La reconstrucción de la confianza después de una traición en la pareja suele analizarse como un proceso inmediato y centrado en los hechos concretos. Sin embargo, existen enfoques que plantean una mirada más profunda sobre el impacto de la mentira y las posibilidades de recomponer el vínculo. En este contexto, el psicólogo Fran Sánchez aborda el tema desde una perspectiva centrada en la imagen moral que queda del otro tras el daño
Fran Sánchez (@minddtalk) sitúa la confianza, la pareja y la mentira en un terreno menos inmediato de lo que suele asumirse: recomponer una relación tras una traición no depende solo de hablar de lo ocurrido, sino de rehacer la imagen moral que queda del otro.
El psicólogo sostiene que “recuperar la confianza no consiste únicamente en tratar y resolver lo que ocurrió”, sino que “consiste, sobre todo, en reconstruir la imagen que nos queda de la otra persona después del suceso”.
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Lo que revela el acto
La tesis de Sánchez es precisa: una pareja puede abordar la traición, escuchar explicaciones, aceptar la responsabilidad y hasta conceder una nueva oportunidad, y aun así no lograr restablecer la confianza si el episodio encaja con una forma de actuar previa. El problema no sería solo el hecho concreto, sino lo que ese hecho confirma sobre quién se cree que es la otra persona.
Según ha explicado, la ruptura de la confianza “no solo se rompe por una acción”, sino también “por lo que esa acción nos dice sobre quién creemos que es nuestra pareja”. Ahí desplaza el foco desde el incidente aislado hacia el carácter percibido, que es el que termina condicionando si la relación puede recomponerse o no.
El psicólogo ilustra esa idea con un caso frecuente: descubrir una mentira, hablarla, entender parte de los motivos, recibir una petición de perdón y decidir seguir adelante. Incluso en ese escenario, advierte, “por desgracia, no siempre” basta con eso.
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La diferencia, según Sánchez, está en el historial que sostiene la relación. Si la persona afectada lleva tiempo viendo que su pareja “miente con facilidad”, que justifica la mentira cuando le beneficia, que esquiva las consecuencias de sus actos o que evita el conflicto “recurriendo a lo que sea necesario”, el engaño deja de ser un tropiezo aislado.
En ese caso, afirma Sánchez, “ese error termina de confirmar una idea que ya llevaba tiempo formándose en mi cabeza sobre quién es realmente esa persona”. La consecuencia es una expectativa de repetición: “si algún día vuelve a sentir que mentir le conviene, probablemente volverá a hacerlo”. Desde esa percepción, añade, “es muy difícil recuperar la confianza”.
La lógica cambia cuando la conducta anterior apuntaba en la dirección contraria. Si la pareja ha sido sincera de forma constante con la persona afectada, con su familia y con sus amigos, y además ha afrontado las consecuencias de sus actos antes que esconderse tras una mentira, el episodio puede leerse de otra manera.
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La conducta sostiene la confianza
Sánchez sostiene que en ese segundo supuesto resulta “muchísimo más fácil asumir sus explicaciones e interpretar lo sucedido como una excepción, como un error puntual y no como una confirmación de quien creo realmente que es esa persona”. Para el psicólogo, ese cambio de lectura “facilita enormemente reconstruir la confianza”.
El matiz que introduce Fran Sánchez es que una imagen deteriorada de la pareja no condena de forma automática la relación. La confianza puede reconstruirse, pero no a partir de una declaración de intenciones ni de una promesa de cambio formulada tras el daño.
Su advertencia es tajante: “Se puede, por supuesto que sí. Pero no porque la otra persona simplemente diga que ha cambiado, sino porque con el tiempo ves que actúa de forma diferente”. Ese cambio, precisa, debe apreciarse “no solo contigo, sino con el resto de personas y situaciones de su vida”. La prueba no está en el discurso, sino en la conducta repetida.
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Sánchez enumera esa transformación con hechos concretos: “que deja de mentir también a los demás, que empieza a afrontar los problemas en lugar de evitarlos, que empieza a asumir las consecuencias de sus actos y que de forma consistente y en general empieza a actuar con una actitud distinta”. El psicólogo añade que, después del error, ese proceso debe ir acompañado de acuerdos, cambios concretos y tiempo.
Su idea de fondo, que reaparece al final de su explicación, es que “recuperar la confianza no consiste solo en trabajar sobre una acción” y que “la reconstrucción de la imagen que tienes de la otra persona es la base sobre la que gira todo lo demás”. Mientras esa imagen no cambie, concluye Sánchez, “es muy difícil dejar atrás lo sucedido, por mucho que se haya hablado o tratado”.