la capacidad de respuesta del mercado interno.

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“Hemos dejado de producir alrededor de un millón de quintales de frijol. El abastecimiento se ha logrado sostener porque históricamente se ha recurrido a la compra de frijol a Nicaragua, aunque muchas veces no se reconozca”.

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De acuerdo con estimaciones de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), Honduras cerró el 2025 con una producción que oscila entre los 3,5 y 3,8 millones de quintales de frijol, consolidando una tendencia de crecimiento sostenido en los últimos años.

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Recuperación del grano

Este incremento representa una recuperación frente a ciclos anteriores y, en teoría, coloca al país cerca de cubrir su demanda nacional, estimada entre 3,6 millones de quintales anuales.

Agricultores señalan la falta de incentivos como uno de los principales problemas del sector. (FOTO: Proceso Digital)

El mercado sigue mostrando señales de escasez en distintas regiones, lo que evidencia fallas en la distribución, comercialización y acceso al grano.

El consumo de frijol en Honduras, uno de los pilares de la dieta básica, mantiene una alta presión sobre la oferta nacional. Aunque la producción global se acerca a cubrir la demanda, cualquier variación.

Además, buena parte de la producción se concentra en el ciclo de postrera, lo que vuelve al país vulnerable a fenómenos climáticos, especialmente en el corredor seco, donde la irregularidad de las lluvias continúa afectando los rendimientos agrícolas.

Granos importados

En este contexto, el frijol importado, principalmente desde Nicaragua, resulta determinante. En los mercados locales, su presencia es dominante y constante, funcionando como un amortiguador frente a las limitaciones de la producción nacional.

“En este momento Nicaragua está en cosecha. Por donde quiera que se vaya, sea el oriente, occidente o la zona central, hay frijol nicaragüense”, añade Cálix.

Además de su disponibilidad, este producto presenta ventajas competitivas: mejor rendimiento y menor tiempo de cocción, factores que inciden tanto en comerciantes como en consumidores.

Campesinos pierden espacio frente a importaciones./ Mesa Agropecuaria, Rural e Indígena

El Instituto Hondureño de Mercadeo Agrícola (IHMA) ha intentado contener posibles crisis mediante la gestión de reservas estratégicas. Al cierre de 2025, la institución mantenía inventarios limitados de frijol, utilizados para estabilizar precios y abastecer el mercado en momentos críticos.

Informes oficiales reflejan dificultades en el cumplimiento de metas de compra y almacenamiento, lo que reduce la capacidad de intervención estatal y refuerza la necesidad de recurrir a importaciones.

Reservas estratégicas

Desde el sector agrícola, el diagnóstico es claro: el problema no es únicamente productivo, sino estructural. Los pequeños productores —quienes generan la mayor parte del frijol nacional— continúan enfrentando falta de financiamiento, asistencia técnica y políticas de apoyo sostenidas.

El contraste entre el crecimiento productivo y la dependencia externa plantea un desafío de fondo para Honduras: la fragilidad de su sistema agroalimentario.

A pesar de contar con condiciones para producir, el país sigue atado a factores externos para garantizar un alimento básico, lo que abre el debate sobre la soberanía alimentaria y la necesidad de transformar el modelo agrícola.

Para los productores, la solución pasa por una intervención más decidida del Estado que incentive la producción nacional, fortalezca la cadena de comercialización y reduzca la vulnerabilidad frente a mercados internacionales.

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