‘Cumbres borrascosas’ y otras novelas prohibidas: romances que desafían las normas, psicópatas y fábulas políticas incómodas

El estreno de la adaptación de la novela de Emily Brönte nos lleva a repasar algunos de los libros que han sido perseguidos a lo largo del tiempo

Una colección de portadas de libros que, a lo largo de la historia, fueron prohibidos o generaron gran controversia por su contenido

La censura literaria, lejos de cumplir su propósito de enterrar obras controvertidas, ha terminado concediendo a ciertos libros una visibilidad y un estatus difícilmente alcanzable por otros medios.

Cuando las autoridades intentan suprimir títulos por considerarlos inmorales, indecentes o peligrosos, el efecto suele ser justamente el contrario: los textos acaban convertidos en símbolos de resistencia y en auténticos clásicos de la literatura universal.

Así lo recoge un análisis de Bookmarks Reviews, que repasa una decena de novelas transformadas en hitos culturales tras haber sido blanco de prohibiciones, quemas y polémicas públicas. Desde el proceso judicial que sufrió El amante de Lady Chatterley en Inglaterra hasta la confiscación de Lolita por parte de la aduana británica, pasando por el fuego en el que aún hoy algunos colectivos buscan purificar las bibliotecas de contenidos considerados ofensivos, la historia de la censura literaria muestra que ese afán restrictivo termina alimentando el mito y la perdurabilidad de las propias obras.

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Así, mientras en Estados Unidos continúan las campañas organizadas contra determinados títulos en centros educativos y bibliotecas, los intentos de supresión acaban dando alas a lo prohibido.

El caso de ‘Cumbres borrascosas’

A lo largo del siglo XX y primeras décadas del XXI, varias novelas han pasado del ostracismo al centro del canon literario, casi siempre como consecuencia de los esfuerzos para silenciarlas.

Pero estas cuestiones se remontan incluso a la antigüedad, o a textos como el Decameron de Boccaccio o Los 120 días de Sodoma, del Marqués de Sade, que desde su publicación estuvieron marcados por la polémica.

'Cumbres Borrascosas', la nueva versión protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi (Warner Bros)

Es lo que también ocurrió con Cumbres borrascosas, de Emily Brönte, que fue catalogada en su momento como libro escandaloso y restringido tras su publicación en 1847, ya que presentaba escenas de crueldad, abuso doméstico y conductas consideradas inmorales, con un enfoque que desafió los valores y sensibilidades de la época victoriana.

La obra fue objeto de intensas críticas al mostrar actos de violencia psicológica y física ejercidos especialmente por los personajes de Heathcliff y Hindley Earnshaw, así como por incluir episodios de maltrato conyugal, como los cometidos por Heathcliff hacia Isabella.

El relato generó incomodidad entre lectores y críticos debido a la ausencia de personajes tradicionalmente virtuosos y por su tono oscuro y pesimista, además de retratar una moralidad cuestionable a través de una trama marcada por el amor obsesivo y la venganza.

Restricciones a la circulación de Cumbres borrascosas evitaron su inclusión en programas escolares para menores de edad, dada la naturaleza intensa de la novela. La obra también fue calificada como “vulgar”, “depravada” y “tosca”, principalmente por desafiar las normas sociales de la época relativas a la clase y la religión. Aunque no fue oficialmente prohibida de manera masiva, su contenido provocó un rechazo generalizado al desafiar los cánones morales vigentes.

Otros casos más emblemáticos

En 1921, una sentencia judicial estadounidense declaró obsceno el texto de Ulises, de James Joyce, lo que condujo a su prohibición en el país y a que el Servicio Postal estadounidense incinerase ejemplares durante los años 20. No obstante, la obra se impuso finalmente como “una radiografía fiel de la conciencia humana ordinaria”, y pese a las críticas por sus partes “extremadamente aburridas”, terminó elevando la novela al nivel de la poesía y el drama.

El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, fue objeto de un sonado proceso por obscenidad en el Reino Unido. El fiscal llegó a preguntar en el juicio si era el tipo de libro que alguien querría que leyeran su esposa o sus sirvientes. La novela circuló tiempo después de manera subterránea, aunque finalmente se consideró como una parábola de la Inglaterra de posguerra y una de las obras más vigorosas e inspiradoras del autor, quien, aunque censurado y exiliado, demostró una energía difícil de igualar.

'El amante de Lady Chatterley', de D.H. Lawrence

La literatura estadounidense no ha estado exenta de conflictos similares. Las uvas de la ira, de John Steinbeck, se topó con acusaciones de comunismo y fue objeto de quemas y prohibiciones por parte de terratenientes. Sin embargo, en ella se destacaba la empatía hacia los migrantes y la capacidad del autor para retratar las tragedias y luchas de las familias desplazadas sin caer en la condescendencia.

De forma análoga, publicaciones como Rebelión en la granja de George Orwell fueron rechazadas por editores británicos y vetadas tras advertencias del Ministerio de Información ante el posible enfado de la Unión Soviética, cuando en realidad la intención del escritor era precisamente componer una contundente denuncia a la tiranía y la propaganda de los regímenes totalitarios.

'Rebelión en la granja', de George Orwell

El guardián entre el centeno de J. D. Salinger vivió en los años 80 una paradoja: mientras era el libro más censurado de Estados Unidos, también ocupaba el segundo puesto entre los más enseñados en institutos. En The New Yorker, S. N. Behrman remarcó el humor y el trasfondo trágico del personaje de Holden Caulfield, cuya mirada inocente confrontaba la complejidad y perversidad del mundo de los adultos.

Controversia, represión y el triunfo de lo prohibido

La persecución de la temática LGTBI también ha dejado su huella en la historia editorial. El editor estadounidense de La habitación de Giovanni, de James Baldwin, llegó a sugerirle que destruyera el manuscrito, al considerar que tratar la homosexualidad podría alienar a su audiencia. Granville Hicks, desde The New York Times, celebró la honestidad y destreza narrativa de Baldwin para abordar el dilema vital de su protagonista y la dificultad de amar.

En el caso de Lolita, la reacción fue especialmente virulenta. Se calificó la novela de “pornografía desenfrenada”, lo que llevó al Gobierno británico a ordenar la confiscación de todos los ejemplares. Orville Prescott publicó en The New York Times una crítica demoledora, tachando la obra de aburrida y repugnante, y lamentando la imposibilidad de tratar la perversión del protagonista sin caer en la obscenidad.

'Lolita', de Vladimir Nabokov

Obras de tono menos convencional, como Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, han sido objeto de expulsión de escuelas públicas estadounidenses tras considerarse “depravadas, inmorales, psicóticas, vulgares y anticristianas”. Sin embargo, la crítica de The New York Times destacó precisamente cómo Vonnegut, lejos de ceñirse a la cronología, construyó una historia imaginativa, divertida y conmovedora, incapaz de ser clasificada en género alguno.

La repulsa institucional también ha alcanzado ejemplos recientes. La legislación australiana exige que American Psycho, de Bret Easton Ellis, se venda solo a mayores de 18 años y con precinto, debido a su contenido violento y explícito. Jonathan Yardley, en The Washington Post, lo definió directamente como “un libro despreciable” y una obra “sucia”; pese a ello, la novela ha consolidado su posición en la literatura contemporánea.

Christian Bale como el protagonista de 'American Psycho'

Por último, la serie de Harry Potter, de J. K. Rowling, tampoco ha escapado a las llamas: en 2001, miembros de una congregación pentecostal en Pittsburgh participaron en una quema pública de los libros, a los que calificaban de “obra maestra de la decepción satánica”. Michael Winerip, que firmó la reseña en The New York Times, valoraba la profundidad y humanidad de los personajes, aunque apuntó algunos giros argumentales en los capítulos finales que consideraba forzados.

Por supuesto, no hay que olvidar el caso de Salman Rushdie, cuya novela Versos satánicos lo condenó al exilio después de que el ayatolá Jomeiní considerara el libro como blasfemo contra el Islam e instó a la ejecución del escritor a través de la ‘fatwa’, razón por la que en 2022 sufrió un intento de asesinato por el que casi pierde la vida.

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