El diputado nacional Guillermo Montenegro junto a su esposa, Eugenia Pruzzo, y sus mellizos Martina y Simón, de dos meses. Foto: Christian Heit/GENTE
El diputado nacional Guillermo Montenegro junto a su esposa, Eugenia Pruzzo, y sus mellizos Martina y Simón, de dos meses. Foto: Christian Heit/GENTE

"La imagen del agujero que dejó el ARA San Juan en el muelle es horrible. Yo me crié adentro de la Base Naval: soy hijo de un submarinista. Mi papá, que se llama como yo y tiene 85 años, fue capitán del Salta, el único que quedó allí. Ahí aprendí a nadar, a andar en bicicleta, a jugar al fútbol… Iba a una playita con los otros hijos de oficiales y suboficiales. Conocía personalmente a varios de los que iban en el submarino. Me afectó muchísimo", dice con tristeza el diputado nacional Guillermo Montenegro.

A los 56, después de vivir casi tres décadas en Buenos Aires, decidió regresar a su ciudad natal, Mar del Plata. Aunque aún no lo hizo oficial, su intención es presentarse por Cambiemos como candidato a intendente del Municipio de General Pueyrredón. Además de su propio dolor por las 44 víctimas del submarino, el legislador es vicepresidente de la Comisión Investigadora Bicameral sobre la tragedia del ARA San Juan.

"Es clave saber qué pasó y que no vuelva a ocurrir. Fue importante, además, que el Gobierno nunca haya cejado en buscar al submarino. Cuando uno investiga, se da cuenta de que en otros hundimientos no se insistió tanto tiempo ni se usaron los recursos que existieron para localizar al San Juan. La de seguir adelante con la búsqueda fue una decisión política de Mauricio (Macri)", señala.

-Hubo familiares que hasta se encadenaron para que eso suceda…

–Yo hablé con ellos, pero no tengo dudas de la decisión del Presidente. Porque había tiempos que respetar para la contratación de una empresa. Y al final, el submarino apareció en el lugar donde se lo estaba buscando. Hoy, con el análisis de las fotografías y filmaciones, se podrán determinar mejor las causas. Sabemos que venía con problemas, por un principio de incendio en las baterías a causa del ingreso de agua marina, algo considerado por los submarinistas –incluyo a mi padre– como algo severo. Además, la condición del mar era compleja.

–¿Estaba apto para salir a navegar?

–El comandante y la dotación del submarino no habrían salido si las condiciones no lo permitían.

–¿Puede un marino decir que no sale?

–Sí. Es una pregunta que les hice a todos los submarinistas que vinieron a la Comisión. Y todos me aseguraron que en alguna ocasión no habían salido y luego tuvieron un ascenso. Son muy detallistas. Pero la evaluación final la tiene el comandante.

La familia completa: Montenegro con sus tres hijos mayores (Guadalupe, Joaquín y Gonzalo), su esposa y los mellizos. Foto: Christian Heit/GENTE
La familia completa: Montenegro con sus tres hijos mayores (Guadalupe, Joaquín y Gonzalo), su esposa y los mellizos. Foto: Christian Heit/GENTE

LLEGARON LAS CIGÜEÑAS. En la vida de Montenegro hay algo que desde hace dos meses le quita parte del sueño: fue padre de mellizos –Martina y Simón– junto a su mujer, Eugenia Pruzzo (40, abogada).

"Se duerme menos, pero con mucha felicidad. La paternidad rejuvenece, es así. Los buscamos y esperamos mucho. Te cambian la vida. Y tienen que ver también mis tres hijos mayores: Guadalupe (25), Joaquín (20) y Gonzalo (19). La mayor es estudiante avanzada de Medicina y nos pidió estar en el parto. Hablamos con el médico y la autorizó. Se me cayeron las lágrimas viendo cómo ella recibía a un hermano mientras yo sostenía al otro", cuenta, otra vez emocionado.

Su identificación con La Feliz es plena. "De chico viví en La Perla y en el Centro. Y desde hace dos años, en Playa Grande. Soy hincha y socio de Alvarado; voy a la cancha. Con Facundo Moyano, otro fana, estuve en un par de cenas juntando plata para el club. Y en básquet soy de Peñarol".

–¿Por qué decidió regresar?

–Siempre quise volver. Yo terminé el secundario en el colegio Peralta Ramos y me mudé a Buenos Aires para estudiar Derecho. Al poco tiempo conseguí entrar de pinche en Tribunales. Cuando fui embajador en Montevideo, que es muy parecido a Mar del Plata, dije: "Me vuelvo". La convencí a mi mujer… pero iba de a poco y pasó algo (sonríe).

–¿Qué sucedió?

–Yo cumplo años el 30 de diciembre. Alquilé una casa muy linda como para ir aclimatándonos, y vino a saludarme María Eugenia Vidal. Entró y le preguntó a mi mujer: "¿Ésta es la casa donde van a vivir?". Ahí se me complicó el plan, jaja… Pero mi mujer me banca en todo.

–¿La vuelta fue acompañada por la decisión de ir por la intendencia?

–No. Sí para trabajar en política y en solucionar los problemas locales: calles, obras, seguridad… Me encantaría ser intendente de mi ciudad, pero hablar de candidaturas hoy está lejos todavía. Tengo experiencia, un equipo a partir de la Fundación Pensar Mar del Plata, y busco soluciones a partir de lo que me dice la gente en la calle.

–¿Del uno al diez, qué puntaje le pone a la gestión de Carlos Arroyo, también de Cambiemos?

–(Piensa) Un cuatro. Falló en la relación con los gobiernos nacional y provincial. No hubo ni un solo municipio que no haya tenido obras. En Mar del Plata se hicieron, pero deberían haber sido más.

Guillermo Montenegro y una habitual caminata por Playa Grande con Paco, su perro. Foto: Christian Heit/GENTE
Guillermo Montenegro y una habitual caminata por Playa Grande con Paco, su perro. Foto: Christian Heit/GENTE

–¿Cómo es su relación con la gobernadora Vidal?

–Somos amigos. Venimos trabajando en equipo desde hace más de doce años. Tiene que ver con lo laboral y lo familiar. Conoce a mis hijos… Para los tres mayores ella es "Mariu". Cuando vino a mi cumpleaños la acompañaba su hija Camila, que tiene la edad de los varones.

–¿Cree que será reelecta en la provincia de Buenos Aires?

–Sí, por lo que hizo: alrededor de 400 obras más en tres años que en todo el período del kirchnerismo. Y fundamentales, como las que se hicieron para evitar inundaciones en La Plata, por ejemplo. Hay cambios que no se dan de un día para el otro, pero cada día se hacen cosas.

–Vuelvo a Mar del Plata. Tiene, junto a Rosario, el mayor índice de desocupación del país. ¿Cómo se resuelve?

–Eso es histórico. Tiene que ver con cuestiones como el trabajo estival, la lógica del empleo. Hay que apostar a más sectores, como el fruti-hortícola, que se puede convertir en la huerta de la Argentina, con 26 mil puestos de trabajo directos. Hay que mejorar la logística para incrementarlo. También a la excelencia gastronómica durante todo el año, para atraer más turismo –hoy llegan seis vuelos diarios, el tren, la autopista…–. Lo probamos con éxito con la Feria Masticar Mar y Sierra en febrero. Hay un parque industrial fuerte que debe ser potenciado. Si Mar del Plata tiene problemas es porque tiene oportunidades.

–Pero en un contexto económico como el actual, ¿cómo?

–Hay que ponerle mucha cabeza. Generar una agenda de eventos importantes: deportivos, artísticos, empresariales. Si queremos ser una ciudad de servicios, tenemos que brindarlos no sólo en los hoteles y restaurantes. Y ni hablar de la posibilidad para las empresas de tecnología.

Montenegro no escapa a los deberes de padre.
Montenegro no escapa a los deberes de padre.

–¿Podría convertirse en un polo tecnológico?

–Sí. Primero porque muy cerca está Tandil, que ya lo tiene. Hay universidades. El otro día estuve en InfoLab, un laboratorio de análisis forenses único en América latina. Debemos buscar que las empresas de tecnología nos elijan, y desde la currícula de las escuelas trabajar en formar el recurso humano. Hoy, esas compañías podrían tomar más gente, pero no hay suficiente personal capacitado disponible.

–Otra cosa que alarma en Mar del Plata es la inseguridad.

–Y es por lo que están combatiendo María Eugenia y Cristian (Ritondo): el narcotráfico, que atraviesa todos los barrios. Hay falta de asfalto, de apertura de calles, cloacas, iluminación de espacios públicos, agua potable. Son cosas que debe planificar una intendencia, porque donde no aparece el Estado lo hace el narcotráfico. En los lugares donde el trabajo policial mejoró, también se avanzó con otros aspectos: una mejor escuela, una mejor biblioteca y una mejor cancha de fútbol, para incluir.

por Hugo Martin
fotos: Christian Heit

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