Probablemente te ha sucedido alguna vez, estás contando algo a otra persona sobre un tema que te entusiasma y, en vez de mirarte fijamente demostrando que está prestando atención a cada detalle de lo que dices sobre ese tema que tanto te interesa, no te deja terminar una frase y ya está opinando o cuestionando eso que hablas.
Esta característica se manifiesta en distintos ámbitos de la vida cotidiana. En el entorno laboral, por ejemplo, algunos compañeros interrumpen de manera frecuente durante las reuniones, lo que dificulta la exposición ordenada de ideas, genera frustración en el equipo y puede afectar la toma de decisiones. En el ámbito familiar, la tendencia a interrumpir vuelve complicado el diálogo y entorpece la posibilidad de llegar a acuerdos, ya que quienes participan en la conversación pueden sentir que sus opiniones no son escuchadas o valoradas.
Así, la psicología ha estudiado las razones por las que ciertas personas interrumpen al hablar y concluye que no se trata de una cuestión de mala educación, sino de una mente acelerada cuyo cerebro opera a mayor velocidad que el ritmo de la conversación.
PUBLICIDAD
Qué significa este acto
La mentora y coach especializada en gestión del enfado, Sonia Díaz, matiza que en muchas ocasiones el motivo es otro: “La mayoría de las personas no interrumpen porque sean maleducadas, sino porque su cerebro va más rápido que la conversación”. Según indica esta experta, nuestro cerebro está continuamente utilizando lo que ya sabe para anticipar lo que va a ocurrir, algo que resulta positivo en ciertas situaciones, puesto que permite reaccionar con rapidez ante amenazas, reconocer caras fácilmente o leer de manera más fluida.
No obstante, cuando este mecanismo aparece durante las conversaciones, puede resultar negativo, puesto que hace que también tengamos menos interés al estar convencidos de cómo termina la historia. “Muchas interrupciones empiezan unos segundos antes de abrir la boca, empiezan en el momento en que creemos que ya lo hemos entendido todo”, incide Díaz.
A pesar de que la escucha parece un ejercicio sencillo, la realidad es que es más complejo de lo que creemos, puesto que implica mantener la atención, reconocer el pensamiento, frenar las ganas de responder o aceptar que nos falta información y hacer una pausa. “Solemos dejar de escuchar cuando creemos que ya conocemos la respuesta, cuando pensamos que hemos encontrado una solución o cuando sentimos la necesidad de compartir nuestra propia historia”, matiza la coach.
PUBLICIDAD
Por qué las personas interrumpen a otras al hablar
Diversos expertos identifican causas emocionales y cognitivas que explican la tendencia a interrumpir en una conversación. Entre ellas se encuentran la impulsividad y la ansiedad, que llevan al cerebro a procesar rápidamente las ideas y a expresar pensamientos por temor a olvidarlos si se espera demasiado.
Otra de ellas es el exceso de entusiasmo, que impulsa a intervenir por interés genuino, alegría o el deseo de participar activamente en el diálogo. Y, además, la anticipación mental hace que la persona crea comprender el mensaje antes de que el interlocutor finalice su intervención, lo que motiva la interrupción.
Asimismo, también hay una necesidad de control y ego detrás de este comportamiento. Destaca un dominio y poder porque se busca dirigir el rumbo de la charla y validar la propia autoridad o conocimiento por encima de los demás. A esto se suma que la persona antepone su discurso para asegurarse de no mostrar ignorancia o para acaparar el protagonismo, demostrando inseguridad y egocentrismo. Incluso, puede representar algo aprendido en la infancia pues se creció en entornos familiares muy ruidosos donde hablar requería interrumpir para ser escuchado.
PUBLICIDAD