La ONU instituyó el 1 de octubre como Día Internacional de las Personas Mayores el 14 de diciembre de 1990, con el objetivo de impulsar acciones de sensibilización sobre su lugar en la sociedad y los desafíos del envejecimiento. La fecha pone el foco en una población que vive más tiempo y requiere condiciones para sostener su autonomía, vínculos, participación y proyectos.
La llamada nueva longevidad no se limita a acumular años de vida ni debe asociarse automáticamente con enfermedad, dependencia, pérdida de capacidades o declive. Graciela Spinelli, licenciada en Gerontología del Centro Los Pinos, explicó a Infobae que implica asumir la edad sin renunciar a redefinir los deseos y las posibilidades para los años venideros.
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La nueva longevidad, según Spinelli
—¿Qué significa hablar hoy de una “nueva longevidad” y qué cambios implica respecto de la manera en que tradicionalmente se pensaba la vejez?
—Estamos en un momento de gran cambio social. Ya hemos escuchado que la gente vive cada vez más. La gran pregunta es cómo y de qué depende. El término “nueva longevidad” no significa solo vivir más años, sino vivirlos de una manera diferente, sin asociarlos con enfermedad, declive, dependencia o pérdida de capacidades.
Las personas llegan a ser longevas y muy activas. Como decía Enrique Pinti, logran tener sus ilusiones sin reuma. O como expresó Clint Eastwood: “No dejo que el viejo entre en mí”. Esto no implica negar la edad que se tiene, sino asumirla y, aun así, no detenerse.
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Ya no se pueden repetir viejos modelos. Deberíamos reparar en los nuevos modelos de viejo y entender que no hay una única manera de envejecer. Tampoco es totalmente cierto que se envejece como se vive, porque cualquier persona puede llegar a esta etapa, replantearse qué quiere para los años que tiene por delante y mover toda la estantería.
Hay personas mayores que trabajan, estudian, viajan, emprenden nuevos caminos, participan de organizaciones, aprenden nuevas formas de relacionarse, construyen nuevos vínculos o ponen en marcha proyectos que estaban guardados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el envejecimiento saludable como el proceso de desarrollar y mantener la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez. Esa capacidad funcional se sostiene con un cuerpo flexible y una mente flexible. Los prejuicios no pueden venir de las mismas personas mayores, que se limitan a decir: “Esto ya no es para mí”.
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Hay que animarse a enamorarse y a reinventarse en una sociedad cambiante, donde el objetivo no sea simplemente llegar a ser longevo por cumplir 90 años o más, sino agregar vida a esos años.
Desafíos cotidianos: soledad, brecha digital y accesibilidad
—¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las personas mayores en la vida cotidiana y qué aspectos todavía requieren mayor atención por parte de la sociedad?
—Hoy, llegar a la etapa de la vejez no se compara para nada con el pasado. Esta etapa ya no está marcada por el cese de la vida laboral, porque una persona, si puede elegir, quizás no se jubila a los 60 o 65 años. Por el contrario, decide seguir todo lo que pueda.
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Esto es muy importante para el curso de su vida, porque también es una forma de trascender o transmitir un legado, darle un propósito a su existencia y sentirse valorada y respetada.
Sabemos que desde hace años baja la tasa de natalidad y sube la expectativa de vida. ¿Por qué razón, entonces, se sacarían de circulación a las únicas personas que podrán sostener las necesidades cambiantes de la sociedad?
No se trata de extender la edad de jubilación, porque sabemos que los sistemas económicos se verían fuertemente resentidos. Se trata de evaluar las formas y dar la posibilidad de elegir cómo jubilarse, cuándo y en qué circunstancias. Sin olvidar que una persona que sigue trabajando después de haberse jubilado también continúa aportando a la caja previsional.
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Es un momento de plenitud. Cada vez más personas deciden continuar trabajando aun después de jubilarse, quizás con otros tiempos y exigencias, o en algo totalmente distinto de lo que hicieron durante su juventud.
—La soledad aparece como uno de los grandes desafíos de esta etapa. ¿Cómo impacta en la calidad de vida de las personas mayores y qué estrategias pueden ayudar a prevenirla o abordarla?
—Los desafíos son diversos y no son exclusivamente de orden médico. La soledad y el aislamiento social ocupan un lugar central: la vejez es una etapa de pérdidas, de roles y de vínculos significativos.
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También existen dificultades económicas que no permiten un adecuado autocuidado. Está la brecha digital, que no se produce por una falla en la capacidad de aprender, sino porque no se contempla el apoyo que debe acompañar la velocidad de estos cambios. Eso genera dificultades para acceder a servicios.
Los problemas de movilidad y transporte también son centrales. Las ciudades amigables y accesibles son una necesidad concreta. De ello depende que no se produzca un efecto cascada: las personas que se mueven en ámbitos poco accesibles o con barreras arquitectónicas tienen mayores índices de caídas o accidentes. Eso requiere más atención en unidades de emergencia y un incremento significativo de recursos humanos para el cuidado y el apoyo en las actividades de la vida cotidiana.
El edadismo, o la discriminación por edad, queda obsoleto en una sociedad envejecida, porque esa misma sociedad necesitará de todos, sin importar la edad.
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Celebrar el 1 de octubre como el Día Internacional de las Personas Mayores es una forma de visibilizar aquello que ya existe y forma parte de la cotidianeidad. Es necesario que reparen en ello quienes todavía caminan con anteojeras, porque estas personas están por donde vayas y son cada vez más visibles. La participación social activa forma parte del cuidado que debemos brindar.
Tal vez así se tome conciencia de una regla universal: “Tratá como te gustaría que te traten”. Entonces no tendremos que hablar de maltrato y violencia hacia las personas mayores.
En todas las etapas de la vida necesitamos a alguien que nos acompañe y nos permita sentirnos valorados. Hay que dejar de preguntar solamente “¿qué necesita esta persona mayor?” y empezar a preguntar también “¿qué quiere hacer?, ¿qué puede hacer?, ¿qué decisiones quiere tomar y qué apoyos necesita para conseguirlo?”.
Señales de alerta para la detección temprana del deterioro cognitivo
—¿Qué lugar ocupa el deterioro cognitivo dentro de las preocupaciones vinculadas al envejecimiento y qué señales deberían tenerse en cuenta para favorecer una detección temprana?
—Es una preocupación importante. Hay que ocuparse de aprender a qué se refiere. Vejez no es igual a deterioro cognitivo. Existe un deterioro cognitivo propio de la edad, porque el cerebro envejece como cualquier otro órgano del cuerpo. Pero hay dos puntos fundamentales. Por un lado, el solo paso del tiempo no indica deterioro cognitivo, ya que esto también depende de qué tan activa se haya mantenido una persona.
La neuroplasticidad construye nuevos caminos de comunicación entre neuronas. Se puede ir por otro camino y, aun así, avanzar. Por otro lado, determinados cambios persistentes en la memoria, el pensamiento, la orientación o la capacidad para realizar actividades cotidianas merecen ser observados para determinar si es necesaria una consulta profesional.
Los olvidos frecuentes son señales de alerta: olvidos de acontecimientos recientes; perder objetos repetidamente; desorientarse en lugares conocidos; perder la noción del tiempo; tener dificultades para encontrar palabras o mantener una conversación; problemas para resolver situaciones habituales; dificultades nuevas para manejar dinero o tomar decisiones; problemas para realizar tareas que antes hacía con normalidad, y cambios importantes de conducta o personalidad.
En 2026, la OMS publicó nuevas recomendaciones en las que señaló que una proporción importante del riesgo de demencia está relacionada con factores modificables, entre ellos la inactividad física, el aislamiento social y algunas enfermedades crónicas.
Sistemas de salud ante el envejecimiento de la población
—Si las personas viven cada vez más años, ¿qué cambios deberían producirse en los sistemas de salud, cuidados y acompañamiento para responder a esta nueva realidad?
—Estos serán parte de los desafíos de las próximas décadas. No se trata solo de atender enfermedades agudas. Una población que vive más años necesita fortalecer todavía más las acciones destinadas a la prevención y a la promoción de la salud.
Si los sistemas de salud están solo para recibir pacientes con enfermedades crónicas, ya llegamos tarde. Necesitamos sistemas preparados para fomentar y divulgar buenos hábitos, y para ayudar a las personas a tomar conciencia de que podemos ser artífices de nuestra forma de envejecer mucho más de lo que pensamos.
Tomar conciencia sobre el autocuidado, los hábitos saludables, la actividad física y el manejo del estrés le gana a la genética. Hoy, muchas personas llegan a la vejez con patologías que podrían haberse evitado. Los profesionales de la salud y todo el sistema sanitario no podemos seguir corriendo detrás de la zanahoria: no habremos aprendido nada.
Será necesario prepararnos para acompañar enfermedades crónicas, dependencia, discapacidad, rehabilitación, salud mental, prevención y cuidados prolongados, sin olvidar que antes hay mucho por hacer.
La OMS propone grandes líneas de acción: cambiar la forma en que pensamos y tratamos la vejez para combatir el edadismo; construir comunidades y entornos accesibles y amigables para las personas mayores, y desarrollar una atención integrada y centrada en la persona, especialmente desde la atención primaria.
La nueva longevidad nos obliga a pensar que ya no se trata solamente de cómo cuidar a las personas cuando envejecen, sino de cómo construir una sociedad en la que puedan seguir viviendo con autonomía, vínculos, participación, dignidad y proyectos durante esos años.
Ahí la gerontología adquiere un papel central: no solo atender el envejecimiento, sino ayudar a comprenderlo, prevenir situaciones de dependencia evitable y diseñar apoyos para que cada persona pueda vivir su propia vejez de acuerdo con sus deseos, capacidades y circunstancias.
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