Yoga en silla: de qué se trata y por qué es ideal para los seniors

El inmovilismo es enemigo de las articulaciones, los músculos y la resistencia al esfuerzo. Pero a partir de cierta edad no todos los deportes ni cualquier gimnasia son aconsejados

No es solo la edad, también la vida moderna con sus comodidades excesivas y los trabajos sedentarios va endureciendo nuestras articulaciones a la vez que debilitando nuestros músculos y en consecuencia nuestra fortaleza física.

Si no nos atrae la gimnasia fuerte o no nos conviene el impacto que acarrean ciertos deportes, una alternativa para mover las articulaciones y evitar el anquilosamiento es el yoga en silla.

El yoga no es una disciplina sencilla y más todavía si se la va a iniciar de grande. Algunas de sus posturas exigen mucha fuerza y equilibrio y son incluso riesgosas para la columna si no se realizan con cuidado o si estamos fuera de estado.

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Por eso el yoga en silla es una alternativa más amigable con la edad, porque evita los riesgos de caídas o de malos movimientos. Lo que se busca es poder practicar las posturas del yoga, o al menos versiones más sencillas de éstas, con seguridad y confort, según explica un artículo del sitio canadiense Le Bel Age.

Postura del águila, ejercicio de yoga. (Freepik)

“Aunque el yoga en silla se adapta perfectamente a los seniors y a las personas con problemas de movilidad, trastornos del equilibrio o dolores crónicos, cualquiera puede aprovechar sus beneficios, sin importar la edad o la condición física”, dice Carole Morency, autora de Yoga tout : le yoga des aînés (El yoga de los adultos) a le Bel Age.

Como el yoga en silla puede ser practicado en cualquier momento y lugar, es muy adecuado para las personas que pasan mucho tiempo sentadas y necesitan eliminar las tensiones que se acumulan en el cuerpo sin salir de la oficina.

Los beneficios de esta práctica son los mismos del yoga clásico: mejora la fuerza, la movilidad y el equilibrio, todo lo cual es esencial en los adultos mayores para prevenir las caídas.

Los estiramientos permiten desarrollar flexibilidad y reducen las tensiones musculares y articulares. Por otra parte, las técnicas respiratorias del yoga tienen efectos en la salud mental, porque disminuyen el estrés, favorecen la relajación a la vez que estimulan la concentración.

El libro de Carole Morency: El Yoga de los adultos

Morency señala además que esta forma de yoga ayuda a mantener buenas posturas, tanto durante la práctica como en el resto del día.

“Las investigaciones científicas muestran claramente los beneficios de este ejercicio sobre el cerebro —dijo a Le Bel Age el neuropsicólogo Louis Bherer, director del Centre Épic del Instituto de Cardiología Montréal—. Practicar regularmente una actividad física mejora la memoria y reduce el riesgo de deterioro cognitivo asociado a la vejez. Los estudios muestran que la práctica de yoga favorece una mejor salud cardiovascular y respiratoria. También contribuye al tratamiento de algunas problemáticas como la gestión del dolor crónico y los trastornos músculo esqueléticos. Al actuar sobre el estrés y la ansiedad, atenúa el riesgo de depresión”.

Morency afirma que el yoga es benéfico para las personas que sufren de parkinson, esclerosis múltiple y artritis.

Lo ideal es la guía de un profesor pero el yoga en silla, al ser más sencillo y seguro, puede practicarse con un video o un libro. Sólo se necesita ropa cómoda y una silla estable que permita apoyar los pies en el suelo. Se practica descalzo o con medias antideslizantes. Algunas personas pueden necesitar un almohadón para un mayor confort en la postura.

“La sesión comienza con un corto precalentamiento que incluye respiración consciente y ejercicios articulares. Se encadena luego con posturas adaptadas y se termina con un tiempo de relajación”, explica Morency.

No es necesario que las sesiones sean muy largas para experimentar sus efectos, siempre que se lo practique de modo regular. Valen más 10 minutos todos los días que una hora cada tanto, sostiene Morency, que recomienda empezar por una o dos sesiones de 15 minutos por semana, e ir luego aumentando gradualmente. También se puede incorporar breves sesiones de 5 a 10 minutos varias veces por día, cuando se sienta la necesidad.

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