Ni tofu ni aguacate: este es el cultivo del futuro que puede producir más alimento que cualquier cereal en las mismas condiciones

Aunque en España la producción de patata muestra una ligera tendencia descendente, Finca Va Da Jú se posiciona como un ejemplo a seguir para revertir la situación

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Cultivos de patatas. (EFE/ Bienvenido Velasco)

Cuando pensamos en alimentos saludables, las patatas rara vez encabezan la lista. Sin embargo, este humilde tubérculo merece un lugar destacado en nuestras mesas, no solo por su versatilidad en la cocina, sino también por los beneficios nutricionales que ofrece.

Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, la producción de patata fresca de consumo muestra una ligera tendencia descendente en los últimos diez años, como consecuencia de un mayor retroceso de la superficie sembrada en relación a los incrementos registrados en el rendimiento del campo. Con aproximadamente 2,15 millones de toneladas, el cultivo se concentra fundamentalmente en la patata de media estación y en la patata tardía, representando ambas el 76% del total.

Sin embargo, al otro lado del charco, Finca Va Da Jú, una empresa familiar argentina ubicada a pocos kilómetros de Mar del Plata, se ha convertido en un ejemplo de producción de patata, el “cultivo del futuro” que puede producir más alimento que cualquier cereal en las mismas condiciones.

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La patata como el cultivo del futuro

La patata se considera el cultivo del futuro por su alta productividad, ya que produce una gran cantidad de alimento en poca superficie, entre 65 y 70 toneladas por hectárea, y en un ciclo de cultivo corto, de entre tres y cinco meses. Además, aporta carbohidratos, vitamina C, potasio y fibra, lo que la convierte en uno de los superalimentos, tan afamados en los últimos tiempos.

Un hombre trabaja en un almacén de patatas. (Europa Press / Carlos Castro)

Su potencial aumenta cuando se cultiva bajo principios de agricultura regenerativa, un modelo que apuesta por mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y optimizar el uso del agua mediante prácticas como la rotación de cultivos o el uso de cubiertas vegetales. Estas técnicas, junto con el desarrollo de variedades más resistentes al calor y a las enfermedades, contribuyen a que la patata sea un cultivo más sostenible y mejor preparado para afrontar los desafíos del cambio climático.

La historia de la Finca Va Da Jú

Durante un encuentro organizado por McCain, líder mundial en elaboración y venta de patatas prefritas supercongeladas, hemos podido conocer la historia de Finca Va Da Jú. “Han sido varios años haciendo buena patata, bien elegida, bien trabajada y bien enviada. Mandábamos mucha patata fresca al norte y a Buenos Aires. Después empezaron los contratos con McCain y así hemos ido creciendo sucesivamente hasta llegar a producir hasta 30.000 toneladas al año entre patata fresca, semilla y patata para industria", ha repasado Gerardo Di Yorio, el máximo responsable de la empresa.

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También ha destacado el rol que tuvieron sus hijos para el crecimiento de la empresa. Y el acompañamiento de un gigante como McCain: “El ingeniero Pablo Bisio, de McCain, ha terminado convirtiéndose casi en un integrante de la familia. Empezó a visitarnos por los contratos con McCain, para evaluar la producción, y ha terminado siendo una persona muy importante para nosotros".

Un tractor de siembra se repone con semillas. (REUTERS/Shannon Stapleton)

Así, Daniel Di Yorio, segunda generación de la empresa, ha destacado: “Empezamos con cultivos de hortalizas, con mi padre y mi madre, y fuimos mutando hacia la patata. Hace unos 18 o 19 años que cultivamos patata y empezamos a trabajar con McCain. Fuimos creciendo de la mano de McCain, de la tecnología y del aumento de la superficie. Actualmente trabajamos unas 900 hectáreas y hoy nos dedicamos 100% a la patata".

La experiencia de Finca Va Da Jú y la familia Di Yorio muestra que, lejos de las tendencias pasajeras, la patata se ha consolidado como un pilar fundamental para la seguridad alimentaria y la innovación rural. Por el momento este caso se centra exclusivamente en Argentina, pero inevitablemente puede plantearse como un incentivo para que el futuro de la producción de alimentos pueda apoyarse en cultivos tradicionales, siempre que se combinen con tecnología, financiamiento y un enfoque ambiental responsable.