El retiro de la solicitud de licencia estatal por parte de Camp Mystic dejó en suspenso la reapertura del popular campamento cristiano en el centro de Texas, donde el verano pasado una inundación provocó la muerte de 27 campistas y monitores.
La decisión fue comunicada este jueves a las familias de las 825 niñas inscritas para la nueva temporada, que debía comenzar el 30 de mayo.
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Camp Mystic no reabrirá sus puertas este verano. Según informó la familia Eastland, propietaria y operadora del campamento, la suspensión responde al duelo que atraviesan las familias de las víctimas y a que las investigaciones oficiales sobre la tragedia siguen en curso.
El comunicado oficial precisa que la resolución afecta a todas las actividades programadas para la temporada que se avecina.
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La familia Eastland explicó en un comunicado que no considera apropiado continuar con “ningún proceso administrativo ni temporada de verano mientras las familias siguen de luto, mientras las investigaciones continúan y mientras tantos texanos aún llevan el dolor de la tragedia de julio pasado”.
La declaración oficial agrega que optaron por retirar la solicitud “en lugar de arriesgarse a defender nuestros derechos bajo la ley de Texas de una forma que pudiera causar daño adicional sin querer”.
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Autoridades mantienen la investigación sobre la tragedia
La noticia constituye un cambio de rumbo para las familias y la comunidad local, que aguardaban el regreso del campamento tras el desastre.
Las autoridades estatales mantienen abiertas varias líneas de investigación para determinar las responsabilidades por la inundación que afectó a las instalaciones en julio pasado, según informó el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Texas.
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El Departamento de Salud y Servicios Humanos de Texas, encargado de supervisar este tipo de establecimientos, confirmó que la cancelación de la reapertura se produce en paralelo al avance de las investigaciones, las cuales incluyen la revisión de los protocolos de seguridad implementados en el campamento y la evaluación de la respuesta ante emergencias.
Diversos organismos estatales y locales colaboran en el análisis de los hechos para establecer si existieron fallas estructurales o negligencias en la gestión de riesgos durante el evento que resultó fatal.
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El campamento, fundado hace más de 70 años, es uno de los más reconocidos de la región y cada verano recibía a cientos de niñas provenientes de distintos puntos de Texas y de otros estados.
La tragedia de julio pasado marcó el incidente más grave en la historia de la institución, generando un impacto profundo en la comunidad y en el sector de campamentos recreativos.
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Tras el anuncio de la suspensión, organizaciones de apoyo a víctimas y entidades religiosas ofrecieron asistencia psicológica y legal a las familias afectadas.
Mientras tanto, la familia Eastland reiteró que la decisión busca evitar que la continuidad administrativa del campamento profundice el sufrimiento de los allegados a las víctimas y de la comunidad local.
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Las familias afectadas y los organismos estatales continúan enfrentando las consecuencias de la catástrofe, y se espera que las conclusiones de las investigaciones puedan aportar mayor claridad sobre las causas y responsabilidades de la tragedia, así como orientar futuras regulaciones para la operación segura de campamentos en Texas.