Hay árboles que embellecen cualquier jardín, dan sombra en verano y atraen vida silvestre, pero que plantados junto a una piscina pueden convertirse en un problema costoso y difícil de resolver. En ocasiones generan inconvenientes bajo tierra y en el agua. Pueden llegar a teñir el fondo, colapsan los filtros o perforan las tuberías en busca de agua. Tres especies muy comunes en jardines españoles entran en esa categoría.
La jacaranda es, quizás, el caso más paradójico. Su floración azul lavanda la convierte en uno de los árboles ornamentales más buscados para jardines y patios. Es muy apreciado por su sombra densa, atrae polinizadores como abejas y mariposas, y puede vivir más de un siglo. El problema aparece en el momento de máximo esplendor cuando las flores caen al agua de la piscina, tiñen el fondo de un tono morado que, si no se retira a tiempo, resulta difícil de eliminar. Sus raíces superficiales, además, pueden dañar pavimentos y estructuras cercanas. Los expertos recomiendan mantenerla al menos a 4,5 metros (15 pies) de cualquier estructura, y preferiblemente más.
Los pinos: doble problema bajo el agua
Los pinos presentan dos inconvenientes simultáneos. Uno es la pinocha que se acumula en el agua y colapsa los filtros de la piscina. A diferencia de las hojas grandes, las agujas son lo suficientemente finas como para superar las redes de los skimmers y llegar directamente a la bomba, donde pueden causar averías. El segundo problema es subterráneo porque el sistema de raíces del pino es expansivo y busca activamente fuentes de agua, lo que lo convierte en una amenaza real para las tuberías y los cimientos del vaso de la piscina.
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Con todo, los pinos tienen méritos indiscutibles en el jardín. Proporcionan sombra todo el año al ser de hoja perenne, actúan como cortavientos naturales y aportan un valor paisajístico y aromático que pocos árboles igualan. Su lugar ideal está lejos del agua, no junto a ella.
El chopo y su búsqueda incansable de humedad
El chopo revela su naturaleza con solo observar dónde crece de forma espontánea. Se desarrolla mejor siempre junto a barrancos, ríos y zonas húmedas. Sus raíces no buscan el agua por casualidad; es un comportamiento estructural de la especie. Plantado cerca de una piscina, ese instinto puede traducirse en raíces que perforan tuberías, agrietan el hormigón del vaso o levantan el pavimento del entorno. Varios estudios sobre daños en piscinas privadas identifican a los chopos y álamos entre los árboles que con mayor frecuencia provocan roturas en la red de saneamiento y en las estructuras de los vasos enterrados.
Eso no significa que el chopo sea un árbol sin valor. Al contrario, su crecimiento rápido, su copa alargada y su capacidad para arrojar sombra oblicua lo hacen muy útil como pantalla visual o cortavientos en fincas y jardines amplios. El problema no es el árbol en sí, sino su proximidad al agua.
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Una regla general para elegir bien
Antes de plantar cualquier árbol cerca de una piscina, conviene valorar dos factores: la extensión de sus raíces y la cantidad de residuos que genera. Los árboles con sistemas radiculares expansivos, como los chopos, los pinos o los sauces, buscan activamente la humedad y pueden alcanzar las tuberías aunque estén plantados a varios metros de distancia. Los que producen flores pequeñas, agujas o semillas ligeras añaden un problema adicional: sus residuos sortean los sistemas de filtración y sobrecargan la maquinaria.
La distancia mínima recomendada entre un árbol de raíces agresivas y el vaso de la piscina es de entre 3 y 5 metros, aunque algunos especialistas en paisajismo elevan esa cifra a 6 metros para especies como el chopo o el pino en suelos húmedos. Si la duda persiste, la consulta con un arborista o paisajista antes de plantar puede evitar reformas de mayor coste en el futuro.
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