El deseo de permanecer en el propio hogar durante la vejez enfrenta nuevos retos relacionados con la accesibilidad, el aislamiento y la sostenibilidad económica.
Un análisis del diario The Guardian expone que, aunque la mayoría de las personas mayores en Estados Unidos prefiere envejecer en su casa, esta decisión depende tanto de la salud, la red de apoyo y la seguridad, como de la capacidad de costear reformas y cuidados.
Preferencia por la autonomía y desafíos principales
Según una encuesta reciente del centro de investigación Pew Research Center, el 93% de los estadounidenses de 65 años o más vive en su propio domicilio y expresa la intención de seguir allí. El 69% de ese grupo necesitará algún tipo de apoyo o atención con el paso del tiempo.
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The Guardian detalla que factores como la movilidad, la posibilidad de realizar compras o gestiones de manera autónoma y el riesgo de aislamiento social pueden condicionar la viabilidad de esta elección.
Especialistas consultados por el medio británico subrayan la importancia de evaluar de manera integral cada caso. Kate Granigan, directora ejecutiva de Alder, una empresa de atención a personas mayores, y trabajadora social geriátrica, sostiene que la decisión de quedarse o mudarse “depende realmente de tu estado de salud y del apoyo disponible, de si tienes familiares viviendo cerca”.
El aislamiento social aparece como una preocupación central. The Guardian advierte que esta situación se vinculó con un mayor riesgo de demencia, depresión, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares entre los adultos mayores.
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Requisitos para una vivienda segura y accesible
El primer aspecto a considerar es la accesibilidad física. Francisco Lasta, terapeuta ocupacional y responsable de diseño inclusivo en GFT, una empresa de diseño y reformas, recomienda revisar la casa completamente y eliminar obstáculos como escaleras o desniveles. “¿Podría seguir agarrando cosas del armario de la cocina? ¿Podría seguir duchándome yo solo?” son preguntas que sugiere plantear.
Lasta explica en The Guardian que la adaptación puede incluir puertas más anchas, duchas a ras de suelo, iluminación adecuada y suelos antideslizantes. En los casos donde la movilidad se reduce gravemente, la instalación de rampas, plataformas para escaleras y la concentración de las funciones básicas en una sola planta pueden marcar la diferencia.
La posibilidad de reservar una habitación para un cuidador en la propia vivienda es otra recomendación, siempre que el espacio y el presupuesto lo permitan. Este tipo de previsión resulta útil si más adelante surge una limitación física o cognitiva.
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Costos de adaptación y servicios de cuidado
El costo de adaptar una vivienda varía según el tipo y alcance de las reformas. De acuerdo con Emily Nabors, directora asociada de innovación del Center for Healthy Aging del National Council on Aging, y citando datos de la plataforma de reformas Fixr, las modificaciones básicas pueden costar entre USD 3.000 y USD 15.000, con una media de USD 9.500. Este rango incluye mejoras como barras de apoyo, ampliación de pasillos y baños adaptados.
Las reformas de mayor envergadura elevan la factura. The Guardian informa que una renovación completa de la cocina puede alcanzar los USD 50.000, el baño USD 25.000, el dormitorio USD 12.000 y la adaptación de escaleras USD 45.000. Existen programas de apoyo estatales y organizaciones como Rebuilding Together y Habitat for Humanity que pueden aliviar parte de estos gastos.
El gasto no termina en la obra. Según una encuesta de CareScout, una empresa de servicios y análisis sobre cuidados, recogida por The Guardian, los servicios no médicos a domicilio tienen un costo medio de USD 35 por hora o USD 80.000 al año. La enfermería especializada llega a USD 90 la hora y puede superar los USD 200.000 anuales.
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Granigan advierte que muchas personas imaginan que su vivienda actual será definitiva, aunque en la práctica la viabilidad puede variar si las reformas alteran demasiado el espacio o los cuidados superan el presupuesto disponible.
Alternativas cuando el hogar deja de ser una opción
Cuando la adaptación deja de ser viable, las opciones pasan por mudarse a una casa más pequeña, un espacio más accesible o modelos residenciales alternativos.
Existen modelos de vivienda colaborativa y vivienda compartida, donde se combinan hogares independientes con espacios sociales comunes o se comparten viviendas con otros adultos mayores.
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Las comunidades de jubilación con atención continuada ofrecen distintos niveles de cuidado según evoluciona la situación de la persona.
Granigan recomienda abordar estas decisiones antes de que surja una crisis. En esa planificación se incluyen la representación sanitaria, el poder legal, la organización de los asuntos financieros y la definición de la red de apoyo.