Agregar Infobae enGoogle

“El amor por mi bebé no me nacía”: el crudo relato de uno de los mayores tabúes de la maternidad

Cuando su hijo nació y se lo pusieron en la teta, Karen no logró sentir ninguna conexión especial. Tampoco cuando volvió a casa, donde sintió “de todo menos felicidad”. Pensó que así era el puerperio y le costó mucho darse cuenta de que había algo más. “No me animaba a decir ‘no lo amo’, así que pensaba ‘es que no me gusta ser mamá’”, cuenta a Infobae

Karen Barg
Karen junto a Toto, su bebé, apenas nació
Guardar

Eran las 5 de la mañana cuando Karen se despertó sobresaltada. Estaba mojada -la bombacha, las piernas, el colchón-, y enseguida cayó en la cuenta: había roto bolsa, “el momento” había llegado. Tenía 30 años y estaba por nacer su primer hijo - “un bebé recontra deseado”-, y a pesar de los miedos típicos, había disfrutado del embarazo.

Todavía en el silencio de la noche, Karen despertó a su marido. Después, le mandó un mensaje a una amiga que tenía un bebé de un mes, la única que podía estar despierta a esa hora. “No voy a poder ir hoy a tu cumpleaños”, le escribió. “Me estoy yendo a parir”.

El resto lo cuenta a Infobae la propia Karen Barg, cinco años después de aquella madrugada. “Fue en ese momento que mi amiga me dijo la frase que me cagó la existencia”, suspira. ¿Qué frase? “Preparate porque vas a conocer al amor de tu vida”.

Karen Barg
En el embarazo

Fue un anuncio amoroso, por supuesto, una bienvenida a la maternidad. Pero a Karen le marcó lo que se suponía que debía sentir una buena madre.

“Y lo que pasó fue que en el año y medio que siguió sentí de todo menos felicidad”, cuenta. “¿Amor? Sabía que tenía que cuidarlo, y lo hacía, pero el amor por mi bebé no me nacía”.

Antes

Karen había tenido episodios anteriores -“situaciones”- pero, como suele suceder con la depresión, nadie les había puesto nombre.

“Un bajón” a los 21 años para el que le habían indicado un “elevador del estado de ánimo” (un antidepresivo llamado Sertralina) es lo primero que recuerda ahora que puede mirar la película completa y no sólo la foto. Durante años, además, había lidiado con ataques de pánico, aunque nada de eso le impedía tener una vida parecida a la de sus amigas.

Karen Barg
Karen Barg es maquilladora profesional y tiene 35 años

Vivía en Vicente López y tenía 24 años cuando se puso de novia con un joven rosarino, se enamoró y se fueron a vivir juntos. “Yo venía en tratamiento, recuerdo que una de nuestras primeras citas fue el último ataque de pánico que tuve”.

Tres años después se casaron. “Queríamos formar una familia, pero éramos muy jóvenes, así que nos tomamos un año para viajar. Habíamos vuelto muy cebados de la luna de miel, estábamos felices”, recuerda ella, una forma de mostrar todo lo que después se llevó puesto la depresión.

“Yo tomaba un estabilizador del estado de ánimo. Así que cuando llegó el momento de buscar un embarazo se lo conté al psiquiatra y empezamos a sacar la medicación paulatinamente”, sigue ella. Una vez “limpia” comenzaron la búsqueda; tres meses después llegó la noticia: iban a convertirse en padres.

Karen Barg
"Fue un bebé recontra deseado", cuenta

“O sea, fue un bebé recontra buscado, deseado”, remarca. El embarazo, aún sin medicación, transcurrió lo más bien. Karen no tenía dudas del cielo que estaba por tocar: aquello de “vas a conocer al amor de tu vida” no era el slogan de una marca de pañales, se lo había anunciado su amiga, también primeriza.

Nada de lo que siguió en la línea de tiempo, sin embargo, estuvo cerca de ese título.

“Llamé a mi obstetra y se había ido de viaje, así que vino una partera a la que no conocía. La cuestión es que como no dilataba, terminé yendo a una cesárea súper asustada y sin ninguna contención. Me acuerdo que me estaban por dar la peridural y le dije a la partera ‘¿me das la mano?’, y me respondió ‘ay, por favor, no seas exagerada’”.

Es probable que las depresiones no tengan puntos de inicio del todo nítidos pero ahora, con cierta distancia, Karen marca en ese nacimiento el comienzo de su depresión post parto. De hecho, distintos estudios indican que las mujeres que sufren violencia obstétrica tienen más riesgo de desarrollarla.

violencia obstétrica
Las mujeres que sufren violencia obstétrica tienen más riesgo de desarrollar depresión tras el parto (Foto: bbmundo.com)

“Me ataron las manos, fue todo tan violento… Cuando finalmente mi hijo nació y me lo pusieron en la teta no pude conectar. Me acuerdo que lo miraba y pensaba ‘me quiero ir a mi casa’, ‘me arrepentí de todo’, ‘quiero volver al jardín de infantes’, ‘me quiero ir con mi mamá y con mi papá’”.

Te puede interesar: Mamitas invisibles, hasta hoy

El rayo de amor absoluto no la había atravesado en la clínica, tampoco cuando llegaron a casa. “Seguía sintiendo de todo menos felicidad”. Nada de la lactancia parecía fluir, las tetas le dolían tanto que no se podía abrochar el corpiño y en las horas de desvelo leía en Instagram muchos contenidos del tipo “el lado B de la maternidad”.

Karen Barg
"Esta foto es de los primeros días: no me podía ni poner el corpiño", cuenta

Creyó, entonces, que eso les pasaba a todas: que todas las madres nuevas se sentían horribles, hundidas, incapaces, desbordadas, que todas amamantaban llorando y todas, de repente, no podían estar sin sus parejas y las odiaban al mismo tiempo.

“Se suponía que eso era lo normal del puerperio. Miraba Instagram y parecía que todo lo que me pasaba estaba justificado: ‘Pobre, es que tiene un bebé complicado porque no duerme’, ‘lo que pasa es que es primeriza’”, enumera. Es que en el afán de habilitar el “hermana, es normal que te sientas mal, lo estás haciendo bien”, “nada -sigue Karen- encendía la red flag”.

¿Nunca había escuchado hablar de depresión post parto? Sí, pero bajo enormes confusiones. “Me acuerdo que leí una nota en la que Lourdes Sánchez (la bailarina de Showmatch) nombraba a la depresión postparto, pero decía ‘bueno sí, los primeros días fueron muy difíciles, pasamos dos semanas sin dormir’”.

Te puede interesar: El drama de Lourdes Sánchez tras el nacimiento de Valentín: “Me agarró depresión postparto”

Karen Barg
Junto a Toto, su hijo

Karen tardó mucho tiempo en entender que había algo más: “Yo sabía lo que tenía que hacer con mi bebé. Sabía que lo tenía que cuidar, que era mi responsabilidad, y lo hacía, nunca lo desatendí, pero para mí era un trabajo enorme”, separa. “Sabía que lo tenía que querer pero el amor no me nacía. Lo que sentía era otra cosa... arrepentimiento”.

Había muchos mandatos vinculados a la maternidad en juego: “La madre sabe qué tiene que hacer, lo tuvo adentro nueve meses: instinto maternal”. O “el padre tiene que construir ese vínculo, a la madre no le hace falta”.

Karen estaba en las antípodas de todos, lo que la hacía sentir peor: “Seguía pasando el tiempo y yo me sentía una miserable. Quedarme sola con mi hijo me daba terror, siempre tenía que estar acompañada, sentía que no podía con nada”, enumera. “No sentía amor, tampoco rechazo. Sólo el deber de cuidarlo. Era la depresión la que estaba hablando, no la mamá, pero yo todavía no lo sabía”.

Fue la pediatra de Toto, su hijo, quien detectó algo en ella y le sugirió que consultara con una psicóloga.

Karen Barg
"Me sentía miserable", dice ella

“Fui. La psicóloga me pidió que le relatara el nacimiento. Le conté todo, entre esas cosas que el médico me había dicho que no tenía que hablar para no llenarme de gases, entonces yo había cerrado la boca durante todo un día. La psicóloga me preguntó ‘¿pero no le hablaste a tu bebé cuando nació?, ¿no le diste la bienvenida?, ¿no le dijiste que lo querías?’. Y no. Y eso me llenó de culpa, mal”.

Todo lo que siguió, de hecho, estuvo teñido por diferentes tonalidades de culpa. Todo, además, mostraba la diferencia.

“Tenía a mis dos amigas con bebés de casi la misma edad. Yo veía que ellas salían, paseaban con el cochecito y pensaba ‘¿por qué yo no puedo?’. Ellas me decían ‘pero dale, salí a dar una vuelta con el cochecito, te tomás un café y te despejás’. Y yo pensaba ‘¿salir? ¿vestirme? Si no puedo ni ponerme el corpiño’...”.

"Salí a pasear con el cochecito", le decían, pero ella no podía ni vestirse (EFE/ Roman Pilipey/Archivo)
"Salí a pasear con el cochecito", le decían, pero ella no podía ni vestirse (EFE/ Roman Pilipey/Archivo)

Hubo algunas finas hierbas de felicidad, sí. “Pero todo era como escalar una montaña con una mochila muy pesada”, grafica Karen. “La escalaba igual pero me costaba muchísimo. Sí, salía a dar la vuelta en el cochecito, pero no sabés lo que me costaba vestirme”.

Era, a todas luces, un ejemplo de “mala madre”. “Había llegado a la conclusión de que a mí no me gustaba ser mamá. Ese pensamiento me tranquilizó porque es como que le pude poner palabras. No me animaba a decir ‘no lo amo’, pero sí ‘no me gusta ser mamá’. Ahora lo tengo más claro: no me gustaba ser mamá en esas condiciones”.

La depresión post parto es un tema todavía tan tabú que demoró mucho el pedido de ayuda.

“El click fue cuando mi hijo ya tenía un año y medio. Dos amigas se casaban y decidieron hacer las despedidas de solteras en Río de Janeiro. Lo contaron en el grupo y las que eran mamás de bebés contestaron ‘¡vamos!’. Cuando lo leí dije ‘¿qué?’, yo no puedo ir ni al supermercado. Me largué a llorar con una angustia tremenda y le dije a mi marido ‘esto no puede ser’”.

Karen Barg
Juntos

Fue en ese contexto que Karen llamó al psiquiatra y que el médico le puso nombre: “Depresión post parto”. Tuvo que dejar de amamantar -resistir a esa culpa también- para volver a tomar medicación, y empezar terapia. Para entonces, la enfermedad ya había dejado un tendal: su trabajo como maquilladora había desaparecido, había engordado mucho y su matrimonio pendía de un hilo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) al menos 1 de cada 10 madres sufre depresión post parto. “Al menos” significa que es una enfermedad subdiagnosticada. Hay dos razones por las que muchas no piden ayuda. El estigma que significa tener una enfermedad vinculada a la salud mental es una. La otra es que la depresión se produce en el supuesto “momento más feliz de tu vida”.

No hay que confundirla con el llamado “baby blues”, esa “montaña rusa emocional” que viven el 80% de las nuevas madres. El “baby blues” suele durar semanas, la depresión más de un año. El primero se atenúa con el tiempo, la depresión puede escalar hasta el rechazo por el hijo e incluso pensamientos sobre hacerse daño y dañar al hijo.

Karen Barg
Karen con su hijo

“¿Cómo afectó a la pareja? Nos cambió todo, al punto que hoy, cinco años después estamos separados”, lamenta Karen.

“Es que no es igual cuando la depresión está cruzada por la maternidad. Es muy difícil decir ‘no siento ese amor’ y pedir ayuda. Por eso creo que fue tan larga. La depresión post parto duró un año y medio; después yo tuve otro episodio que no tenía que ver con la maternidad y me duró un mes”.

Después

El tratamiento psiquiátrico sumado a la terapia psicológica le permitieron, tras varios meses “sentir que mi vida se empezaba a rearmar”, cuenta. “Aún así me costó un tiempo más sentir ese amor de madre a hijo, ese amor de ‘yo por vos doy todo’. Recién ahí entendí qué era eso del ‘amor de mi vida’”, sonríe.

Karen Barg
“A veces mi hijo me pregunta ‘¿cómo fue el día que nací?’", cuenta

Karen es ahora una maquilladora reconocida en redes, donde tiene 225 mil seguidores. Y esta semana, viendo reels de Instagram, escuchó a un pediatra que decía: “Estas son las frases que le podés decir a tus hijos y que los van a ayudar a sentirse seguros: ‘El día que naciste fue el más feliz de mi vida’”.

Escuchó y se marchitó: qué pesado el mandato de felicidad en la maternidad, ¿no? “A veces mi hijo me pregunta ‘¿cómo fue el día que nací?’. Yo no le quiero mentir, pero la verdad es que fue uno de los peores días de mi vida. Esto es como una estaca clavada, te lo cuento ahora y todavía se me parte el corazón”, confiesa.

Karen Barg
Empezando a disfrutar de la maternidad

“Ahora estoy bien pero igual hay algo muy curioso. La culpa es tan grande que todo el tiempo intento compensar ese año y medio. Como ‘yo no estuve para vos en ese momento, ahora…’. Sigo luchando contra eso, porque parece que siempre estoy en falta: sigo tratando de no caer en esa trampa”, se despide.

Todavía cuesta mucho ver la depresión como una enfermedad que no se cura con amor, tampoco con el de los hijos. Recién ahora Karen está pensando en correrse de ese lugar para contárselo a su hijo de otra manera: “Mamá estaba enferma, lo que pasa es que no lo sabía”.

Seguir leyendo:

Últimas Noticias

La tragedia del MS Estonia: cómo una falla en la puerta de proa provocó el naufragio que dejó 852 víctimas

El buque se llenó de agua en apenas media hora desde el primer llamado de auxilio, mientras que las bajas temperaturas del mar Báltico redujeron drásticamente las posibilidades de supervivencia

La tragedia del MS Estonia: cómo una falla en la puerta de proa provocó el naufragio que dejó 852 víctimas

La tragedia de Superga: cómo una densa neblina acabó con el Torino, el mejor equipo del fútbol italiano en 1949

Un accidente aéreo a minutos de aterrizar en Turín mató a 31 personas, entre ellas casi todo el plantel del Grande Torino, y dejó una herida que marcó para siempre la historia del club y de una ciudad entera

La tragedia de Superga: cómo una densa neblina acabó con el Torino, el mejor equipo del fútbol italiano en 1949

A mis 74 años, la alta montaña me puso a prueba: 5 días de trekking desde Tilcara hasta Calilegua entre la puna andina, la selva de montaña y la cultura de Jujuy

El viaje arranca en Salta y sigue con días de prueba en la Quebrada de Humahuaca. Oídos, respiración y ritmo bajo control antes de la primera etapa larga. La montaña espera más arriba

A mis 74 años, la alta montaña me puso a prueba: 5 días de trekking desde Tilcara hasta Calilegua entre la puna andina, la selva de montaña y la cultura de Jujuy

La foto acertijo: ¿Quién es esta niña que cantó a los 16 frente al Papa Juan Pablo II y años después conquistó al mundo con su voz?

Creció en una familia de 14 hermanos en un pequeño pueblo de Quebec y encontró en la música un refugio frente al bullying. A los 12 años compuso la canción que cambió su vida y la llevó, de la mano de su descubridor y futuro marido, a convertirse en una de las voces más famosas del planeta

La foto acertijo: ¿Quién es esta niña que cantó a los 16 frente al Papa Juan Pablo II y años después conquistó al mundo con su voz?

Encendió los deseos más ardientes en el París de la Belle Époque y terminó sus días consagrada a Dios: la vida de Liane de Pougy

Brilló como bailarina, fue cortesana, princesa y tuvo relaciones con mujeres y hombres que la convirtieron en leyenda. Pero la muerte de su hijo en la guerra dejaría un vacío que ni las joyas ni las pasiones de la carne podrían llenar. La historia de la mujer cuya vida representa la parábola perfecta entre la perdición de la carne y la redención del espíritu

Encendió los deseos más ardientes en el París de la Belle Époque y terminó sus días consagrada a Dios: la vida de Liane de Pougy