Dan Buettner sostiene que longevidad y ayuno de 12 horas como mínimo y cenas tempranas, seguidos de desayunos abundantes, forman parte de un patrón cotidiano que asocia con la longevidad, una idea que vincula con los hábitos observados en las llamadas Zonas Azules y no con estrategias extremas o dietas de moda.
El investigador afirmó en una conversación sobre longevidad en el podcast ZOE que, tras ese período sin comer, conviene concentrar más energía en la primera comida del día que en la cena. También señaló que algunas personas extienden esa ventana a 14 horas, aunque reconoció que la discusión científica sobre ese punto sigue abierta.
Según La Vanguardia, Buettner explica que muchas personas que superan los 90 o 100 años no siguen el ayuno intermitente como un método deliberado. Mantienen horarios estables: cenan temprano, evitan comer entre comidas y desayunan al día siguiente después de unas 12 horas sin ingerir alimentos.
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“Si terminas de cenar a las ocho de la tarde, no deberías volver a comer hasta las ocho de la mañana”, dijo. Su planteo parte de una rutina simple: adelantar la cena para dar al organismo un descanso nocturno prolongado.
Frente a la costumbre de las cenas copiosas, Buettner recomienda trasladar la comida más importante hacia las primeras horas del día. En su análisis, las poblaciones más longevas suelen desayunar con más consistencia y no reservar la mayor parte de las calorías para la noche.
El argumento coincide con estudios sobre crononutrición mencionados en el texto, que sugieren que el organismo procesa mejor la energía durante la mañana por la influencia de los ritmos circadianos. Algunas investigaciones también han relacionado la alimentación restringida a determinadas franjas horarias con mejoras en parámetros metabólicos como la sensibilidad a la insulina y el control de la glucosa.
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Esos posibles beneficios dependen del patrón alimentario y del estilo de vida general. Expertos en nutrición recuerdan que no todas las personas necesitan el mismo horario de comidas, en especial quienes padecen enfermedades concretas o siguen tratamientos específicos.
Si la pregunta es qué hábito alimentario concreto propone Buettner para vivir más, la respuesta es esta: cenar antes, dejar pasar al menos 12 horas sin comer y hacer un desayuno más importante que la cena. Su recomendación no aparece como una fórmula aislada, sino como parte de una rutina repetida durante décadas.
Las legumbres aparecen como la base común de las dietas asociadas a la longevidad
Buettner afirma que, si hubiera que elegir un alimento presente en todas las dietas de longevidad que estudió, ese grupo serían las legumbres. Alubias, lentejas, garbanzos y frijoles aparecen con frecuencia en regiones con alta concentración de centenarios, junto con verduras, cereales integrales, frutos secos y otros productos de origen vegetal.
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El investigador también cita estudios prospectivos que relacionan los patrones alimentarios ricos en alimentos vegetales poco procesados con una mayor esperanza de vida y con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras patologías crónicas.
Dan Buettner, nacido en Minnesota en 1960, es escritor, divulgador e investigador estadounidense conocido por identificar y popularizar las Blue Zones o Zonas Azules, entre ellas Okinawa, Cerdeña e Icaria. A lo largo de sus trabajos ha defendido que vivir más no depende solo de la genética, sino también del entorno y de hábitos sostenidos durante años, como una alimentación basada principalmente en vegetales, la actividad física integrada en la vida diaria, los vínculos sociales fuertes y la reducción de ultraprocesados.
El texto también lo presenta como fundador de Blue Zones, una organización orientada a promover vidas más largas entre habitantes de Estados Unidos. De acuerdo con la información incluida, ha escrito libros más vendidos de The New York Times, dio más de 3 mil conferencias internacionales y su charla TED sobre cómo llegar a los 100 años superó los dos millones de visualizaciones.
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