Carlitos estaba destinado a ser el sucesor de Rafa Nadal. Todo lo sabían. No por semejanzas, que también, sino porque era el siguiente en la lista de tenistas españoles que podía brindar a los aficionados las alegrías que daba el mallorquín. En cuanto a títulos, todavía es pronto para saber si Alcaraz conseguirá los 22 Grand Slam de Rafa. Que durante un tiempo le llamaran el mini-Rafa, ha ido calando en el tenista murciano. Tal ha sido la situación que durante el Open de Australia ha dejado detalles de Nadal que no han pasado desapercibidos. No sobre la pista, sino en el banquillo.
Hace unos días el Open de Australia dio el pistoletazo de salida, tras disputar las fases previas. Carlitos disputó su primer duelo ante Alexander Shevchenko, donde se alzó con la victoria por 0-3. En la segunda fase, fue Yoshihito Nishioka y el resultado exactamente el mismo: 0-3 para el español. El juego que ha demostrado el murciano ha sido impecable, con pocos fallos y lo más importante, con pocas desconexiones. Esas que en el pasado aparecían en muchos encuentros y le llevaban a pasar de tener el partido controlado a ponerle contra las cuerdas después de perder varios puntos.
El sentir sobre la pista es que Carlitos está dispuesto a ir con todo a por el título. Ese que tan solo un español a lo largo de la historia ha conseguido levantar: Rafa Nadal. El mallorquín es el único que cuenta con dicha copa en su palmarés, aunque muchos otros se quedaron a las puertas de la gloria como Carlos Moyá, Garbiñe Muguruza, Conchita Martínez o el propio Rafa, quien ha acudido a seis finales, pero solo ha ganado dos. Ahora, Carlitos quiere escribir su nombre junto al de Nadal en los libros de historia del tenis español. Aunque ya lo ha hecho, al menos en esta edición con la nueva manía que ha lucido el murciano en Melbourne.

La nueva manía de Alcaraz
Desde que comenzara la competición australiana, Alcaraz ha mostrado una nueva costumbre que hasta la fecha nadie conocía de él: colocar las botellas de cierta manera. Una manía que recuerda y mucho a Rafa, quien sigue todo un ritual en todos y cada uno de los partidos, marcado por una serie de manías como no pisar las líneas del campo, o la de las botellas.
Una cuestión que no ha pasado desapercibida y de la que ya ha hablado el propio murciano: “No es un tic como tal. Les doy la vuelta por un tema de marcas, porque no es la mía. Pero lo que me gusta es intentar siempre tenerlas un poco alineadas. No tanto como Rafa, que las tenía que dejar perfectas. Pero intento siempre tenerlas un poco alineadas y que no estén desordenadas. Si antes me llamaban ‘mini-Rafa’, ahora ya con eso, ni te cuento. Apaga y vámonos”. Comparaciones a un lado, lo que haga le está funcionando. Ya sean las botellas, los cambios que ha introducido, como una raqueta de mayor peso o las mejoras en su saque.
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