Almudena matriculó a su hija en un colegio de Madrid hace un año. La pequeña, de tres años, era alérgica al huevo y a la leche desde nacimiento, así que entró dentro del radar de la enfermera escolar del centro. “Nos pidió todos los informes y su medicación, para podérsela suministrar en caso de contacto o cualquier cosa que pudiera pasar”, explica la madre a Infobae. La presencia de la sanitaria les transmitía una gran tranquilidad, pero la vigilancia ha terminado este año: la enfermera que tanto les ayudaba ha desaparecido este mes de septiembre.
La hija de Almudena no será la única afectada: menos de la mitad de las escuelas en España cuentan con una enfermera escolar a tiempo completo, según un estudio del Consejo General de Enfermería (CGE) de España. Con la vuelta al cole, organizaciones profesionales y asociaciones educativas han pedido la implantación real de la enfermería escolar en el país.
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Mil enfermeras para seis millones de estudiantes
Según los últimos datos del CGE, en España existen 1.270 enfermeras escolares repartidas por los centros de todo el país. Equivale a ofrecer una sanitaria cada 6.300 alumnos, muy lejos de la media de la Unión Europea (una enfermera cada 750 alumnos) y de la demanda de padres, docentes y alumnos de tener, al menos, una enfermera en cada centro.
Ampliar el número de enfermeras escolares es complicado, explican desde el sindicato SATSE. “Hay mucha heterogeneidad en esta figura, con comunidades con una implantación tan baja que solo pueden encontrarse en colegios privados o concertados, pero de manera testimonial”, afirma la portavoz Paloma Repila.
“Hay una legislación propia en cada comunidad autónoma”, apunta la presidenta de la Asociación Madrileña de Enfermería Escolar (Amece), Itziar Ferragud. “En Madrid, por ejemplo, a demanda de las familias, está más instaurada en los centros públicos; en la Comunidad Valenciana, están en los centros de educación especial. Luego hay programas como el canario, el de Andalucía o el de Murcia, con una enfermera que cubre varios centros escolares a la vez”, describe.
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La Comunidad de Madrid es justamente la región donde más desarrollada está esta figura: la capital acumula el 45% del total de profesionales del sector, según datos del 2023. La legislación no las ofrece a todos los centros educativos, tan solo a aquellos en los que hay matriculados alumnos con patologías que requieran un seguimiento y medicación diarios, como la diabetes; y desaparece en cuanto el niño se gradúa o cambia de centro educativo. Esta directiva hace que la figura solo esté presente en el 22% de los colegios públicos y concertados.
Así ha ocurrido en el colegio al que acude la hija de Almudena: este alumno ha pasado ahora al instituto y, con él, también se ha marchado la enfermera. “Todos los papás y mamás que tenemos hijos o hijas con alguna dificultad sanitaria nos quedamos en una situación un poco complicada”, dice. “Al final, tienes que vivir con miedo a que a tu hijo o hija le pase algo”, lamenta.
Los docentes no están preparados
Estas familias son cada vez más numerosas: se estima que el 19% de los menores de 14 años conviven con algún tipo de dolencia crónica, lo que equivale a más de 1,3 millones de niños y niñas en España. A ello se le une el impacto de hábitos de vida poco saludables en una población ya de por sí vulnerable, como el sedentarismo, la alimentación inadecuada o el consumo de sustancias perjudiciales, como el tabaco o el alcohol.
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“La enfermera escolar está para todas las cuestiones de prevención y promoción que van a afectar a la totalidad de la población escolar, porque no todos están enfermos, pero sí que tienen posibilidades de estar enfermos o ser obesos, o tener conductas adictivas o etcétera”, describe Repila. Esta profesional apoya, además, en las labores de detección de problemas de salud mental, agrega la portavoz sindical.
Es una realidad para la que el cuerpo docente no está preparado. “Cada vez tenemos en las aulas más alergias, más intolerancias”, reconoce la maestra Ana Belén Torrijos. La madrileña, que lleva unas tres décadas en colegios de Educación Primaria, asegura que ni ella ni sus compañeros están preparados para “asumir todo lo que conlleva la gestión y el tratamiento de una enfermedad crónica”.
Tanto para la atención de patologías crónicas como para resolver incidentes, se trata de una figura que aporta tranquilidad a padres y profesores y que “se echa muchísimo de menos” cuando falta, dice Torrijos. “La enfermera está ahí para actuar cuando algo nos sobrepasa. Si un niño de tres años sufre una reacción alérgica, por ejemplo, siempre vamos a tener medicación de rescate, pero la enfermera tranquiliza. Al tener al profesional sanitario, la situación se aborda de otra manera”, explica.
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“Sin salud, un niño no aprende”, reivindica Ferragud, que insiste en que “cuando un menor tiene que ir a un centro escolar, debe poder atender las necesidades de salud, sea de manera crónica o de manera puntual”. Más allá de la atención de emergencias, la enfermera escolar aporta una educación sanitaria integral en los centros de salud. “No deja de ser un espacio de referencia para todo el alumnado, sea cual sea su situación de salud”, concluye.
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