
Pértinax vino al mundo hace 66 años en la Villa de Marte, una finca rodeada por los fértiles viñedos de Alba Pompeya, ciudad de Liguria entre los Apeninos y los Alpes, regados por el río Tanarus.
Su padre, Helvio Succeso, fue un esclavo liberado que logró prosperar y establecer contactos que aseguraron a la familia una posición más cómoda. Esto permitió la formación académica del joven, quien aprendió a leer y contar y recibió clases de letras, lo que le permitió subsistir como maestro de gramática en su juventud.
Pronto buscó otros caminos para superarse y obtuvo la dignidad de centurión gracias a la intercesión del senador Lolio Avito, prócer ligur que llegó a ser cónsul y protector de su padre.
El camino militar y político de Pértinax

En el ejército, el avance de Pértinax reflejó su capacidad para superar la adversidad. Al principio fue destinado a Siria al mando de una cohorte en la lucha contra los partos; de allí pasó a Britannia y después a los Balcanes.
Gracias a su desempeño en el campo de batalla, fue llamado a honores cada vez mayores. Fue jefe de caballería, cargo que le abrió las puertas del Senado. Además, fue el mando de la primera legión en Germania, con la que repelió una invasión en las fronteras del Danubio y el Rin.
Su prestigio militar y político se incrementó por el reconocimiento de altos dignatarios. Marco Aurelio le dedicaba elogios en pleno Senado y delante del ejército, lo que le permitió ser nombrado cónsul sufecto, desempeñando el cargo ausente. La carrera prosiguió como gobernador de las “dos Mesias”, después de Dacia y finalmente Siria.

Después de gobernar cuatro provincias, regresó a Roma y, poco después, se retiró temporalmente a las posesiones familiares en Alba. Vivió como terrateniente y comerciante de esclavos. Tras tres años, fue llamado nuevamente al servicio militar: Cómodo lo envió a Britannia para sofocar el motín de las legiones allí destacadas, misión que logró cumplir.
El asesinato de Cómodo y la llegada al trono
El clima político de Roma, a finales del siglo II, era inestable. En ese momento, las extravagancias y el gobierno autocrático de Cómodo rayaban la locura. Los movimientos sediciosos de los soldados, que querían otro emperador, cualquiera que fuese, se extendían por los confines del imperio. El último de la dinastía de los emperadores buenos asesinó y envió al exilio a muchos senadores y entregó el gobierno a arribistas ambiciosos.
En 189 regresó a Roma como prefecto de la ciudad y tres años más tarde fue nombrado cónsul con el propio Cómodo como colega. La conspiración contra el emperador culminó el 31 de diciembre de 192: mientras toda Roma se entregaba a festines, sus propios familiares y allegados le dieron veneno y, al no surtir efecto, lo estrangularon mientras tomaba un baño.

La sucesión se produjo de inmediato. Ya de madrugada, Leto y Electo, miembros de la guardia pretoriana, despertaron a Pértinax para ofrecerle la púrpura. Su acceso al trono requería confirmación inmediata en el Senado, donde sus colegas debían ratificar su nombramiento antes del primer amanecer del año.
Legitimidad y consecuencias del reinado de Pértinax
Consciente de la debilidad de su posición, Pértinax sabía que su nombramiento se sustentaba en el poder de las armas. Aunque era necesario darle apariencia de legalidad para no ser visto como un tirano, el epíteto que había justificado el asesinato de Cómodo y de otros emperadores antes que él.
A las puertas del Senado, reflexionó sobre lo efímero del poder. La memoria de predecesores como Trajano y la sombra de Otón ilustraban el reto de definir su legado en un momento decisivo para Roma. El futuro de su recuerdo quedaba en manos del juicio de la ciudad y de la historia.
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