El reciente episodio ocurrido frente al edificio federal 26 Federal Plaza en Manhattan volvió a poner en foco los riesgos de la radicalización y la violencia política en Estados Unidos.
Andrew Arrabaca, un exsoldado de 43 años, fue arrestado tras provocar un incendio y detonar fuegos artificiales en la entrada de la sede que alberga oficinas de ICE y tribunales de inmigración, en un hecho calificado por el FBI como un acto de extremismo antigubernamental y antiestadounidense.
El ataque: planificación y ejecución
De acuerdo con la reconstrucción judicial, Arrabaca comenzó a planear el atentado meses antes. La fiscal federal Samantha Fry afirmó que, desde enero, el acusado evaluó posibles blancos en la ciudad y adquirió armas y fuegos artificiales en distintos estados, incluyendo Nueva York y Pensilvania.
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La madrugada anterior al ataque pernoctó en las calles del Bajo Manhattan, según información recogida por Reuters y ABC News.
La mañana del lunes 20 de julio, Arrabaca llegó a las inmediaciones del 26 Federal Plaza con un carrito que llevaba un cartel con la consigna “ICE Off Our Streets” y varios objetos peligrosos: dos hachas, un machete, tres cuchillos, una pistola de balines, martillo y artefactos incendiarios.
El FBI aseguró que el atacante vertió un balde grande de líquido inflamable frente a la entrada de empleados y, acto seguido, prendió fuego y arrojó fuegos artificiales sobre las llamas. En paralelo, disparó la pistola de balines en dirección a la calle y a los presentes.
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Testigos y videos publicados en medios como NBC News muestran el momento en que las llamas y el humo se esparcen rápidamente, mientras Arrabaca grita consignas contra ICE.
La policía y agentes federales lograron reducirlo en el lugar, aunque la secuencia dejó tres heridos leves: dos empleados federales y un civil, este último inmigrante que aguardaba por una audiencia migratoria. Además, el ataque forzó la suspensión de ceremonias y trámites judiciales dentro del edificio.
Motivaciones, perfil y antecedentes
El FBI, a través de su director adjunto en Nueva York, James Barnacle, definió a Arrabaca como un “extremista antiestadounidense y antigubernamental”.
Durante el arresto, el acusado habría gritado insultos y frases hostiles contra la agencia de inmigración. Según la fiscal Fry, existió una clara intención de provocar daño en un punto de alta concurrencia, ya que Arrabaca seleccionó la entrada más transitada del edificio con el objetivo de maximizar el impacto.
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El exsoldado sirvió en el Ejército estadounidense entre 2001 y 2005, donde se desempeñó como mecánico en sistemas de misiles Patriot.
Tras dejar el servicio militar, según información oficial, residía en Harlem. Las autoridades confirmaron que Arrabaca portaba literatura contra ICE y había sido identificado previamente por su activismo contrario a las políticas migratorias.
La defensa, encabezada por la abogada Jennifer Brown, sostuvo ante la jueza Robyn Tarnofsky que en el casco utilizado por el acusado durante el ataque se hallaron frases que apuntaban a tendencias suicidas, sugiriendo la existencia de problemas de salud mental.
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La magistrada reconoció la probabilidad de que una afección mental haya influido en la conducta, pero expresó dudas sobre la disposición de Arrabaca a cumplir un tratamiento psiquiátrico, recordando que había tenido acceso a servicios antes del atentado y no los utilizó.
Consecuencias judiciales y reacción institucional
Durante la audiencia, la jueza Tarnofsky negó la libertad bajo fianza y dispuso que Arrabaca permanezca bajo custodia, además de requerir que se le brinde atención psicológica en el sistema penitenciario federal.
El acusado no presentó declaración de culpabilidad y deberá comparecer nuevamente ante el tribunal el próximo 4 de agosto.
Paralelamente, el Departamento de Seguridad Nacional calificó el hecho como “profundamente perturbador” y celebró la rápida intervención de la policía y los bomberos, que impidieron una tragedia mayor.
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El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, manifestó alivio porque no se registraron víctimas fatales y recalcó la importancia de reforzar la seguridad en edificios federales, sobre todo en el actual contexto de polarización política.
El caso de Andrew Arrabaca reavivó el debate sobre el alcance de los discursos radicales, los riesgos de la violencia política y la capacidad del Estado para detectar y prevenir este tipo de acciones antes de que se concreten.