La muerte de Amy Eskridge, científica de 34 años vinculada al desarrollo de tecnología antigravedad y a investigaciones sobre fenómenos aéreos no identificados, se convirtió en el undécimo caso de una serie de muertes y desapariciones que involucran a científicos de Estados Unidos con acceso a información sensible.
De acuerdo con Fox News, Eskridge fue encontrada sin vida en su residencia de Huntsville, Alabama, el 11 de junio de 2022, con una herida de bala que las autoridades catalogaron oficialmente como suicidio, aunque no se han difundido detalles de una investigación formal.
Antes de su fallecimiento, la científica había denunciado amenazas, acoso y agresiones relacionadas con su trabajo y con sus intentos de revelar información sobre Objetos Voladores No Identificados (OVNIS) y el desarrollo de tecnología antigravedad.
Hostigamiento y amenazas contra Eskridge por divulgar información
Según The Daily Mail, Amy Eskridge fundó el Instituto de Ciencia Exótica junto a su padre, Richard Eskridge, exingeniero de la NASA especializado en física de plasma y fusión, con el objetivo de aportar transparencia a sus investigaciones sobre tecnología antigravedad. En una presentación realizada en 2018, Amy y su padre expusieron experimentos sobre modificación de la gravedad y describieron las aeronaves triangulares conocidas como “TR3B”.
En entrevistas, la científica relató el aumento de amenazas y episodios de hostigamiento por la difusión de sus investigaciones. A pesar de ello, continuó sus intentos de divulgar información y afirmó: “Si te arriesgas en público, al menos alguien se dará cuenta si te cortan la cabeza. Si te arriesgas en privado, te enterrarán. Quemarán tu casa mientras duermes en tu cama y ni siquiera saldrá en las noticias”. Además, denunció ataques con armas de energía dirigida que le provocaron quemaduras, informaron The Daily Mail y Fox News.
El caso de Eskridge fue investigado por Franc Milburn, exoficial de inteligencia británico, quien había sido contactado por la propia científica para investigar el hostigamiento que sufría previo a su muerte. Milburn concluyó que no se trató de un suicidio y remitió sus hallazgos al Congreso en 2023.
Tras la muerte de Amy Eskridge, el Instituto de Ciencia Exótica cerró y su sitio web fue desactivado. No obstante, archivos de la compañía y documentos sobre experimentos de antigravedad y aeronaves inspiradas en ovnis comenzaron a circular en internet, informó The Daily Mail.
Las muertes y desapariciones en sectores estratégicos
La muerte de Eskridge se inscribe en una secuencia de al menos once muertes o desapariciones recientes de científicos y funcionarios estadounidenses vinculados a los sectores de defensa, aeroespacial, energía nuclear e investigación en tecnologías avanzadas. Entre los casos documentados figura el asesinato de Nuno Loureiro, físico del MIT y experto en fusión nuclear, quien fue hallado sin vida en su domicilio de Brookline, Massachusetts, en diciembre de 2025. Investigadores independientes han sugerido que su labor en energía de fusión podría haberlo vuelto un objetivo.
Otro caso relevante es el del astrofísico Carl Grillmair, especialista en telescopios infrarrojos de la NASA, asesinado en su residencia de California en febrero de 2026. Asimismo, los científicos Michael David Hicks y Frank Maiwald, ambos vinculados con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, murieron en 2023 y 2024 respectivamente, en circunstancias que no fueron detalladas públicamente.
Entre las desapariciones recientes se encuentra la de Jason Thomas, investigador farmacéutico especialista en tratamientos oncológicos de Novartis, cuyo cuerpo fue hallado en un lago de Massachusetts en marzo de 2026 luego de tres meses de búsqueda.
El general retirado de la Fuerza Aérea, William “Neil” McCasland, quien desapareció en Albuquerque, Nuevo México, en febrero de 2026, tras dejar atrás todos sus dispositivos personales, excepto sus botas de montaña, billetera y un revólver calibre .38 en funda de cuero.
También está el caso de Monica Jacinto Reza, científica de la NASA en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), que desapareció en California en junio de 2025 poco después de asumir la dirección de un grupo de investigación en materiales avanzados.
A estos hechos se suman las desapariciones de Steven Garcia, Anthony Chavez y Melissa Casias, empleados de instalaciones nucleares estadounidenses, quienes en 2025 abandonaron teléfonos y objetos personales en circunstancias similares.
Respuesta de Donald Trump y las autoridades
Según Fox News, el presidente Donald Trump anunció que la Casa Blanca inició una revisión integral de todos los casos y prometió ofrecer respuestas públicas en breve. Trump calificó la situación de “bastante seria” y expresó su esperanza de que se trate de hechos aleatorios.
La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, señaló que la administración colabora con todas las agencias y el FBI para identificar posibles conexiones, y aseguró que “no se dejará piedra sin remover”.
De acuerdo con The New York Post, el representante Eric Burlison, miembro del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, afirmó que su oficina ya había comenzado a analizar algunas de las desapariciones “demasiado coincidentes” antes del anuncio de Trump.
Burlison argumentó que el destino de los científicos está casi “seguramente” relacionado con el acceso que algunos tuvieron a información clasificada sobre la industria aeroespacial, la defensa y los ovnis; y que podría implicar la participación de agentes de China, Rusia o Irán.
Burlison también destacó que varios científicos desaparecieron sin dejar rastro tras comunicar que se sentían amenazados, y enfatizó la necesidad de una intervención inmediata del FBI y de todas las agencias federales para esclarecer los hechos.
Por su parte, la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA) confirmó que investiga los reportes relacionados con empleados de laboratorios y plantas bajo su jurisdicción.
Hasta el momento, las autoridades no han confirmado públicamente la existencia de una relación directa entre los casos ni han respaldado teorías de conspiración. Sin embargo, el contexto y el perfil de las víctimas mantienen vigente la preocupación respecto a la seguridad de los científicos estadounidenses que desarrollan investigaciones críticas para la seguridad nacional y el sector tecnológico.