
El cardiólogo Manuel de la Peña sostiene que la delgadez es una característica que observa entre las personas supercentenarias, aquellas que superan los 110 años, y la relaciona con una menor exposición a los riesgos metabólicos y cardiovasculares asociados con la obesidad. El presidente del Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social afirma que el patrón también se observa, en términos generales, entre las personas centenarias.
“Todas las personas de más de 110 años, los conocidos como supercentenarios, tienen el mismo denominador común: ser flacos y flacas”, señaló De la Peña. El especialista añadió que es “rarísimo” encontrar personas con obesidad entre quienes alcanzan esas edades. Esta observación, sin embargo, no demuestra que la delgadez sea una condición universal de la longevidad extrema ni que, por sí sola, explique alcanzar esas edades.
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La pérdida progresiva de piezas dentales y de masa ósea en los maxilares modifica la alimentación durante la vejez, de acuerdo con el cardiólogo. Esa condición favorece una dieta blanda compuesta por cremas de verduras, cereales y frutas con fibra y prebióticos, además de baja en calorías. Estos cambios pueden dificultar la masticación y favorecer el consumo de alimentos blandos, aunque no necesariamente conducen a una dieta baja en calorías ni garantizan una alimentación equilibrada.

De la Peña relacionó esa dieta con una microbiota que describió como juvenil y con una menor exposición a los riesgos del exceso de peso. “Los centenarios se pasan al consumo de una dieta más blanda a base de cremas de verduras, cereales y frutas ricas en fibra, en prebióticos, y bajas en calorías”, explicó.
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La grasa visceral y más de 200 enfermedades asociadas
La obesidad genera un estado inflamatorio crónico en los tejidos y está vinculada con un mayor riesgo de numerosas enfermedades, según De la Peña. Para el médico, mantener un peso adecuado contribuye a reducir algunos riesgos metabólicos y cardiovasculares. La Organización Mundial de la Salud reconoce la asociación entre obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y determinados tipos de cáncer, entre otras patologías.
El especialista también describió el tejido adiposo como una glándula endocrina alterada. Añadió que los microictus indoloros sufridos desde los 70 años pueden causar pérdidas cognitivas en personas que descuidan la tensión arterial, el sobrepeso o el colesterol LDL.
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La constitución física no es el único rasgo que De la Peña asocia con la longevidad. Las personas que superan los 110 años, indicó, suelen mantener serenidad emocional y evitar hábitos como el tabaquismo y el consumo abusivo de alcohol.
Los paseos frecuentes, la música y la preservación de la paz interior forman parte de las prácticas que el médico menciona entre los apoyos cotidianos de quienes alcanzan edades avanzadas. De la Peña también aconseja limitar los ultraprocesados y las grasas saturadas.
Dieta mediterránea, ayuno y control del peso
La dieta mediterránea, el ayuno intermitente 16/8 —un patrón de alternancia entre ayuno y alimentación— y la restricción calórica moderada figuran entre las fórmulas que De la Peña propone para ralentizar el envejecimiento celular. El objetivo, según su planteo, es evitar la acumulación de grasa visceral y reducir la inflamación crónica.
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El control periódico de los principales marcadores analíticos acompaña esas pautas nutricionales. El cardiólogo considera que sostener un peso corporal adecuado puede retrasar la aparición de procesos inflamatorios celulares y favorecer una vejez funcional.
De la Peña es autor de Guía para vivir sanos 120 años, una obra centrada en los hábitos de las personas longevas y las denominadas zonas azules, regiones con una proporción elevada de centenarios. También dirige la Cátedra del Corazón y Longevidad, es profesor de cardiología, investigador y doctor cum laude en Medicina.
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