El ministro de salud Adolfo Rubinstein (Fotos Fabián Mattiazzi)
El ministro de salud Adolfo Rubinstein (Fotos Fabián Mattiazzi)

Este viernes a las cinco y media de la tarde, el ruido de la ola de mujeres que inundaron los alrededores del Congreso sigue resonando en los pasillos del Ministerio de Salud. Después de casi 24 horas de sesión, la Cámara de Diputados le dio media sanción al proyecto de aborto legal, seguro y gratuito.

En el histórico edificio de la avenida 9 de Julio, esto se vive como un acto de justicia. Allí, en el tercer piso, nos espera Adolfo Rubinstein (60) quien, además de ser hincha de River, papá de Florencia y Federico (mellizos de 25), es el funcionario a cargo del área, que expresó su posición sobre el tema desde febrero, cuando el presidente Mauricio Macri habilitó el debate.

"Más allá de la ampliación de derechos que significa para las mujeres, éste es un problema de salud pública. Las consecuencias del aborto clandestino afectan la salud de muchas mujeres expuestas a prácticas muy inseguras, que terminan en los hospitales, si no en la muerte. Entonces, es algo de lo que definitivamente uno debe dar cuenta. No se podía seguir soslayando el tema", dice el ministro, quien además cuenta que Macri no lo consultó antes de habilitar el debate, pero tampoco lo presionó a la hora de mostrar su posición.

El mapa muestra en verde los países en los que el aborto es legal.
El mapa muestra en verde los países en los que el aborto es legal.

¿Cuántos abortos se realizan por año en la Argentina?

"El número se desconoce, pero según un estudio muy serio que se realizó en 2005 tomando como parámetro el número de internaciones y muertes por abortos más la tasa de nacidos vivos, se estima que se hacen entre trescientos cincuenta y quinientos mil abortos clandestinos por año", explica Rubinstein.

–¿Cómo podría explicar el valor de esta ley?

–Desde la salud pública el objetivo es disminuir la morbilidad, la mortalidad del aborto en condiciones inseguras, y eso se hace achicando las disparidades que existen. La discusión es si vamos a seguir tolerando el aborto clandestino, que sigue complicando sobre todo a las mujeres más pobres. Debemos darnos un baño de realidad y entender que ésta no es una cuestión de convicciones o creencias. Yo, como Estado, tengo que garantizar la salud y la seguridad ante una realidad. El aborto ya está: no es una discusión de aborto sí o aborto no. Todos estamos a favor de la vida.

El ministro de salud Adolfo Rubinstein (Fotos Fabián Mattiazzi)
El ministro de salud Adolfo Rubinstein (Fotos Fabián Mattiazzi)

–Muchos intentaban plantearlo de esa manera: "A favor o en contra de la vida".
–Claramente no es "aborto sí" o "aborto no". Creo que esto fue expresado por mí y por todo el mundo. Nadie está a favor del aborto ni de que sea una solución anticonceptiva. Es una tragedia, una decisión que ninguna mujer desea tomar. Pero bueno, como Estado podíamos seguir tapándonos los ojos, diciendo "se siguen muriendo las mujeres", o comenzar a definir un marco legislativo que proteja a aquellas que decidan interrumpir su embarazo, dentro de ciertos límites.

–¿Catorce semanas de gestación le parece el período indicado?

–Los límites que se han impuesto son doce o catorce semanas. Tiene que ver con que es el primer trimestre donde se da el desarrollo embrionario. Después, el feto adquiere otras características y van apareciendo ciertas funciones, y allí uno puede comenzar a definirlo como persona humana. El límite pasa por allí.

–¿Cuándo empieza la vida humana?

–Es difícil determinarlo. Alguno puede decir que la vida comienza en el momento de la concepción. Pero la vida comienza antes. ¿Qué quiere decir "vida", científicamente? Vida es el momento en que hay reproducción. Pero una célula se puede reproducir, un cuerpo se puede reproducir. El espermatozoide que va en busca del óvulo para fecundarse también tiene vida. El tema es cuándo se considera persona humana, y tampoco es una posición tan sencilla.

–¿Siendo que hablamos de aborto clandestino, de dónde surgen los datos duros que maneja el Estado?

–De los egresos hospitalarios registrados por aborto. El último año dice que fueron 47 mil sólo en el sector público. ¿Cuántos abortos hay en el sector privado? No lo sabemos, y el cincuenta por ciento de las camas en la Argentina son privadas. Es desproporcionada la cantidad de abortos complicados que se producen entre las mujeres pobres respecto de las de más recursos.

–Eso nos lleva a la famosa frase de René Favaloro: "Estoy harto de que se nos mueran chicas pobres para que las ricas aborten en secreto".
–Totalmente. Las mujeres pobres se someten a intervenciones absurdas… No te digo el famoso perejil o las agujas de tejer, pero no están muy lejos. Se realizan abortos en manos de gente que no es profesional, en sitios muy precarios que complican todo. Infecciones, por ejemplo, y llegan al hospital muy graves en muchos casos. En cambio, las mujeres con más recursos lo hacen en clínicas clandestinas mejor montadas o compran pastillas carísimas y se arriesgan menos.

–Se habló mucho del gasto del Estado. ¿Legalizar el aborto va a achicar o a agrandar el presupuesto?

–El Estado está en condiciones de enfrentarlo. Cuando yo te digo que hay casi 50 mil internaciones por abortos complicados en el país, hablamos de muchas mujeres que casi se mueren, otras que son sometidas a grandes operaciones, además de las que se quedan en el camino. De ésas, muchas no salen bien y quedan con consecuencias a largo plazo, como insuficiencias. Todo ese proceso es costosísimo para el sistema de salud. Hoy, la interrupción del embarazo en las primeras semanas es farmacológica. Hay medicamentos, como el misoprostol, y existen procedimientos mínimamente invasivos, como la aspiración manual, que no es el famoso raspaje que se hacía antes. Los procedimientos son poco riesgosos, lo que achica los costos.

–¿Pudo hablar con Carrió, que se mostró firmemente en contra del proyecto?

–No, no hablé con Lilita. En este tema se cruzan muchas cosas como las creencias, las convicciones. Y a veces es muy difícil un debate donde hay cuestiones profundas de fe. Pero la Argentina es un Estado laico y éste es un problema de salud pública. No es mi incumbencia meterme en cuestiones de creencias personales. Yo debo actuar como ministro de Salud Pública.

–Es difícil compararse con Francia, Alemania o los países nórdicos, que legalizaron el aborto. ¿Cuál es el espejo en el que debemos mirarnos?
–El espejo es hacia dónde debemos ir. Debemos insertarnos inteligentemente en el mundo. Tenemos que mirar hacia los países desarrollados, a esas sociedades que han evolucionado distinto. Y esta ley nos ubica ahí. Uruguay también es un buen espejo para nosotros, porque somos muy parecidos.

–Esta ley fue totalmente transversal. ¿Cree que achicó la grieta?

–Es un efecto no previsto. El hecho de que Silvia Lospennato (PRO) se abrazara en Diputados con Vicky Donda, o que Fernando Iglesias (PRO) votara igual que los kirchneristas, creó otra grieta transversal, pero los dejó del mismo lado. Cuando esto termine, quizás se miren distinto. Ha sido un debate muy maduro, que implica una evolución de nuestra sociedad.

Siento que esta ley es imparable

–La ola verde parece imparable. ¿Cree que la ley se aprobará en el Senado?

–A veces los movimientos históricos son indetenibles. Si hiciéramos un conteo, diría que no pasa ni loco, porque la mayoría de los senadores son conservadores. Pero en Diputados era parecido. Cuando se desatan las fuerzas, la dinámica de la historia es imposible de parar. Y siento que esta ley es imparable.

Por Julián Zocchi.
Fotos: Fabián Mattiazzi.