Para el año 2050, millones de personas se proyectan mudarse al norte de Texas en busca de empleo, impulsando la expansión de una economía que ya alcanza un valor de USD 2,7 billones, según la autoridad regional de desarrollo económico Texas Economic Development Corporation y la economista principal del Banco de la Reserva Federal de Dallas, Pia Orrenius.
Este crecimiento consolidó al estado como la 8ª economía global, situándose por delante de países como Rusia, Canadá e Italia. De acuerdo con Orrenius, consultada por el diario The Dallas Morning News, esta tendencia se apoya en una combinación de factores: geográficos, industriales, demográficos y políticos.
Texas se afianza como la 8ª economía mundial gracias a ventajas geográficas, sectoriales y políticas
Desde la década de 1970, Texas mantiene un ritmo de generación de empleo y un crecimiento económico superiores al del resto de Estados Unidos, incluso al considerar períodos de crisis como las recesiones de los años ochenta. Orrenius explicó al diario The Dallas Morning News que la diferencia resulta “casi vergonzosa para el resto del país”, ya que la brecha en el crecimiento del producto interno bruto (PIB) estatal no solo se mantiene, sino que tiende a ampliarse en décadas recientes.
Uno de los principales motores es la localización del estado. Texas ocupa un territorio extenso, con acceso a puertos terrestres y marítimos: destacan el Puerto de Houston y el Puerto de Laredo, entre los mayores del país, y cuenta con una frontera estratégica con México.
La aplicación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en la década de 1990 y, posteriormente, del Acuerdo Estados Unidos-México-Canadá en 2020, multiplicó el impacto económico de esa frontera, convirtiéndola en un centro para la manufactura y el comercio transfronterizo.
Las grandes áreas metropolitanas, como Dallas-Fort Worth, Houston, San Antonio y Austin, experimentaron un crecimiento debido a lo que la economista denominó economías de clúster. Orrenius señaló: “En ciudades donde las industrias se agrupan y comparten recursos y mano de obra, eso les permite crecer más rápido y pagar salarios más altos, incrementando los estándares de vida urbanos respecto a las zonas rurales”.
El segundo factor está vinculado a la evolución del tejido productivo. Si bien Texas fue inicialmente asociado al algodón, el ganado y el petróleo, el estado diversificó su economía.
La irrupción de la industria manufacturera y el crecimiento del sector logístico se potenciaron con la infraestructura de autopistas, ferrocarriles y aeropuertos.
El sector energético transformó la imagen tradicional del estado: Texas continúa liderando la producción petrolera y gasífera nacional, y también encabeza la generación de electricidad eólica y solar. Orrenius afirmó que esta diversificación hizo posible expandir la red eléctrica y exportar energía en respuesta a nuevos desafíos tecnológicos y de mercado.
La población constituye el tercer motor. El flujo ininterrumpido de nuevos residentes, tanto desde el interior del país como por inmigración, permitió sostener la demanda laboral. Texas figura sistemáticamente entre los primeros estados en recepción de migrantes.
Orrenius puntualizó que entre 2022 y 2024 se observaron “tasas máximas históricas de migración”, principalmente por inmigración hacia Texas. Este movimiento demográfico benefició sectores como energía, construcción, tecnología, salud y logística.
Sin embargo, advirtió que “el año pasado, la migración interna y externa se redujo a la mitad, y se espera que este año vuelva a caer a la mitad”, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad del estado para sostener la ventaja competitiva en el futuro.
El último vector es la política pública: Texas destaca por mantener un marco normativo “abierto y flexible”, bajos impuestos y una carga tributaria per cápita inferior a la media nacional y a la de estados con gravámenes elevados como California y Nueva York.
Orrenius enfatizó que la inversión estatal en infraestructura —carreteras, puertos y formación laboral— fue decisiva y se basó en alianzas público-privadas y en la implementación de carreteras de peaje.
Señaló, además, que el costo de vida se mantiene por debajo del promedio nacional, pese a los aumentos inmobiliarios. También bromeó sobre la percepción local respecto a los impuestos sobre bienes raíces: “El gasto en infraestructura es realmente una de las cosas más importantes para el crecimiento”.
Todos estos factores, según Orrenius, crearon un ambiente empresarial atractivo que explica la llegada de compañías y emprendedores a Texas.
La pobreza persiste como un desafío estructural
A pesar de estas fortalezas, algunas regiones dentro del estado siguen afectadas por bolsillos de pobreza persistente, que dificultan el acceso a capacitación y a empleos mejor remunerados para ciertos sectores de la población, según señaló Orrenius al diario The Dallas Morning News. Este elemento evidencia la existencia de retos internos incluso en el contexto de crecimiento sostenido.
La cobertura forma parte de la iniciativa Future of North Texas, financiada por diversas organizaciones comunitarias, aunque The Dallas Morning News retiene el control editorial de la información publicada.