Mantener la atención en el día a día se ha convertido en un reto para adultos, jóvenes y niños. Consultar el teléfono móvil a los pocos minutos de iniciar una tarea, saltar de una pestaña a otra en el navegador o perder el hilo de una conversación son situaciones habituales que muchos achacan a una supuesta incapacidad para prestar atención. Sin embargo, los profesionales de la salud mental coinciden en que es una habilidad que se moldea diariamente.
El psiquiatra Javier Quintero ha abordado este problema a través de un vídeo publicado en su cuenta de TikTok, donde analiza cómo la sobreexposición a estímulos digitales ha alterado nuestra capacidad de enfocar la mente. El especialista aclara que la falta de foco no es un problema innato ni un rasgo inamovible, sino la consecuencia directa de nuestras rutinas cotidianas.
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El especialista reflexiona sobre las dinámicas diarias que debilitan el foco mental: “Horas en redes, conversaciones que repites en tu cabeza, notificaciones que te desenfocan. Te distraes porque lo practicas todos los días”, advierte el psiquiatra. Para revertir esta inercia, Quintero subraya que “la concentración no es algo que tienes, es algo que tienes que entrenar”.
Para lograrlo, propone un método progresivo basado en la atención plena: elaborar una lista con las cinco tareas más importantes de la jornada e iniciar el proceso dedicándose a una sola de ellas cada día “con atención total, sin escaparte”. Una de sus recomendaciones para empezar es “lavarte los dientes prestando atención solo a lavarte los dientes”, para posteriormente analizar el resultado “sin excusas”, recordando que “la concentración es un músculo y cada día tú decides si lo fortaleces o lo debilitas”.
Cómo reeducar la mente en el día a día
En esta misma línea, la psicóloga Gloria Calderón López advierte en el portal Tu salud al día que “vivimos en un entorno que favorece la dispersión” y que la constante sobreestimulación termina generando fatiga mental. Según la psicóloga, intentar abarcar múltiples tareas simultáneamente resulta del todo contraproducente: “Sin energía no hay atención posible. El cansancio, la falta de descanso, la sobreestimulación o intentar hacer demasiadas cosas a la vez reducen drásticamente la capacidad de concentrarnos”.
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Para contrarrestar esta fatiga, los expertos recomiendan estructurar el espacio y los hábitos de trabajo. En primer lugar, resulta imprescindible aislar el teléfono móvil y silenciar las notificaciones mientras se realiza una tarea. Asimismo, aconsejan fijar objetivos hiperconcretos: en lugar de plantearse un ambiguo “voy a trabajar”, es más efectivo decidir “voy a redactar esta presentación”, acotando el margen para que la mente divague.
A estas medidas de organización se suman otros pilares clave para el rendimiento cerebral. El descanso nocturno figura entre los más determinantes, ya que la falta de sueño altera de forma directa en la toma de decisiones y el aprendizaje. Igualmente, la práctica regular de ejercicio físico, la hidratación constante y una alimentación variada aportan la energía necesaria para sostener el esfuerzo intelectual. La evidencia científica coincide en que el foco mental no se recupera con pastillas milagro ni soluciones rápidas, sino cuidando las condiciones diarias que hacen posible la concentración.
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