El audiovisual latinoamericano comienza ha embarcarse en grandes proyectos audiovisuales que hace unos años hubieran sido difíciles de imaginar. En ese sentido, Netflix continúa estando un paso por delante después de la adaptación de dos obras a las que nadie se había atrevido a acercarse, El Eternauta y, sobre todo, Cien años de soledad, de la que se está preparando su segunda parte.
Ahora Prime Video también ha apostado por la adaptación de otro clásico del realismo mágico, la primera novela de Isabel Allende que la catapultó a la fama y en la que contaba la historia de una familia a través de varias generaciones hasta desembocar en un Golpe de Estado que no dejaba de ser un trasunto del que perpetró Pinochet y terminó con la vida de su tío, Salvador Allende.
La novela quedó incrustada en el imaginario colectivo casi de forma inmediata gracias a la originalidad de la propuesta: la sucesión de mujeres con nombres que evocaban la pureza (Nívea, Clara, Blanca, Alba) que tienen que soportar la violencia de los hombres, los poderes sobrenaturales de la protagonista, las imágenes poéticas que entroncan con el realismo más salvaje...
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La dificultad de adaptar ‘La casa de los espíritus’
En 1993 se hizo una adaptación a cargo de Billie August con un reparto de auténtico lujo, con Meryl Streep, Jeremy Irons, Glenn Close, Winona Ryder y Antonio Banderas. No fue bien recibida por la crítica, quizás porque era demasiado complicado contar en una película la intrincada red familiar que proponía Isabel Allende en la novela.
Ahora se ha optado por el formato serie, más apropiado para dar forma a cada uno de los hilos argumentales y otorgar el espacio necesario a los personajes e ir trazando sus respectivas biografías. En la dirección encontramos a Francisca Alegría y Fernanda Urrejola y, por el momento, en Prime Video se han emitido los tres primeros capítulos, que se centran en Clara del Valle (que encarnará en su juventud Nicole Wallace y más tarde Dolores Fonzi), la niña clarividente que se casará con Esteban Trueba, un hombre despótico acostumbrado a ejercer el poder patriarcal en su entorno de la manera más violenta.
Como ocurría con Cien años de soledad, no era fácil trasladar el relato a imágenes. La serie de Netflix consiguió una adaptación exquisita, aunque tratándose de novelas tan totémicas, siempre habrá quienes rechacen la propuesta.
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Una propuesta correcta, pero carente de riesgo
En el caso de La casa de los espíritus se ha optado por el academicismo más aplicado. No se puede decir que haya sorpresas, que la serie tenga una identidad propia, sino que siempre está supeditada al texto y al respeto absoluto.
He aquí el problema. La serie es correcta, pero carece de personalidad propia. No es que sea una crítica, tratándose de un material tan complicado, solo que hay demasiada prudencia para una obra que resulta en su lectura tan torrencial como desatada.
Los tres primeros episodios nos introducen en el universo de la familia del Valle: de la madre Nívea (Aline Küppenheim), el padre (Eduard Fernández), la hermosa Rosa con sus cabellos verdes (Chiara Parravicini) y la pequeña Clara, capaz de mover objetos con la mente y dotada con el don de la premonición.
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La historia la contará Alba, la nieta de Clara, que acaba de sobrevivir a las torturas del nuevo régimen dictatorial y buscará cobijo en su antigua casa, entre fantasmas que le dirán que tiene que contar la historia de la familia para encontrar su propia identidad.
El poder patriarcal del género masculino
Entre premoniciones, malos augurios y presencias fantasmagóricas, la figura de Esteban Trueba (Alfonso Herrera) emergerá para simbolizar la violencia masculina. En su propiedad Las tres Marías, ejercerá la violación sistemática de las mujeres que trabajan para él, engendrando una prole que comenzará con Pancha García (Noelia Coñuenao) y su primogénito ilegitimo, que se llamará Esteban.
Todo está plasmado de una manera exquisita, tanto lo bello como lo escabroso, los pasajes más poéticos como los más incómodos. Pero falta una chispa de riesgo que singularice la propuesta, que la eleve a una categoría superior.
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A la espera de los próximos capítulos, por el momento nos quedamos con ganas de seguir descubriendo cómo se desarrollará la trama, aunque la primera parte de la novela de Allende, siempre ha sido la más icónica.
Muy a favor de cómo se enfatiza con mayor intensidad la tiranía y el impacto devastador de Esteban sobre la familia, especialmente por las consecuencias a largo plazo de sus crímenes sexuales y la perpetuación de desigualdades de clase que, al fin y al cabo, son uno de los ejes que atraviesan la novela.