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Renzo Solís, taxista nocturno en Barcelona: “Estás expuesto, no sabes si quien se sube atrás lleva un cuchillo o una pistola”

Un conductor de 33 años repasa cuatro años de jornadas nocturnas en la capital catalana entre el miedo a las agresiones, el deterioro del turismo y la brecha social

Renzo Solís, taxista nocturno en Barcelona. (Montaje)

Detrás del volante nocturno hay mucho más que un taxímetro corriendo: hay un testigo directo de las contradicciones de una ciudad que no duerme. Renzo Solís tiene 33 años, lleva catorce viviendo en Barcelona y cuatro dedicado de lleno al turno de noche, un empleo en el que su propio padre es su jefe. A lo largo de sus jornadas, Solís ha sido testigo de la transformación del entorno urbano y del perfil de quienes transitan sus calles a altas horas de la noche.

Tras cuatro años en el sector, en una reciente entrevista con el creador de contenido Fortfast, Solís ha relatado cómo ha cambiado la capital catalana. “En el sector del taxi se ha notado que el tipo de turismo que viene ahora es un turismo barato”, asegura el conductor. Solís matiza que, aunque el servicio está regulado por el ayuntamiento y sus precios son elevados, el taxi sigue siendo una opción recurrente durante la madrugada.

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De igual manera, el profesional presencia de cerca las conductas de ciertos viajeros que complican su labor diaria: “En la noche te suben los cuatro chavales que han venido de fiesta de farra con los colegas el fin de semana, que están hasta el culo de alcohol y cosas de dudosa procedencia, y te toca lidiar”. Una convivencia que en ocasiones deriva en situaciones desagradables dentro del vehículo: “Me vomitó y por más que limpias, el coche sigue apestando.

Taxis a la salida de una estación. (REUTERS/Bruna Casas)

La tensión no se limita únicamente al estado en que suben los pasajeros, sino también a las barreras culturales. Solís lamenta la falta de consideración de ciertos grupos de turistas que no hacen “ni el mínimo esfuerzo por hablarte ni inglés”, una actitud que choca con la de otros visitantes: “Hay mucha gente que se esfuerza por intentar aprender el español o el catalán”.

“Trabajar de noche te trastoca mucho el horario”

La rutina nocturna exige estar en una alerta constante ante la vulnerabilidad de compartir un espacio reducido con desconocidos. “Estás expuesto porque tú no sabes con qué intención se te sube la persona que tienes atrás. No sabes si lleva un cuchillo, no sabes si lleva una pistola”, advierte el conductor. Aunque su vehículo cuenta con cámaras de videovigilancia y un botón de pánico conectado directamente con la policía, la sensación de riesgo es continua: “Muchas veces toca calar a la gente desde antes de que ya te hayan levantado la mano”.

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Sin embargo, el taxi también funciona como un microsistema social donde se cruzan realidades socioeconómicas opuestas. Solís recuerda varios episodios de extrema vulnerabilidad económica que presencia de madrugada, como el de una anciana a la que recogió en el hospital y que fue contando cada céntimo para poder pagar el trayecto. De igual manera, rememora la angustia de una madre que llevaba a su hija de urgencias mientras la pequeña miraba fijamente el precio: “‘Mama, ya va por ocho euros’. La niña se preocupaba por cuánto iba marcando el taxímetro”.

Un taxista, imagen de archivo. (REUTERS/Nacho Doce)

Por contraposición, el conductor contrasta estas estampas con el lujo que también transita las calles barcelonesas. “Mujeres tope de pudientes de barrios altos de Barcelona, enjoyadas hacia arriba, que quieren que la dejes en la puerta y que te pagan sin mirar”, o el caso de clientes con un altísimo poder adquisitivo que se desplazan directamente hasta sus embarcaciones de lujo: “Una vez un tipo literalmente me llevó hasta la escalera de su yate”.

“Trabajar de noche te trastoca mucho el horario y vives a la contraria de la gente. Vas con muchas emociones y con muchas cosas de lo que vives en el taxi”, reflexiona Solís sobre la dureza psicológica de su labor. Aun así, el conductor asegura haber aprendido a marcar una frontera mental para proteger su bienestar personal: “He aprendido a diferenciar un poco lo que es el trabajo de cuando me bajo del taxi, que todo se quede allí y llegar a casa con la mejor de las actitudes, porque si no, al final te envejeces y te rayas mucho”.

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