Casi seis de cada diez mujeres estadounidenses podrían enfrentar al menos un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular para 2050, según las recientes proyecciones de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA). Este panorama, revelado en una declaración científica de la entidad y publicado este miércoles en la revista Circulation, alerta sobre un aumento significativo en la prevalencia de condiciones como hipertensión y obesidad en las próximas décadas. Las cifras plantean un desafío crucial para la salud pública y subrayan la necesidad de mejorar las estrategias de prevención y detección temprana.
Las estimaciones de la AHA indican que el 59,1% de las mujeres podría padecer presión arterial alta para el año 2050, una cifra que contrasta con el 48,6% registrado en 2020. Este aumento se proyecta incluso bajo el supuesto de mejoras en la dieta, la actividad física y la reducción de las tasas de tabaquismo. La tendencia no se limita a la hipertensión: aproximadamente una de cada cuatro mujeres podría vivir con diabetes para 2050, frente al 14,9% estimado en 2020. Además, más del 60% de esta población enfrentaría obesidad, un marcado incremento respecto al 43,9% registrado en el mismo periodo, según el informe de la AHA.
El análisis también advierte que, sin cambios sustanciales en las políticas de salud, la carga de estos factores de riesgo continuará creciendo, incorporando a generaciones cada vez más jóvenes. La falta de una prevención primaria sólida y el subdiagnóstico podrían aumentar la incidencia de enfermedades cardíacas, que ya constituyen la principal causa de muerte entre las mujeres estadounidenses.
¿Qué diferencias existen entre los grupos demográficos de mujeres y quiénes se ven más afectados por enfermedades cardiovasculares?
No todos los grupos demográficos se verán afectados por igual ante el avance de los factores de riesgo cardíaco. El informe señala que las mujeres hispanas podrían experimentar un incremento del 15% en los casos de presión arterial alta, mientras que más del 70% de las mujeres negras podrían padecer esta condición para 2050. La obesidad también muestra una tendencia preocupante entre las mujeres asiáticas, donde se pronostica un aumento cercano al 26%.
Las disparidades se reflejan tanto en la incidencia de las enfermedades como en el nivel de concienciación. Según la Dra. Stacey Rosen, directora ejecutiva del Instituto Katz para la Salud de la Mujer y presidenta voluntaria de la AHA, "menos de la mitad de las mujeres estadounidenses reconoce que las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte“. Este porcentaje desciende aún más entre afroamericanas e hispanas, evidenciando la necesidad de campañas específicas y adaptadas a cada comunidad.
¿Cómo crecen los factores de riesgo cardiovascular en niñas y adolescentes?
El informe de la AHA destaca la preocupante tendencia al alza de los factores de riesgo en niñas y adolescentes. Las proyecciones señalan que casi un tercio de las niñas de entre dos y diecinueve años podría tener obesidad para 2050, una cifra que supone un salto respecto al 19,6% registrado en 2020. Esta evolución no solo anticipa una mayor carga de enfermedades en la adultez, sino que también pone de relieve los cambios sociales y ambientales, como la disminución de la actividad física y la disponibilidad de alimentos poco saludables.
La cardióloga certificada Dra. Jennifer Miao subraya que los cambios hormonales tempranos pueden incrementar el riesgo cardiovascular en etapas posteriores de la vida. Al respecto, advierte que el inicio de la menstruación a edades tempranas se asocia con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas en el futuro.
“Varios estudios también han demostrado que comenzar la menstruación a una edad temprana puede conducir a un mayor riesgo de enfermedades cardíacas en el futuro”, dijo.
¿Qué opinan las expertas sobre la prevención y los problemas del sistema de salud de Estados Unidos?
Tanto la Dra. Rosen como la Dra. Miao coinciden en que la atención debe enfocarse en la prevención primaria, un aspecto en el que el sistema de salud estadounidense aún muestra deficiencias. Rosen remarca que, si bien existen herramientas eficaces para tratar y diagnosticar enfermedades de manera temprana, no ocurre lo mismo en la prevención. Abordar la obesidad, por ejemplo, requiere un enfoque multidisciplinario y sostenido en el tiempo, para el cual el sistema de atención actual no está preparado.
Miao, por su parte, señala la importancia de establecer hábitos saludables desde la infancia y destaca que nunca es demasiado pronto para pensar en la salud cardíaca de los hijos. Recomienda a las familias optar por una alimentación equilibrada, priorizar la actividad física sobre el tiempo frente a pantallas y acudir a controles pediátricos regulares.
¿Qué recomendaciones y acciones propone la AHA para cuidar la salud cardíaca?
Las expertas insisten en que mejorar la salud cardiovascular no necesariamente implica grandes inversiones. Rosen sugiere que pequeños cambios sostenibles pueden marcar una diferencia significativa a largo plazo, como reducir el consumo de bebidas azucaradas o incorporar más movimiento en la rutina diaria, incluso actividades tan simples como caminar o permanecer de pie en trabajos sedentarios.
Desde una perspectiva comunitaria, Miao destaca el valor de la colaboración entre profesionales médicos y líderes locales. Ampliar los programas de visitas domiciliarias, fortalecer la telemedicina y trabajar junto a clínicas locales permitiría llevar atención esencial a poblaciones marginadas o con acceso limitado a servicios de salud.
La declaración de la AHA insta a aprovechar cada oportunidad para impulsar la prevención, entendiendo que la clave está en la acción temprana y sostenida, tanto a nivel individual como colectivo. El reto principal radica en transformar el conocimiento y las recomendaciones en políticas de salud pública eficaces e inclusivas, capaces de revertir las tendencias actuales y reducir la carga de enfermedades cardíacas en las próximas generaciones.