La emergencia climática ha cambiado la forma de trabajar en algunas profesiones con el objetivo de proteger a los empleados de los efectos de las altas temperaturas. España ha sido un país pionero en implantar medidas que protegen contra las olas de calor, como ha explicado este miércoles la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz, a su homólogo francés, Jean-Pierre Farandou. Entre las medidas que España ha puesto en marcha figuran los permisos climáticos, las restricciones a determinados trabajos al aire libre durante las horas de mayor calor y la jornada laboral continua.
El encuentro, celebrado en Madrid, ha servido para que Francia conozca de primera mano una experiencia que empieza a cobrar especial relevancia a medida que aumentan las temperaturas en Europa. Díaz ha defendido que el impacto del cambio climático sobre el empleo ya no pertenece al terreno de las previsiones, sino que plantea problemas concretos para empresas y trabajadores. A su juicio, los planteamientos de la extrema derecha vinculados al “negacionismo climático” ya están teniendo consecuencias en el mundo laboral y obligan a buscar respuestas mediante el diálogo social.
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La ministra ha puesto el foco en la organización del tiempo de trabajo. Sobre la jornada intensiva de verano, una fórmula que el ministro francés ha valorado positivamente, Díaz ha señalado que está “muy estudiado” en toda Europa qué ocurre con la presencialidad y cómo cae la productividad a partir de determinadas horas del día.
“Esto las empresas lo saben mejor que nosotros. De hecho, hay muchísimas experiencias en Francia y en España en las que las empresas tienen prácticas buenas en ese sentido por intereses propios, porque les interesa mejorar la productividad”, ha incidido Díaz en declaraciones recogidas por Europa Press.
Flexibilidad de horarios
Díaz ha defendido una mayor flexibilidad en la distribución de las horas de trabajo, siempre dentro de acuerdos alcanzados entre las partes. Su propuesta pasa por adaptar los horarios a las circunstancias climáticas y productivas mediante un modelo “bilateral y flexible pactado entre empresas y trabajadores”. La ministra considera que este sistema tendría un doble beneficio: facilitar la conciliación de la vida laboral y familiar y, al mismo tiempo, favorecer el rendimiento de las empresas.
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La posición española ha despertado el interés de la delegación francesa, que ha llegado a Madrid acompañada por representantes empresariales y sindicales. Farandou ha explicado que Francia afronta una transformación climática que aproxima cada vez más sus condiciones a las que España lleva años experimentando. Existe una “evidencia de que Francia se está convirtiendo en España” en cuanto al aumento de las temperaturas, mientras que España “está acostumbrada al calor desde hace mucho tiempo” y tiene “en su ADN” la gestión de estas situaciones.
El ministro francés ha resumido el reto con una idea: “Madrid y España funcionan a 40 grados”. A su juicio, las altas temperaturas no implican necesariamente paralizar la actividad económica, sino modificar la manera de desarrollarla. “La respuesta no es detenerlo todo, sino adaptarse, transformarse”, ha reiterado Farandou, que ha situado como prioridad encontrar un equilibrio entre la continuidad de la actividad empresarial y la protección de quienes trabajan en condiciones especialmente expuestas.
Francia estudia la jornada intensiva española
Entre las medidas que más han llamado la atención del ministro francés se encuentra la jornada intensiva de verano. Farandou cree que adelantar o concentrar las horas de trabajo permite evitar los momentos de mayor exposición al calor y reducir los riesgos para la salud. Considera que “es una idea pertinente sobre la que podemos avanzar”.
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También ha defendido la necesidad de estudiar los llamados refugios climáticos como otra herramienta para proteger a los trabajadores ante episodios extremos.
Tras la reunión, Díaz y Farandou, junto a representantes sindicales y empresariales de ambos países, se han desplazado hasta las instalaciones de Adif en la estación de Atocha-Almudena Grandes, en Madrid. Allí han podido conocer ‘in situ’ cómo se gestionan las condiciones de trabajo al aire libre y cómo se desarrollan las obras de construcción en un contexto marcado por el aumento de las temperaturas. El sector de la construcción es uno de los que soporta una mayor exposición a las olas de calor.
El permiso climático de hasta cuatro días
España ha ido desarrollando durante los últimos años distintas herramientas para afrontar los efectos de los fenómenos meteorológicos extremos sobre el empleo. Una de las más destacadas llegó en 2024, cuando el país se convirtió, según el Ministerio de Trabajo, en “pionera” en la regulación de un permiso climático retribuido de hasta cuatro días al año.
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Este permiso puede activarse cuando se produce una catástrofe o existe un riesgo grave e inminente provocado por fenómenos meteorológicos adversos y no es posible acceder al centro de trabajo o desplazarse hasta él por las vías de circulación. La medida está vinculada al cumplimiento de las recomendaciones, limitaciones o prohibiciones de desplazamiento establecidas por las autoridades competentes.
Trabajo ha destacado además la vinculación de estos permisos a las alertas emitidas por las agencias oficiales de meteorología. Con estas medidas, el Gobierno pretende que la protección frente al calor extremo y otros fenómenos asociados a la emergencia climática forme parte de la organización ordinaria del trabajo y no dependa únicamente de decisiones puntuales de las empresas.
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