La acuicultura en Rhode Island alcanzó en 2024 un valor de USD 8.795.493, con 89 granjas en operación y una superficie total de casi 160 hectáreas, según datos del Consejo de Manejo de Recursos Costeros de Rhode Island citados por la University of Rhode Island.
La ostra oriental representa el 99% de la producción de moluscos cultivados, consolidando su posición en el mercado local y respondiendo a la creciente demanda de mariscos cultivados de manera sostenible.
Investigación y calidad ambiental
El crecimiento del sector se sustenta en investigaciones que buscan optimizar técnicas productivas y preservar la calidad ambiental. Entre los avances recientes se destacan los desarrollados por el equipo de la University of Rhode Island, donde la oceanógrafa Jacqueline Rosa enfocó sus estudios en la calidad del agua y los factores ambientales que influyen en el crecimiento y la supervivencia de las ostras en Narragansett Bay.
Rosa, estudiante de maestría originaria de Connecticut, realizó su trabajo de campo en el paso oeste de la bahía, un área que reúne 19 hectáreas de granjas. Con apoyo del laboratorio dirigido por la profesora asistente Hongjie Wang, instaló en mayo de 2024 dos sensores en la granja Wickford Oyster Company, uno en superficie y otro en el fondo, para medir parámetros como pH, salinidad, alcalinidad y carbono inorgánico disuelto.
“Los parámetros de la química del carbonato ayudan a entender las tendencias de la acidificación oceánica y su impacto sobre los organismos calcificantes“, explicó Rosa en declaraciones recogidas por la University of Rhode Island. Además, aseguró que “las variaciones en estas condiciones pueden afectar la formación de las conchas, el ritmo de crecimiento y la supervivencia, especialmente en las fases iniciales de vida. Estas mediciones resultan fundamentales para identificar factores de estrés en las ostras cultivadas”.
La profesora Wang subrayó la importancia de establecer condiciones de referencia para la calidad del agua en las zonas de cultivo. “Nuestra hipótesis es que la mortandad de ostras está vinculada a condiciones ambientales anómalas, como bajos niveles de oxígeno disuelto o de pH”, afirmó, según la University of Rhode Island.
A su vez, explicó: “Al contrastar observaciones continuas de la calidad del agua con datos de desempeño de los moluscos, este proyecto proporciona las bases para evaluar si los episodios de mortandad responden a factores medioambientales”.
Durante 18 meses, Rosa recolectó y analizó 127 muestras de agua, además de mantener y calibrar los sensores de manera regular.
Innovación en equipos y futuro sostenible
El segundo eje del estudio consistió en evaluar el impacto de diferentes equipos de cultivo en la productividad y la eficiencia, con el objetivo de promover prácticas óptimas y aumentar la resiliencia de la industria. En agosto de 2025, Rosa dispuso 2.700 ostras jóvenes en tres sistemas distintos de la granja Rome Point Oyster Farm: equipos tradicionales de superficie, de fondo y el sistema FlipFarm de cultivo de ostras, que es de desarrollo reciente.
Entre agosto y diciembre, la investigadora colaboró con los productores para registrar la supervivencia, medir el crecimiento de las conchas y tomar submuestras para análisis adicionales. “Los métodos de cultivo evolucionan con rapidez, por lo que quienes cultivan deben elegir el equipo más efectivo para su operación”, explicó Rosa, citada por la University of Rhode Island.
Advirtió que los sistemas tradicionales resultan especialmente vulnerables a la bioincrustación, lo que reduce el flujo de agua y eleva la mortalidad, además de exigir un alto nivel de mantenimiento.
El sistema FlipFarm mostró una reducción notable de la bioincrustación. Las cestas pueden girarse utilizando una lanzadera acoplada al barco, lo que, según el fabricante, puede disminuir el esfuerzo laboral hasta en un 60%, reducir los costes operativos, el consumo de combustible y el tiempo de navegación, al tiempo que incrementa la calidad y la cantidad del producto final. Rosa señaló, no obstante, que el sistema también enfrenta ciertos desafíos.
Mientras finaliza su maestría en la primavera de 2026, Rosa analiza los resultados obtenidos para su tesis, con el objetivo de consolidar estrategias de cultivo que satisfagan la mayor demanda de mariscos sostenibles y refuercen la sostenibilidad marina regional.
La profesora Wang valoró el liderazgo y la independencia de la investigadora, destacando el aporte de la iniciativa al conocimiento aplicado en la industria, según detalla la University of Rhode Island.
Rosa aspira a continuar su labor en Rhode Island, impulsando proyectos que integren la investigación con el desarrollo de la comunidad y promuevan la producción local de mariscos bajo criterios de innovación y sostenibilidad.
Los investigadores afirman que la conexión entre ciencia aplicada y desarrollo local aparece como uno de los principales motores del avance en la acuicultura regional. La sostenibilidad y la eficiencia emergen como ejes centrales en el futuro del sector. El trabajo colaborativo entre investigadores y productores marca el ritmo de una industria en transformación.