Lamine Yamal ha sido noticia en los últimos días por sus actuaciones dentro y fuera del campo. A sus 19 años, es una de las estrellas de la selección española y cuenta con decenas de millones de seguidores en sus redes sociales.
A pesar del gran rendimiento de La Roja en el Mundial, el futbolista ha acaparado la atención mediática por los extravagantes colgantes que ha llevado en las diferentes ruedas de prensa y durante los calentamientos previos al partido.
Sin embargo, no es la única celebridad que apuesta por este tipo de complementos. Otro famoso que ha convertido la joyería llamativa en una de las señas de identidad de su estilo es Bad Bunny, que suele lucir collares y otras piezas de lujo en sus apariciones públicas.
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Más allá de su valor económico o estético, las joyas se han convertido en una forma de proyectar una determinada imagen y reforzar la identidad personal. De hecho, la elección de piezas llamativas no suele responder únicamente a una cuestión de moda, sino que también puede transmitir determinados rasgos de personalidad.
Qué dice la psicología sobre las cadenas ostentosas
Aunque pueda parecer una simple cuestión de estilo, la psicología sostiene que la elección de determinadas joyas también puede reflejar aspectos de la identidad y de la forma en la que una persona desea relacionarse con los demás. Los especialistas coinciden en que no existe un tipo de accesorio capaz de definir la personalidad por sí solo, pero sí puede ofrecer pistas sobre cómo alguien quiere proyectar su imagen.
En el caso de las cadenas de gran tamaño o con diseños llamativos, su uso suele asociarse a una mayor necesidad de expresar individualidad, diferenciación o estatus. En ámbitos como la música o el deporte de élite, además, este tipo de piezas se ha convertido en un símbolo de éxito y reconocimiento, por lo que quienes las llevan pueden proyectar una imagen de confianza y seguridad.
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Sin embargo, elegir un collar concreto no siempre responde a criterios estéticos o a las tendencias del momento, sino que también puede ser una forma de reforzar la autoestima y ganar seguridad.
Por otra parte, hay expertos que aseguran que se puede desarrollar un vínculo emocional con estas piezas. Un colgante, una cadena o un anillo pueden representar una historia personal, un logro o un recuerdo importante, convirtiéndose en un elemento con un significado que va mucho más allá de su valor económico.
No obstante, Martín insiste en que llevar joyas llamativas no implica necesariamente tener una personalidad concreta. Del mismo modo, quienes prefieren no utilizar ningún tipo de complemento tampoco reflejan una falta de interés por la imagen. En muchos casos, simplemente priorizan la comodidad, la funcionalidad o un estilo más minimalista.
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La percepción que generan estos accesorios también depende del contexto social y cultural. Mientras que en algunos entornos las cadenas de gran tamaño se interpretan como un símbolo de éxito o poder adquisitivo, en otros pueden entenderse como una forma de reivindicar un estilo propio o de romper con las normas estéticas tradicionales. Por ello, un mismo complemento puede transmitir mensajes muy diferentes dependiendo del contexto y la persona que lo observe.