Detrás de un siglo de vida hay miles de historias: la de Giorgio Cordella está hecha de helados, viajes, bicicletas y reuniones familiares. El italiano, nacido en Val di Zoldo y perteneciente a una larga saga de heladeros, acaba de soplar las velas de su 100 cumpleaños rodeado de los suyos y convencido de que la fortaleza heredada de su madre y una vida siempre en movimiento han sido dos de las claves para llegar hasta esta edad con vitalidad.
Cordella creció en una zona del norte de Italia estrechamente ligada a la tradición del helado, donde este oficio forma parte de la identidad de muchas familias. En su caso, la elaboración de helados no fue simplemente una profesión, sino una herencia transmitida durante generaciones.
“He llegado a los 100 años gracias a la fuerza de mi madre”, aseguró durante una entrevista con el medio italiano Qdpnews. Y es que la longevidad forma parte de la historia familiar de Cordella: su madre vivió hasta los 108 años y varios de sus tíos maternos superaron también el siglo de vida. Una herencia que, junto a sus costumbres y una actitud siempre activa, parece haberle acompañado hasta alcanzar su centenario.
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Una vida entre helados, viajes y deporte
Aunque desde 1967 vive con su familia en Conegliano, la historia de Giorgio Cordella también está ligada a los años que pasó fuera de Italia. Como muchos trabajadores de su generación, buscó nuevas oportunidades lejos de su tierra natal. Su primera parada fue Holanda, donde conoció a Maria Teresa Borsoi, originaria de Corbanés, quien se convertiría en su compañera de vida.
Juntos continuaron su camino en Viena y, más tarde, en Alemania, donde regentaron una heladería a orillas del lago de Constanza. Fueron años de esfuerzo y trabajo, pero también de construir una familia. De aquella etapa nació su hija, Marilisa, y con el paso de los años llegaron sus nietos, Giovanni y Federico Migotto, quienes hoy forman parte de los recuerdos que acompañan a Giorgio en su centenario.
La actividad física ha sido otro de los grandes pilares de su vida. Según explica su hija Marilisa, su padre siempre tuvo una personalidad inquieta y nunca entendió la jubilación como una etapa para quedarse parado. “Mi padre siempre ha sido una persona muy activa. Cuando se jubiló, dedicaba mucho tiempo a montar en bicicleta de carretera y, a los 80 años, incluso se compró un Golf nuevo”, contó al medio italiano.
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Durante años también mantuvo una de sus grandes aficiones: el esquí. Hasta la llegada de la pandemia de COVID-19, seguía practicándolo con frecuencia e incluso llegó a comprarse un equipo nuevo para continuar disfrutando de la nieve. Para él, cumplir años nunca fue una razón para renunciar a las actividades que le hacían sentirse bien.
Su secreto para mantenerse activo también está en los pequeños gestos cotidianos. Su hija Marilisa recuerda una de sus rutinas más arraigadas: “Siempre ha tenido la costumbre de ir al bar a tomar un café y un croissant”. Además, cuenta que cuando ya no pudo salir en bicicleta por su cuenta, buscó una alternativa y se compró una bicicleta estática que “le encanta”. Una nueva forma de mantenerse en movimiento y conservar un estilo de vida que le ha acompañado durante décadas.