Dos trimestres de crecimiento consecutivo muestran que Alemania deja ya atrás la recesión y el estancamiento tras duros años. Sin embargo, un análisis de Funcas sugiere que la reactivación no responde tanto a una recuperación orgánica de la competitividad alemana, sino que se trata de una decisión política deliberada: sustituir la austeridad por el gasto público masivo. “Tras sortear la recesión en el segundo trimestre, la principal potencia industrial europea está dando señales de reactivación, en consonancia con el plan de gasto militar y de inversión en infraestructuras instrumentado por el canciller Friedrich Merz”, apunta el reciente informe. Esa distinción es clave para entender qué tan sólida y duradera puede ser la mejora.
Según Destatis (el INE alemán), el PIB alemán creció un 0,4% en el primer trimestre de 2026 y un 0,3% en el segundo, con lo que la actividad quedó un 1% por encima del nivel de un año antes. Hay dos cuestiones clave a tener en cuenta para entender esta subida: el fondo especial de 500.000 millones de euros para infraestructuras y el salto del presupuesto de Defensa, de 62.400 millones de euros en 2025 a 82.700 millones en 2026. Ambos constituyen un estímulo fiscal calculado por el Instituto Ifo en casi 40.000 millones de euros adicionales solo para este año. “La evolución está impulsada por la demanda del Gobierno y el gasto financiado con deuda, en particular en el ámbito de la defensa”, resumió el economista Clemens Fuest en declaraciones a Deutsche Welle.
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Este matiz importa porque desplaza el eje del debate: no se trata de si Alemania creció, sino de qué tan sostenible es un crecimiento que depende en gran medida del gasto estatal financiado con deuda, analiza el citado medio alemán. Fuest, presidente del Instituto Ifo, sentenció que “para convertir esta evolución en un verdadero auge a largo plazo, necesitamos más”.
Beneficios por el cierre del estrecho de Ormuz
El impulso estatal no fue el único factor. Las exportaciones y la base industrial alemana contribuyeron de forma directa al repunte del PIB. El número de nuevos pedidos aumentó por tercer mes consecutivo y provocó el crecimiento de producción más fuerte desde comienzos de 2022. La VDMA, la asociación que representa a las empresas de maquinaria y bienes de equipo del país, informó de un incremento del 2% en los pedidos del exterior durante julio, en comparación con el mismo mes del año anterior.
Carsten Brzeski, economista jefe de ING, explicó al citado medio que las empresas manufactureras alemanas, en particular las de sectores intensivos en energía como la industria química, se beneficiaron del cierre del estrecho de Ormuz por el conflicto en Irán. Según Brzeski, esas compañías lograron arrebatar cuota de mercado a proveedores asiáticos más dependientes del petróleo de Oriente Próximo. “Los pedidos industriales se redirigieron en parte desde Asia hacia Europa”, explicó. El Ministerio Federal de Economía y Energía alemán confirmó ese factor en un comunicado de agosto y añadió que muchas empresas diversificaron sus cadenas de suministro en los últimos años, con mayores existencias en almacén y rutas de transporte alternativas para ganar resiliencia.
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Los institutos económicos revisan al alza sus previsiones
La mejora de los datos provocó una revisión generalizada de las proyecciones de crecimiento. El Instituto ifo elevó su previsión para 2026 del 0,8% al 1,4%, un ajuste que calificó de inusualmente fuerte para un período de pocos meses. El Instituto Kiel para la Economía Mundial y el Instituto Leibniz de Investigación Económica también proyectan ahora un crecimiento del 1,3% o superior para este año, mientras el Instituto RWI pasó del 0,8% al 1,3% y el Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW) elevó su cálculo al 1,2%.
El índice de clima empresarial del Instituto Ifo, un termómetro relevante del ánimo entre las compañías del país, alcanzó en agosto su nivel más alto en un año. “Esto es más que un fuego de paja”, dijo Fuest. “Podría ser un verdadero auge”, añadió. Con este ritmo, el crecimiento total de Alemania para 2026 se encamina a un aumento del 1,2%, por encima de otras economías europeas como Francia, Reino Unido y los Países Bajos.
El repunte no llega ni al consumo ni al empleo
Pero, pese al optimismo, varios indicadores muestran que la recuperación aún no se traslada a los hogares. El consumo privado permanece débil, principalmente por la inflación. El Instituto Ifo prevé una tasa del 2,8% para 2026 y del 3% para 2027, y calcula que no se acercará al objetivo del Banco Central Europeo (BCE) hasta 2028, cuando bajaría al 2,3%. El precio de la energía sigue siendo un riesgo: el nuevo repunte del conflicto en Irán encareció el petróleo y el gas, mientras los niveles extremadamente bajos de las vías navegables alemanas, como el Rin, perjudican a las industrias más dependientes del transporte fluvial.
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El mercado laboral tampoco refleja aún la mejora. El número de personas empleadas caería en promedio en 2026, de unos 45,88 millones el año anterior a cerca de 45,69 millones, según cálculos del Instituto Ifo. La tasa de desempleo se mantendría en el 6,3% este año, antes de bajar al 6% y al 5,4% en 2027 y 2028, respectivamente. Brzeski insistió en que el país “no vive un milagro económico 3.0” y que buena parte del ánimo actual responde a que las empresas alemanas por fin encaran verdades incómodas sobre su rezago en innovación y digitalización.
El coste fiscal de la recuperación ya es visible
El impulso estatal tiene un correlato directo en las cuentas públicas. El déficit de las administraciones públicas alemanas se situó en el 3% del PIB en 2025; el Instituto Ifo prevé que suba al 4% en 2026 y al 4,6% a partir de 2027. La deuda pública bruta, por su parte, pasaría del 62,7% del PIB en 2025 al 67,9% en 2028. Ese incremento del endeudamiento conecta con la advertencia que el presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, planteó sobre la necesidad de que Alemania preserve su solvencia crediticia a largo plazo: la deuda adicional resulta más sostenible si contribuye a elevar el potencial productivo del país, pero el desafío se complica si el efecto sobre el crecimiento se limita a los años en que el Estado gasta más.
Alemania produce por debajo de su capacidad instalada, lo que permite a las empresas aumentar la producción sin necesidad de ampliar de forma sustancial su capacidad total. Esa reserva sostiene el repunte actual, pero, según los cálculos del Instituto Ifo, el margen de expansión derivado de esa capacidad ociosa podría agotarse a mediados de 2027. A partir de entonces, el crecimiento resultaría más difícil de sostener, en momentos en que la oferta de mano de obra disponible se reduce por la evolución demográfica y la productividad avanza con lentitud.
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Por ese motivo, el propio instituto prevé que el crecimiento vuelva a caer al 0,8% en 2028, una desaceleración que sus economistas no interpretan como una contradicción, sino como la diferencia entre una recuperación cíclica y un crecimiento estructural sostenido en el tiempo.
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