
La práctica frecuente de actividad física podría ofrecer beneficios más profundos para la salud de lo que se pensaba. Un estudio de la revista científica Nature Aging determinó que el entrenamiento constante puede revertir signos de envejecimiento genético en los músculos de personas mayores, según reportaron medios internacionales. La investigación, desarrollada por un equipo de la Universidad de Ámsterdam, muestra que quienes se mantienen activos conservan tejidos musculares con características genéticas más jóvenes frente a quienes llevan una vida sedentaria.
De acuerdo con el portal especializado Prevention, los investigadores analizaron tanto a adultos mayores como a jóvenes, realizando una sesión de ejercicio de intensidad moderada. El análisis de las muestras musculares reveló diferencias notables en la expresión de ciertos genes y en marcadores celulares vinculados al paso del tiempo, sobre todo en quienes seguían una rutina exigente.
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Un estudio que explora la biología del envejecimiento

El equipo encabezado por Georges E. Janssens, profesor asistente en el Laboratorio de Enfermedades Metabólicas Genéticas del Centro Médico Universitario de Ámsterdam, trabajó con 47 voluntarios, de los cuales 36 superaban los 65 años. Estos adultos mayores fueron organizados en tres grupos: quienes ejercitaban de manera habitual, quienes mantenían un nivel de movimiento normal y quienes tenían alguna discapacidad física.
Cada participante completó una sesión de bicicleta estática al 50 % de su esfuerzo máximo. Se tomaron biopsias de músculo antes y después de la actividad para examinar cambios en la expresión genética vinculados a la edad. Según Janssens, los mayores con hábito deportivo no presentaron cerca del 50 % de los cambios moleculares típicos del envejecimiento muscular, según detalló Prevention.
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El estudio también analizó los niveles de metabolitos relacionados con el NAD+, una molécula fundamental para reparar el ADN y mantener la salud celular. Aunque estos niveles disminuyen con el paso de los años, el grupo físicamente activo mostró una reducción mucho menor frente a los otros grupos. “Estos hallazgos resaltan el potencial del entrenamiento físico para mitigar cambios moleculares relacionados con la edad en los músculos”, señalaron los autores de la publicación.
Diferencias en la expresión genética y el metabolismo muscular

Una de las observaciones más relevantes fue que los mayores con mayor nivel de actividad física no experimentaron la caída en la expresión de ARN mitocondrial observada en los menos activos. La mitocondria, considerada la central energética de la célula, pierde eficiencia con los años y esto impacta la producción de energía y el metabolismo.
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El doctor Richard Dupee, jefe de geriatría del Tufts Medical Center de Boston, explicó que el ejercicio habitual preserva la salud del músculo esquelético al mantener vías relacionadas con la respiración mitocondrial, el metabolismo energético y el manejo de lípidos. Además, indicó que la pérdida de masa muscular y funcionalidad no es inevitable y que la actividad estructurada debe ser parte central de la atención geriátrica.
A pesar de estos beneficios, los investigadores aclararon que la actividad física no revierte todos los procesos biológicos vinculados al envejecimiento. Janssens subrayó que, aunque varios aspectos de la función mitocondrial se preservan, existen vías que no logran recuperarse completamente mediante la práctica deportiva.
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¿Cuánto ejercicio es necesario y cuáles son las recomendaciones?

El estudio observó que los mayores físicamente activos alcanzaban un promedio de 14.000 pasos diarios, el doble de los 7.000 pasos registrados en el grupo de personas “normalmente activas”. Los especialistas coincidieron en que los beneficios más notorios se observaron en quienes mantenían un ritmo de actividad excepcionalmente alto para su edad.
Las recomendaciones de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconsejan realizar al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, junto con dos sesiones semanales de entrenamiento de fuerza. El estudio de la Universidad de Ámsterdam refuerza estas pautas y sugiere que sostener una vida activa puede incidir directamente en la salud genética y muscular, disminuyendo el impacto del envejecimiento.
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“La conclusión más sencilla es que el ejercicio sí importa”, afirmó Janssens a Prevention. El especialista añadió que estos resultados permitirán explorar tratamientos que imiten el efecto del ejercicio sobre el envejecimiento, ampliando opciones para la población mayor.
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