El precio de la gasolina en Estados Unidos registró un aumento abrupto y alcanzó su nivel más alto desde septiembre de 2023, impulsado por la escalada del conflicto en Irán y el consecuente impacto sobre la infraestructura energética del Medio Oriente. Según cifras de la organización automovilística AAA, el costo promedio del combustible subió a USD 3,84 por galón, frente a los USD 2,92 de hace apenas un mes, mientras que el barril de crudo Brent superó los USD 111, en contraste con los USD 70 previos al ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a Irán.
Este incremento se atribuye a las interrupciones en la cadena de suministro y a las amenazas de Teherán de atacar infraestructuras energéticas clave en la región del Golfo Pérsico, lo que ha generado una ola de inquietud en los mercados internacionales.
El Departamento de Energía de Estados Unidos y organismos como la Agencia Internacional de Energía advierten sobre el riesgo que implica cualquier alteración en el flujo de crudo por el Estrecho de Ormuz, responsable de 20% del comercio mundial de petróleo.
El efecto inmediato en los precios de la energía
La última semana marcó un punto de inflexión en los precios de la gasolina y el diésel en todo el país. Según informes de la cadena estadounidense CBS News, el diésel superó los USD 5,00 por galón a nivel nacional por primera vez desde 2022, y en estados como California, Hawái y Washington, el precio excede los USD 6,00 por galón.
Estos valores reflejan la presión que enfrenta el mercado estadounidense ante la incertidumbre en la región del Golfo Pérsico.
En el mercado internacional, el barril de Brent —referente global— alcanzó los USD 111,45 el miércoles por la tarde, mientras que el West Texas Intermediate (WTI), el principal indicador estadounidense, rozó los USD 99,24. Las empresas y consumidores sienten el impacto directo, ya que el crudo representa el 51% del costo final de la gasolina, tal como explica la AAA.
¿Por qué suben los precios del petróleo y la gasolina?
Las causas del aumento se centran en dos factores principales: las amenazas de Irán de atacar infraestructuras energéticas en Qatar, Arabia Saudita y Emiratos árabes Unidos, y las interrupciones en el transporte petrolero a través del Estrecho de Ormuz.
Según el análisis del think tank Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), este corredor marítimo es esencial para el flujo global de crudo, y cualquier interferencia puede tener consecuencias inmediatas sobre los precios y la oferta.
Goldman Sachs Research calcula que el precio del barril podría aumentar entre 1 y 15 USD según la gravedad de la interrupción en el suministro, lo que resalta la vulnerabilidad del mercado mundial ante la volatilidad en la zona.
El informe señala que, aunque Estados Unidos mantiene reservas estratégicas, la magnitud de la crisis podría requerir medidas adicionales si el conflicto se prolonga.
Las reacciones del gobierno estadounidense
La Casa Blanca optó por intervenciones puntuales para intentar aliviar la presión sobre los precios. El miércoles, el presidente Trump autorizó una exención temporal de la Ley Jones, que exige que los bienes transportados entre puertos estadounidenses utilicen embarcaciones construidas y tripuladas en el país.
Esta medida busca aumentar la flexibilidad logística y contener el alza, aunque expertos como Patrick De Haan, de la plataforma especializada GasBuddy, la consideran insuficiente para revertir la tendencia actual.
Funcionarios de la administración consultados por el medio Politico no descartan nuevas acciones si la situación se agrava, pero actualmente priorizan el monitoreo del mercado y la diplomacia regional.
El Departamento de Energía sigue informando semanalmente sobre las reservas y la evolución de los precios, mientras la Agencia Internacional de Energía coordina con otros países consumidores para evaluar el uso de reservas estratégicas si fuera necesario.
Impacto en la economía y perspectivas
Los analistas advierten que un conflicto prolongado podría no solo elevar los precios de la energía, sino también alimentar la inflación y ralentizar el crecimiento económico de Estados Unidos.
Economistas consultados por ABC News y el think tank estadounidense Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) coinciden en que la duración y la intensidad del enfrentamiento serán determinantes para medir el alcance del daño.
Un escenario de tensión sostenida podría trasladar el aumento de costos al conjunto de bienes y servicios.
En ese contexto, los consumidores estadounidenses ya perciben el efecto en la vida cotidiana, no solo en el precio de la gasolina, sino también en el aumento de los costos logísticos y de transporte. El sector agrícola y el de distribución de mercancías figuran entre los más afectados por el encarecimiento del diésel, lo que podría repercutir en el precio final de alimentos y productos básicos.
El papel del Estrecho de Ormuz y el riesgo global
El Estrecho de Ormuz se consolida como epicentro estratégico en la crisis, ya que por sus aguas transita 20% del crudo mundial. El informe del CSIS subraya que cualquier cierre o ataque en esta ruta elevaría los precios de manera inmediata y podría desencadenar respuestas militares o diplomáticas por parte de las potencias involucradas.
La Agencia Internacional de Energía mantiene el monitoreo sobre la situación, mientras los principales exportadores del Golfo ajustan su producción en respuesta a las amenazas.
El repunte de los precios del petróleo y la gasolina en Estados Unidos responde directamente a la escalada bélica en Irán y a la vulnerabilidad de las rutas energéticas del Medio Oriente. Las autoridades estadounidenses y organismos internacionales continúan evaluando las alternativas para estabilizar el mercado, aunque la incertidumbre persiste mientras el conflicto no tenga una resolución clara.