Los programas de recompensas de las tarjetas de crédito están elevando el costo de vida en Estados Unidos. Un estudio de Harvard Business School —citado por NBC News— estima que cada año se trasladan alrededor de USD 30.000 millones desde quienes pagan con efectivo o débito hacia los usuarios que acumulan puntos y beneficios.
Este mecanismo golpea con mayor intensidad a los hogares de ingresos bajos y medios, que recurren más al efectivo, en un contexto de creciente desigualdad económica.
Aumento de comisiones y presión sobre los comercios
Las comisiones que las empresas pagan a los procesadores de tarjetas, con Visa y Mastercard a la cabeza, subieron 70% desde 2019 y alcanzaron los USD 198.000 millones en 2025, de acuerdo con datos de Nilson Report difundidos por NBC News.
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La National Retail Federation calcula que este sobrecosto representa más de USD 1.200 anuales en precios adicionales por hogar.
En la gasolinera y tienda Tiger Fuel, en el estado de Virginia, los gerentes prevén destinar este año más dinero al pago de comisiones por tarjetas de crédito que al alquiler del local.
Maurice Lamarche, vicepresidente de operaciones minoristas de la empresa, advierte que ese gasto limita la posibilidad de destinar fondos a salarios y dificulta mantener precios bajos.
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Tarjetas premium: mayor uso, mayores costos
El estudio de Harvard Business School revela que las tarjetas premium representaron el 60% del volumen de crédito en 2022, en contraste con el 15% de 2006. Estos plásticos, asociados a beneficios exclusivos, imponen las comisiones más elevadas a los comercios y presionan los precios al alza.
Algunos datos clave sobre las comisiones:
- 2.1%: comisión promedio por operación de tarjetas premium
- 1.7%: comisión promedio para tarjetas de crédito básicas
- Menos de 1%: comisión promedio para tarjetas de débito, algunas con topes legales
Mark Egan, uno de los autores del estudio y profesor en Harvard Business School, explica que el cambio hacia tarjetas más costosas favorece a los usuarios con recompensas, pero encarece el pago con débito o efectivo para el resto de los consumidores. El análisis estima que esta transferencia equivale a aumentar en torno a 16% la tasa promedio de impuesto sobre las ventas para quienes pagan en efectivo.
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Quiénes pagan más: perfiles según ingreso y edad
Datos de la Reserva Federal muestran que los hogares con ingresos inferiores a USD 25.000 anuales usan efectivo en alrededor de una cuarta parte de sus compras, mientras que en los hogares con ingresos superiores a USD 150.000, esa proporción baja al 9%.
Entre las personas de 55 años o más, el uso de efectivo asciende al 19%, frente al 10% entre quienes tienen entre 25 y 54 años.
El estudio de Harvard también concluye que los usuarios de tarjetas premium captaron el 43% de las recompensas, pero solo asumieron el 30% del aumento de precios por comisiones. En contraste, los consumidores que pagan exclusivamente en efectivo afrontaron el 10% de ese incremento sin obtener beneficios.
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Debate sobre los costos y la respuesta del sector
La Electronic Payments Coalition, que agrupa a empresas del sector, cuestiona los resultados del estudio de Harvard. Argumenta que el análisis no contempla los costos asociados al uso de efectivo, como la recolección de dinero y cargos bancarios, ni las ventajas de las tarjetas, como la protección contra fraude y la mayor velocidad de las transacciones.
Según el grupo, millones de familias de ingresos bajos y medios dependen de los programas de recompensas para compensar el aumento de los gastos cotidianos.
El sector sostiene además que una reducción de las comisiones no necesariamente se trasladaría a menores precios para los consumidores, y señala que tras la limitación de algunas comisiones de tarjetas de débito en 2011, los precios no bajaron de forma significativa.
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