La madrugada del viernes, un incendio en un vagón de tren dentro de uno de los túneles del río Hudson provocó una interrupción sin precedentes en el servicio de Amtrak y NJ Transit en la emblemática Penn Station de Nueva York. El incidente, que se reportó poco después de la 1:30, cambió drásticamente los planes de miles de pasajeros que intentaban ingresar o salir de la ciudad, generando caos y largas horas de incertidumbre en uno de los principales corredores ferroviarios del noreste estadounidense.
Las primeras señales de alarma surgieron cuando un vagón de servicio de Amtrak comenzó a arder en pleno túnel, lo que llevó rápidamente a la activación de una segunda alarma ante la agravación de la situación. El fuego, que avanzaba sin control, hizo que el tren temblara y quedara detenido repentinamente, según narró uno de los pasajeros afectados, quien relató que, al atravesar la zona del siniestro, se produjo una especie de explosión, seguida de un apagón total dentro del convoy. “No entiendo por qué se metieron en el fuego. Es ridículo”, expresó, reflejando la confusión y frustración vividas por los usuarios.
Más de 140 bomberos y equipos de emergencia fueron desplegados en una operación masiva para controlar el incendio y evacuar a quienes se encontraban en las proximidades del túnel. La respuesta rápida de los servicios de emergencia permitió contener el fuego y evitar una tragedia mayor, aunque los daños materiales se catalogaron como “considerables” por parte de un funcionario de Amtrak. Según este reporte, el incidente se originó en un vehículo de mantenimiento que, además de incendiarse, sufrió una colisión menor.
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Las consecuencias para los pasajeros y el personal ferroviario fueron inmediatas y palpables. El tren afectado quedó inmovilizado en el túnel, lo que obligó a interrumpir el tránsito ferroviario de manera total durante el resto del día. Cinco trabajadores resultaron heridos a raíz del incendio. Dos de ellos sufrieron lesiones graves y debieron ser trasladados de urgencia a un hospital, mientras que los otros tres optaron por rechazar la atención médica, de acuerdo con la información proporcionada por el Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY). No se reportaron pasajeros heridos, lo que fue considerado un alivio dentro de la gravedad del episodio.
La magnitud de la emergencia quedó reflejada en las imágenes captadas en el lugar, en las que se observaba la intensa labor de los equipos de rescate bajo condiciones adversas. Las autoridades subrayaron el valor y la dedicación de los profesionales involucrados en la extinción del incendio y en la protección de quienes se encontraban en peligro. “Agradezco a los valientes bomberos y paramédicos que respondieron con rapidez para extinguir el incendio del tren y proteger a los neoyorquinos en un momento de peligro”, declaró el alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, a través de sus redes sociales. El llamado a tener presentes a los heridos y desearles una pronta recuperación se multiplicó en los mensajes institucionales tras el incidente.
La jornada del viernes estuvo marcada por la suspensión total del servicio en Penn Station para las líneas de Amtrak y NJ Transit, con el consecuente impacto en la movilidad de la ciudad y el área metropolitana. Hacia el fin de semana, el servicio comenzó a reanudarse de forma paulatina, aunque no sin dificultades: persistieron los retrasos y cancelaciones, y se anticipó que la normalidad no se restablecería por completo hasta el lunes por la mañana. Amtrak, mediante un comunicado oficial, pidió disculpas a los usuarios afectados y anunció la posibilidad de cambiar reservas o solicitar reembolsos mientras se trabajaba en la recuperación del servicio habitual. Por su parte, los trenes de Long Island Rail Road lograron reiniciar operaciones con mayor celeridad, ayudando a aliviar parcialmente la congestión.
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Este episodio provocó una ola de críticas y reacciones en cadena por parte de autoridades locales y estatales. Janno Lieber, director ejecutivo de la MTA, fue especialmente contundente al señalar que la decisión de Amtrak de cerrar parte del Corredor Noreste para obras ya había dejado a la ciudad con un túnel menos, lo que agravó el impacto del incendio. Lieber advirtió que esta era la tercera vez en pocas semanas que Penn Station quedaba fuera de servicio, generando cientos de quejas de pasajeros. Instó a Amtrak a reorganizar las reparaciones del túnel, relegándolas a fines de semana y noches para minimizar las molestias, especialmente en un verano con eventos de gran concurrencia como el torneo de golf US Open, la Copa del Mundo y los partidos de los Knicks. “Esto no puede continuar”, enfatizó, recordando que más de 200.000 personas dependen a diario del acceso ferroviario a Nueva York.
La gobernadora Kathy Hochul también se pronunció con dureza, reclamando a Amtrak la presentación de un plan concreto para completar las reparaciones sin seguir perjudicando a los pasajeros. “Los usuarios merecen algo mejor que un verano de retrasos y excusas”, sostuvo en sus redes sociales. El senador de Nueva Jersey, Cory Booker, calificó el hecho de “inaceptable y extremadamente frustrante”, asegurando que su equipo se mantiene en contacto con NJ Transit y Amtrak para monitorear la recuperación del servicio y expresando su preocupación por los cinco trabajadores heridos.
En medio del debate público, surgieron declaraciones técnicas y aclaraciones sobre la seguridad de la infraestructura involucrada en el incidente. Gerhard Williams, vicepresidente de Amtrak, precisó que el incendio tuvo lugar en el túnel del río Norte y que no guarda relación alguna con el túnel del río Este ni con el actual plan de rehabilitación en marcha. Williams también descartó cualquier vínculo del suceso con problemas de infraestructura, asegurando que la red ferroviaria es segura, pese a los recientes acontecimientos.
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