Hay días en Cantabria en los que el tiempo no acompaña, y es entonces cuando la cuchara manda. El norte de España cuenta con excelentes cocidos, guisos y pucheros tradicionales, platos contundentes y llenos de historia que componen una parte fundamental de la gastronomía de sus pueblos y aldeas.
Precisamente en una de estas pequeñas aldeas, una que apenas supera la decena de habitantes, es donde encontramos uno de los restaurantes donde mejor cuchara se come de toda Cantabria, un negocio familiar que ha sobrevivido a base de cocina casera, buen producto y buenos precios.
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Mesón El Tropezón es el único restaurante de La Herrería, un pueblo de solo 10 habitantes perteneciente a la parroquia de Treceño, en el municipio de Valdáliga. Este diminuto rincón de Cantabria podría pasar desapercibido entre carreteras secundarias y montes verdes, pero, en cambio, recibe a visitantes, curiosos y foodies cada fin de semana. Tanto es así que este mesón familiar cuenta con espacio para hasta 50 comensales, una cifra que alcanza a menudo y que quintuplica la de los propios vecinos de la aldea.
Este mesón se ubica en una casa de piedra rústica, con vigas de madera y un ambiente cálido que hace al comensal sentirse como en casa. Además, cuenta con una terraza, especialmente concurrida en los meses de temporada alta. La propuesta gastronómica de El Tropezón gira en torno a la cocina tradicional cántabra y montañesa, con especial atención a carnes, guisos y productos de la zona.
Cocina montañesa en una aldea cántabra
Tanto su carta, con platos por alrededor de 10 o 15 euros, como su menú diario de 20 euros —disponible de lunes a viernes— reúnen buena parte del recetario que caracteriza a la cocina de montaña en Cantabria. El cocido montañés es sin duda el plato más identificativo de su oferta. Junto a él conviven clásicos de la zona como judías con almejas, carrilleras estofadas, el chorizo al vino o la morcilla encebollada.
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A este bloque de guisos se suman las carnes a la piedra, servidas en raciones generosas, como el filete a la plancha, el entrecot, la chuleta y el escalope de ternera. La cocina de caza aparece con recetas como estofados de venado y jabalí, mientras que el pescado aparece en elaboraciones como el bacalao con tomate, el bacalao con cebolla caramelizada y la merluza rebozada.
El apartado dulce sigue la misma línea de cocina casera que domina el resto de la carta. Aparecen el arroz con leche, el flan de huevo, la leche frita y la cuajada con miel, postres clásicos de la repostería popular que todavía se sirven en buena parte de los establecimientos de Cantabria y del norte peninsular.
Qué es el cocido montañés
Con las alubias blancas como base, este cocido cántabro cuenta con la berza como coprotagonista, un producto de la tierra que se encuentra principalmente en las temporadas de otoño e invierno.
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A la berza y la alubia se añade un compango compuesto de chorizo, costilla, morcilla y tocino procedentes del ‘matacíu del chon’, el nombre que recibe en Cantabria la matanza del cerdo. Aunque en cada casa existe un método de preparación, la morcilla de arroz y la de año, junto al chorizo y el tocino, son fundamentales en el guiso, así como el sofrito de aceite de oliva, ajo, cebolla y pimentón.
Se cree que el origen de este plato se remonta al siglo XVII y que se preparaba, en ese momento, para combatir el clima invernal húmedo y frío de la montaña cántabra. Sin embargo, en ese momento no existía el término que ahora utilizamos y a este cocido se le llamaba simplemente potaje.
Su nombre actual se debe a José Luis Herrero Tejedor, delegado de Turismo y director del Festival Internacional de Música de Santander, que, harto de no tener un plato regional atractivo del que presumir con los visitantes extranjeros, decidió bautizar este clásico plato de cuchara como ‘cocido montañés’.
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