Florencia Peña (Foto GENTE)
Florencia Peña (Foto GENTE)

Florencia Peña (43) es feminista, es libre y es clara a la hora de explicar cómo pone en prácticas estas premisas en su vida.

¿Y cómo enfrentarás a tus haters cuando vean a una feminista posando tan sexy en esta producción?

–No soy la más linda, ni la más alta, ni la que tiene mejores piernas. No entreno quince horas ni me obsesionan las formas. Me veo como un todo: físico, mente y espíritu, y me gusto. Quiero a mi cuerpo, lo valoro y elijo qué hacer con él. El feminismo no es taparse para no ser cosificada, sino entender que no hay un solo modelo de belleza. Y yo disfruto de compartirme así: sexy, "intelectual", madre de tres hijos y actriz de cine y teatro. Loco, ¿qué pasa? ¡Me siento plena! No vengan a decirme qué debo ser y hacer con mi cuerpo. El problema es siempre de quien mira…

–¿Y de quien opina?

–Uff! Vivimos en un país demasiado voyeurista, en el que todos opinan pero no todas las opiniones son "a lugar". Y la tele "barata", ligada forzosamente a los costos de hoy, fomenta esos espacios "haters" con tanto panelismo. De un posteo personal en redes arman todo un debate, pero un mal debate, el del "así debe ser". Hay panelistas geniales convencidos de su profesión, pero también quienes sin saben qué hacer con su vida, y tal vez por querer estar de este lado, convierten el resentimiento en vocación. Siempre pienso: ¿la ley de medios debería haber contemplado que la cuota de producción nacional de la que hablaban no era de "cualquier cosa", y estipulado un porcentaje mayor a la ficción? Por eso ya no veo, ni me engancho. En Instagram encontré mi espacio y quien tenga ganas de entrar, bienvenido sea.

–¿Qué nos falta aprender como argentinos?

–Aprender a desarmar ese mecanismo tan arraigado de oponerse a las libertades  del otro aunque en nada afecten la felicidad propia. Tan repetido en la lucha por cualquier derecho. Que vivir en sociedad también es sacar la cabeza y mirar a los demás. Hay una frase budista que me resulta un buen ejercicio: "unidad en la diversidad".

Por Sebastián Soldano