Zamora, 1 abr (EFE).- La ciudad de Zamora, cuya Semana Santa está declarada de Interés Turístico Internacional y Bien de Interés Cultural, ha enmudecido este miércoles al anochecer, al jurar guardar silencio los más de dos mil cofrades de la Real Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias, postrados ante la imagen de este cristo en la plaza de la Catedral.
Arrodillados en una plaza que han abarrotado, los cofrades de túnica de estameña blanca y caperuza roja han guardado silencio también ante el obispo, Fernando Valera, después de que el sonido lúgubre de una melodía de violonchelo y la plegaria de uno de los hermanos hayan dado comienzo al tradicional acto con el que da comienzo la procesión del Silencio de Zamora.
En esta ocasión, en el desfile han participado testimonialmente como invitados por el centenario de su fundación integrantes de la Hermandad de Caballeros del Silencio de Nuestro Padre de Jesús Nazareno de Astorga (León), que han desfilado con su traje blanco con capa morada.
Al respecto, el presidente de la cofradía del Silencio de Zamora, Rufo Martínez de Paz, ha explicado a EFE antes del desfile que esa presencia se debe a las efemérides y al hecho de que esa hermandad leonesa se inspiró en la de Zamora en su fundación, justo un año después.
En la plegaria del juramento de silencio, el hermano de la cofradía Luis Felipe Delgado de Castro ha hecho alusión al regreso de los zamoranos en la diáspora cada Miércoles Santo para la procesión y se ha referido además al contexto internacional de conflictos bélicos y guerras.
"Unas difundidas y otras silenciadas, pero todas tan lejanas del amor que trajiste", para subrayar que algunas de esas guerras tienen su origen en "la ambición por desfigurar fronteras legítimas" y otras "alentadas por el fanatismo" y que buscan borrar religiones y creencias.
También ha hecho alusión a las mujeres que hasta hace unos años no habían podido desfilar en esta procesión y que defienden una "igualdad justa", y al olvido que en muchas ocasiones está sometida la provincia de Zamora y los pueblos condenados a la extinción.
Tras esa reflexión, el obispo ha pedido a los cofrades que guarden silencio y si así lo hacían durante el desfile "que Dios, por su gran amor, os lo premie, y si no, por su infinita misericordia, os lo perdone".
Tras ello, los cofrades han comenzado a desfilar por las calles del casco antiguo de Zamora en riguroso silencio, únicamente roto por los cascos de los caballos que van en la parte más avanzada del desfile junto a unos palafreneros, el sonido de los clarinetes y del tambor.
La procesión acompaña por las calles de Zamora al Santísimo Cristo de las Injurias, una imponente talla del siglo XVI que los últimos estudios atribuyen a Diego de Siloé, que desfila en una majestuosa mesa procesional pintada en pan de oro.
Por delante de él han procesionado dos pebeteros portados a hombros, uno con la forma de la cúpula de la Catedral de Zamora y otro, más pesado, de 1.160 kilos, en el que se reproduce la Torre del Salvador del templo mayor zamorano.
Este último ha cumplido en esta ocasión treinta años de su primer desfile procesional, ambientando la procesión con el incienso. EFE
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